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Para los interesados en el tema y los olvidadizos de sus hechos, aquí están para consultar múltiples artículos escritos por diversas personalidades internacionales y del país. El monopólico poder de este tirano con la supresión de las libertades fundamentales, su terrorismo de Estado basado en muertes ,desapariciones, torturas y la restricción del derecho a disentir de las personas , son razones suficientes y valederas PARA QUE NO SE REPITA SU HISTORIA . HISTORY CAN NOT BE REPEATED VERSION EN INGLES

domingo, 25 de junio de 2017

Saludos fascistas: tolerados en España, delito en Alemania e Italia

SÁBADO, 24 DE JUNIO DEL 2017 - 15:32 CEST

Roger PascualROGER PASCUAL


















Roger Pascual
El Estado alemán pagó, entre el 2000 y el 2003, 150.000 euros a la Fundación Adolf Hitler. Un exministro de Justicia, que no incluyó la apología del fascismo como delito en la reforma del Código Penal, asistió al funeral de su suegro, un exdirigente nazi, en el que se hicieron saludos fascistas, se cantó el hinmo nazi y se lanzaron vivas a Hitler. La mujer del exministro escribió una carta en la que afirma que tiene la "intención de seguir haciéndolo y de defender a los que lo hagan".
La fundación dedicada al 'führer' no existe y nada de lo anterior ha pasado en suelo alemán, pero si cambiamos Hitler por Francisco Franco, esta es la realidad en España. Mientras que enItalia Alemania hacer el saludo fascista es un delito, la legislación española da barra libre a la exhibición de símbolos de la dictadura. José María Aznar financió a la Fundación Francisco Franco yAlberto Ruiz-Gallardón fue testigo de la glorificación del franquismo en el funeral de su suegro, el ministro franquista José Utrera-Molinahomenaje que la esposa de Gallardón reivindica.
Cuando era ministro de Justicia, Gallardón impulsó la reforma del Código Penal, que en el artículo 18 señala que "la apología [de ideas o doctrinas que ensalcen el crimen o enaltezcan a su autor] solo será delictiva como forma de provocación y si por su naturaleza y circunstancias constituye una incitación directa a cometer un delito". Es decir, vitorear a Franco, su régimen del terror o hacer el saludo falangista, como se hizo ante Gallardón en el funeral de Utrera-Molina, no es delito (como ha vuelto a constatar la Fiscalía al desestimar la denuncia de Podemos por el entierro del exministro franquista); por contra, hacer bromas en Twitter sobre el asesinato de Luis Carrero Blanco, heredero del dictador, puede costar hasta tres años de cárcel por "enaltecimiento del terrorismo" y por "humillación a las víctimas", de acuerdo con el artículo 578 del CP.
Desalojo de alborotadores en el Parlament
Mientras que en Alemania sería impensable que hubiera un bar Adolf en el que se exhibiera impunemente todo tipo de simbología nazi, en España el Ayuntamiento de Almuradiel (Ciudad Real) le ha puesto una calle al fundador de Casa Pepe, en el que, entre todo tipo de parafernalia franquista, puedes comprar vino Franco con la imagen del Caudillo y el lema "no se os puede dejar solos". En cambio, la policía alemana detuvo el pasado septiembre al propietario de un bar en Baviera por tener botellas de vino con la cara de Hitler. La condena podría elevarse a hasta tres años de prisión.
"Alemania es un país serio y aquí sigue habiendo restos de fascismo a nivel simbólico, cultural y político", sentencia Joan J. Queralt. Catedrático de Derecho Penal de la Universitat de Barcelona (UB), considera "sorprendente que de las manifestaciones fascistas no llegue ningún atestado a los juzgados". Y pone el ejemplo del hecho de que haya habido detenciones y multas por exhibir 'estelades' en estadios y no por mostrar banderas franquistas y nazis o porque en algunas manifestaciones se soltaran proclamas como "Carod-Rovira al paredón".
Eso sí, no le sorprende que la reforma del Código Penal de Gallardón no siguiera el ejemplo de Italia o Alemania. "Lo extraño sería que un vegano recomendara comer carne. Si eres vegano, no harás un restaurante de carne. Para esta gente el franquismo no fue una anomalía", reflexiona. En este sentido también le parece lógica la actitud de Gallardón en el funeral de su suegro: "Es coherente; si impulsa un Código Penal y una ley mordaza no solo conservadora, sino que también autoritaria y antidemocrática, lo lógico es que se comporte así".

