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sábado, 15 de octubre de 2016

La ética social y política, y su realidad en el país

Introducción
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Por Ramón Antonio VerasAbordar el tema de la ética lo creemos propicio por el estado de descalabro ético y moral que en todos los órdenes se encuentra hoy la sociedad dominicana. Hacer referencia a la ética social y política sirve para llamar la atención de grupos que aquí consideran que ya no existe la ética como ciencia que trata sobre la moral, como una forma de la conciencia social. La ética debemos asimilarla porque sirve como guía de comportamiento en el seno de la sociedad.

Lo social se refiere a la vida de las personas, a la actividad de las clases sociales, al régimen económico y político, y otros fenómenos semejantes; mientras que la política es la actividad de las clases sociales, de sus partidos y agrupaciones; labor de los organismos del poder estatal y del gobierno, determinada por sus intereses y objetivos, en correspondencia con el régimen económico social del país.

I.- La ética y las diferentes clases sociales. La sociedad dominicana en crisis

1.- Hablar de la ética entraña referirse a la formación de un ente social, y para mencionar a ese ser humano debemos tomar en consideración: a) la sociedad donde se formó; b) el círculo familiar de donde proviene; c) la incidencia de sus padres en la formación de su carácter y, d) su comportamiento en la sociedad en la cual acciona. 

2.- Las normas morales y éticas abarcan la conducta de las personas no sólo en el marco de la vida privada, sino en todo el comportamiento del individuo respecto a las demás personas y a la sociedad. Los postulados de la moral y la ética han de ser parte integrante de las convicciones personales; rasgos de su carácter, las normas que rigen los actos de su vida. 

3.- Así, tenemos que las dominicanas y los dominicanos, en apariencia, nacen iguales, pero no puede decirse lo mismo después que entran a formar parte de la sociedad, porque no tienen la misma ubicación social. No existe plena homogeneidad social. En el país, las diferencias sociales y de clase se manifiestan en cualquier actividad u oficio, lo que permite comprobar que el comportamiento reviste carácter diferente entre uno y otro grupo. 

4.- Las diferencias sociales llevan a la población dominicana a no asumir de igual forma los principios sobre los cuales descansa el ordenamiento social vigente, su sistema económico, el estilo de vida, su cultura, moral y ética.

5.- Para comprender la conducta de la generalidad de los dominicanos y dominicanas, debemos tomar en consideración el cuadro que presenta en la actualidad el ordenamiento económico y social bajo el cual vivimos, así como la influencia del organismo familiar en el desarrollo de los niños, y la formación de su carácter; la integración del padre a la formación del hijo; el papel de la escuela. Estos factores nos obligan a pensar que lejos de ser solamente un elemento el que incide en el desarrollo de la ética son varios. 

6.- En la medida que se agrieta la sociedad, en ella hacen acto de presencia fenómenos sociales nocivos que van desde el individualismo, pasando por el egoísmo hasta llegar a la corrupción en toda su extensión, como está ocurriendo aquí ahora. 

7.- En el comportamiento de una persona se destaca la influencia de los padres, la escuela y los profesores; las instituciones del Estado, en fin, todo un conglomerado social que, aunque se define en forma aislada, representa una parte de un todo, de lo que será la forma de proceder de un hombre o una mujer en sociedad. La conducta de muchos políticos dominicanos y dominicanas es la expresión de la sociedad dominicana enferma.

II.- El pueblo dominicano merece ser dirigido políticamente con sentido ético social
8.- Las relaciones del individuo con la sociedad, la combinación del interés personal y el social ha sido siempre el problema principal de la moral. Estos vínculos tienen su origen en determinados procesos económicos y sociales que son un aspecto de ellos, y dejan su impronta en toda la vida del ser humano.

9.- Una comunidad caracterizada por su probada vocación de nobleza e integridad, demuestra estar compuesta por hombres y mujeres virtuosos, llenos de probidad; sólo sirven para hacer el bien, dar ayuda, ir en auxilio de quien lo necesita y prestar la oportuna atención al necesitado.

10.- Pero la bondad del pueblo dominicano no ha sido correspondida con sentido ético y social por los sectores, clases y capas sociales que históricamente lo han gobernado, y un ejemplo concreto es el accionar político de esos grupos en los últimos. Los hechos son los hechos y no se derriten; la realidad es la más fiel expresión de la verdad. 