Hasta cuatro años de prisión en Italia

ROSSEND DOMÈNECH / ROMA
Saludar a la manera fascista, levantando el brazo derecho con la mano en posición de firmes constituye en Italia un delito, confirmado en el 2016 por el Tribunal Supremo. En mayo del pasado año siete hinchas fueron condenados por haber realizado el "saludo fascista", en Italia también conocido como "saludo romano", "porque el gesto se inspira a la ideología fascista y la discriminación racial".
El delito conocido como "apología del fascismo" fue regulado legalmente por primera vez en 1952 cuando se prohibió la "reorganización del disuelto partido fascista". La ley fue actualizada en 1975 para aplicar en Italia de la convención internacional de Nueva York de 1966, que prohíbe todas las formas de discriminación racial. Básicamente la normativa endureció las penas para los transgresores.
Desde entonces, el articulo 293-bis del Código Penal, sobre los delitos contra la personalidad interna del Estado, castiga la propaganda referida al régimen fascista y nazifascista y "la simbología y gestualidad del partido fascista y del partido nacionalsocialista alemán y sus relativas ideologías". Para los casos de "apología del fascismo" y "reconstrucción del partido fascista", la ley prevé penas de entre seis meses y cuatro años de prisión.
Sobre el saludo fascista, no se puede proceder al arresto de oficio, sino que debe mediar una denuncia y proceso relativo. El Supremo dictaminó también que no es necesario que "el gesto [el saludo fascista] esté acompañado con aspectos violentos", porque la ley "tiene el papel de tutela preventiva", por lo que "de por sí" el saludo romano justifica la condena.

Alemania, persiguiendo la herencia nazi

CARLES PLANAS BOU / Berlín
Brazos en alto, esvásticas ondeando y vítores a Adolf Hitler. Mientras que en el día de la hispanidad y del alzamiento nacional los nostálgicos del franquismo toman las calles españolas con variedad de simbología fascista, esas imágenes son impensables en Alemania.
Marcados por un pasado sangriento, el gobierno teutón legisló para prohibir, perseguir y castigar todo tipo de expresiones afines al nazismo. A la tipificación como delito de estos actos en el artículo 86ª del código penal alemán se le suma el profundo ejercicio de memoria histórica impulsado por las autoridades. Una campaña que ha sensibilizado a la sociedad recordando constantemente los crímenes perpetrados por sus abuelos y que ha permitido que, a diferencia de España, cualquier simpatía nazi sea considerada un escándalo monumental.
Pero a pesar de ese fuerte estigma social que persigue a los alemanes la desnazificación de la posguerra no fue completa y aún quedan nostálgicos del Reich. Prueba de ello son el reciente escándalo en el ejército alemán, un cuerpo público que aún arrastra esa herencia en conmemoraciones vigentes a las tropas nazis, o los deslices del sector más radical del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Palabras como las de Bjorn Höcke, quien lamentó el sentimiento de culpa alemán asegurando que el monumento a los judíos de Berlín era a la "vergüenza", aún dan votos. Queda trabajo.