11.- Así, por ejemplo, ha sido una preocupación constante del pueblo dominicano, la vigencia de un Estado de derecho que tenga como soporte una Constitución política que recoja sus más legítimas aspiraciones, pero todo no ha sido más que un deseo. 

12.- Desde su proclamación, el día 6 de noviembre de 1844, en el cumpleaños de la instauración de la Constitución política dominicana, los beneficiarios del sistema acostumbran a rendirle homenaje, y aunque están conscientes de que ese documento recoge en el orden teórico amplias aspiraciones del pueblo en lo económico y social, la realidad pone en evidencia que la existencia de derechos y libertades no depende de que estén estampadas en un documento, sino de que formen parte del modo de gobernar, lo que se traduce diciendo que depende no del instrumento normativo constitucional, sino del sistema, del ordenamiento político existente.

13.- A la Constitución se le puede hacer homenaje, llevarle flores a San Cristóbal y los funcionarios pronunciar discursos en la Puerta del Conde, pero su aplicación real y efectiva no refleja el contenido de las prerrogativas en ella consagradas. Lo que ocurre con la Constitución dominicana nos enseña que ella es utilizada como un instrumento político-jurídico, y que las clases sociales no se mueven por abstracciones de museo, por festividades ni por fechas patrias, sino por intereses muy particulares, y ven la Constitución como algo muy suyo manejado a sus conveniencias coyunturales. 

14.- En lo ético, político y social, los pueblos resultan favorecidos con los cambios instrumentados a sus cartas magnas cuando las modificaciones son posibles, no por factores circunstanciales, sino por el nivel de desarrollo de la lucha social y política llevada a cabo en el seno de la sociedad, por el impulso de un movimiento popular, por el ascenso de las acciones de masas con sentido político y contenido social. 

III.- Políticos que dañan la política en nuestro medio
15.- La actividad política apegada a la ética es bella cuando es llevada a la práctica por personas sensibles, de nobles sentimientos; con la limpieza como norma de comportamiento. La belleza convierte esa acción en motivación que mueve a causas justas.

16.- En el mosaico político del país hay personas sanas y podridas, honestas y deshonestas, sucias y limpias, serias y sinvergüenzas, pervertidas y virtuosas. Aparecen de todas las calañas, calamitosas y afortunadas. Pero la realidad es que las que sobresalen son las peores, inservibles, funestas, dañosas, perjudiciales, que con su proceder infectan el medio social.

17.- Precisamos del ser humano virtuoso que abrace la política para elevarla, impregnarle bondad, honestidad e integridad. Para hacerla virtuosa con personas con dignidad, probidad y capacidad para atraer a quienes reúnen condiciones para servir a los demás.

18.- El accionar político sano sólo puede ser obra de quienes ponen por delante lo que conviene a los demás, a la sociedad, y no lo propio; el individualismo, el egoísmo. La base para hacer política en beneficio de la generalidad de la población está en la formación del actor político, que es quien va a ejecutar lo que piensa, a materializar sus ideas. La actitud ante la vida define al ser humano.

19.- Muchas veces los políticos de nuestro país olvidan que para servir de ejemplo de decencia y honradez a los demás, para atraer a otros a identificarse con una idea, hay que predicarla con el ejemplo, sirviendo de modelo de lo que se está exponiendo. No se puede sermonear una cosa y practicar otra. La coherencia se impone entre lo que decimos y aspiramos alcanzar.

20.- Sería saludable que aquellos que inciden en la política nacional dominicana desde los partidos tradicionales, cambien de proceder y acojan la idea de que la coexistencia de un ejercicio privado y público deben estar ligados en una persona que haga de la política una actividad con sentido social. Sólo quien exhibe una conducta ciudadana apegada a la ética y a la decencia hace aporte positivo al quehacer político.

21.- En los círculos políticos dominicanos las acciones deshonestas generan repugnancia a las personas limpias, honestas y de correcto proceder. Algunos vinculados con partidos de negocios, han olvidado que para la política ser vista como una actividad decente, tiene que tener como artífice a hombres y mujeres que hayan demostrado ser limpios en su proceder; sólo quien ha actuado con limpieza tiene calidad para contribuir a higienizar la sociedad. Para asear hay que estar aseado, haber dado demostración de pulcritud en sus actos privados y públicos, laborales y profesionales.

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