Francia, sanciones en función del contexto

EVA CANTÓN / París
En aplicación del acuerdo de Londres de 1945 sobre personas reconocidas culpables de crímenes contra la humanidad, el código penal francés contempla sanciones para quienes lleven o exhiban en público uniformes, insignias o emblemas que recuerden a los miembros de organizaciones fascistas. La multa es de 1.500 euros. Sin embargo, hacer un saludo nazi no está directamente penalizado, sino que es el contexto el que determina si es o no sancionable.
Por ejemplo, está prohibido en los estadios porque así se recoge en el código deportivo, o en lugares simbólicos como el Memorial de la Shoah. En esos casos se pueden considerar actos de incitación al odio racial, antisemitas o de apología fascista. Fue el caso de la investigación abierta en el 2014 por el tribunal de Bobigny, en la periferia parisina, a raíz de la fotografía que se hizo un individuo en el memorial de Drancy, desde donde partieron en trenes unos 65.000 judíos franceses hacia el campo de exterminio de Auschwitz entre 1941 y 1944.
En definitiva, en Francia no se castiga el gesto en sí, sino que es el lugar donde se realiza el saludo el que determina la naturaleza del delito. Pese a las quejas reiteradas de las asociaciones judías francesas es, por tanto, inútil denunciar a alguien que hace en la calle un saludo que consideran ofensivo. De ahí que el polémico humorista Dieudonné no haya sido nunca condenado por su ‘quenelle’, un gesto típico en sus espectáculos que evoca sin serlo el saludo nazi, y sí por frases consideradas antisemitas o de incitación al odio.

Brutal paliza de unos neonazis a un gay en Chueca

Tres chicas caminan ayer por el barrio de Chueca
La Policía Nacional detuvo la madrugada de ayer a tres sujetos neonazis por dar una paliza a un joven homosexual en pleno barrio de Chueca, durante el primer día de celebración del World Pride 2017.
El suceso se produjo a las 4 horas en la plaza de Pedro Zerolo, la mayor del barrio y la que cuenta con más establecimientos de ocio. La Policía fue requerida después de que alrededor de una docena de radicales, con proclamas y levantando el brazo como hacían los nazis, irrumpiera en el barrio. Vieron a una pareja de chicos gays y comenzaron a proferir insultos del tipo «¡Maricones!» y demás vejaciones por su condición sexual.
A uno de ellos le propinaron una brutal paliza, con puñetazos y patadas por el cuerpo, ante su pareja. Los agentes llegaron al escenario de la agresión y detuvieron a tres de los neonazis que habían intervenido en eldelito de odio. Tienen 26, 23 y 19 años

El chavismo en la onda de Trujillo

El chavismo en la probeta del Paraguay de Stroessner

Carlos Baez

Si bien son otros tiempos, los metodos empiezan a ser los mismos.Cero disidencia y tal parece ya empezaron las torturas por la ultima noticia con relacion a Leopoldo Lopez y lo que le grito a su esposa.A esto se suma muchas denuncias de corrupcion.
El poder obnubila y los gobernantes y su anillo no quieren aceptar que la gente se hastia de la represion, de bloquear la oposicion y en el caso especifico de Venezuela del mal manejo de la economia que ha provocado el desabastecimiento de todo en ese pais.
Muchos ignorantes piden que vuelva un Trujillo, con la creencia de que un ser mesianico resolvera los problemas que tiene la Republica Dominicana, esta es una muestra que la medicina ha sido mucho peor que la enfermedad. Chavez surgio por el descredito de la partidocracia y sus excesos,  dio un giro a los cimientos de la economia y del transcurrir de la vida en Venezuela. Era sagaz y tenia talento, pero el metodo de nacionalizacion de mas de 1200 empresas en diez años desincentivo la presencia de estas compañias en ese territorio, tambien intervino empresas nacionales, expropio las segundas casas  de cualquier familia y las lleno de gente depauperada, medidas populistas que hicieron salir el capital de Venezuela y llenar algunas partes de Estados Unidos y muchos paises de America de venezolanos ricos en principio, y hoy de todas las clases sociales.
Maduro con muchisimo menos talento no ha sabido tejer, ni hilvanar las lides del poder heredado de su predecesor, por lo contrario ya la sombra del dictador del siglo XX le esta cubriendo todo su andar y algunos de sus colaboradores ya  empiezan a mirar con ojeriza a su jefe y sus metodos.
Trujillo termino muy mal, esperamos Venezuela tenga otro final, el camino hacia la democracia ha sido tortuoso en Republica Dominicana, aun nos falta mucho por recorrer para ser un verdadero Estado de derecho, pero por mas defectos que tenga esta democracia, es mil veces mejor que cualquier dictadura.


Maduro, en la senda de Videla y Pinochet

25.06.2017 | 01:08
Maduro, en la senda de Videla y Pinochet
El régimen de Nicolás Maduro acumula victorias en su carrera por parecerse a la tenebrosa dictadura de los generales fascistas en Argentina y la sanguinaria represión de Pinochet en Chile. La diferencia es que el pueblo venezolano resiste cada día en la calle el secuestro de sus derechos, respaldando a una oposición que sigue viva en el interior y en todo el orbe democrático. Setenta y cinco muertos y miles de heridos en las manifestaciones testimonian algo más que el agua y los "gasecitos" de la represión, tal como la describe el presidente, o las pelotas goma que matan. En el capítulo de los presos políticos, los gritos de Leopoldo López desde el ventanuco de su celda han puesto los pelos de punta al mundo libre."¡Denuncien!, ¡Denuncien!, ¡Me están torturando!" Ni a sus familiares les permiten el acceso a la prisión para verificar el motivo de esas llamadas de auxilio. Es la mejor prueba de que reflejan una odiosa realidad.
El chavismo se envilece cada día. Maduro intenta perpetuarse con una asamblea constituyente que urda otra constituciòn a su medida. Las decisiones del parlamento legítimamente elegido, donde los "bolivarianos" no tiene mayoría, son sistemáticamente boicoteadas tras el intento fallido de su disolución. El Tribunal Supremo ha perdido toda credibilidad, haciendo y deshaciendo condenas a gusto y capricho del presidente, o reaccionando con torpeza frente al descrédito internacional. La Fiscalía es amenazada y la cúpula militar ha sido sustituida por la facción del ejército que une su suerte a la del energúmeno. El desabastecimiento generaliza el fantasma del hambre y las enfermedades ¿Qué falta aún para cruzar la raya de la dictadura?
Parece obvio que Maduro va a cruzarla. La reacción internacional es débil y desarticulada. No hay que pedir sanciones o embargos que miserabilicen todavía más la vida ciudadana, ni medidas que retrasen la recuperación del país cuando la pesadilla termine. Pero es imperativo coordinar cuanto antes las acciones posibles, sin anteponer intereses económicos o empresariales al pleno rescate de los derechos humanos y las libertades políticas. La sola presunción de la tortura contra líderes opositores merece la condena de quienes aún defienden a Maduro o se niegan a criticar sus actos. El que ellos conocieron y del que presuntamente recibieron financiación ya no es ni su sombra.

Tribunales chilenos prolongan impunidad de fallecido Pinochet

Un reciente fallo judicial devuelve a la familia del dictador Pinochet, dinero e inmuebles que eran investigados por enriquecimiento ilícito.
Rechazo e indignación provoca en Chile. Otros casos de derechos humanos siguen abiertos en Chile, perpetuando la impunidad a 27 años del fin de la dictadura.
Son familiares de víctimas de la dictadura de Pinochet en Chile entre 1973 y 1990, que fueron torturados, ejecutados o hechos desaparecer. Pasan los años y ellos aún exigen justicia. Aunque sea a gotas. Como la reciente captura de un excarabinero condenado a quince años y prófugo hace un año.
Justicia en la medida de lo posible. Augusto Pinochet murió sin ser condenado. Las heridas de la dictadura siguen abiertas en Chile, especialmente cuando se trata de la impunidad de Pinochet y su familia.
Al momento de fallecer Pinochet, tenía una investigación abierta por apropiación ilícita del tesoro público de Chile. Un reciente fallo judicial ordenó devolver los dineros e inmuebles a la familia.
Las organizaciones de derechos humanos reconocen avances, pero alertan sobre el peligro de repetir la impunidad como en este caso de Pinochet.
Leonel Retamal, Santiago

sábado, 24 de junio de 2017

El plan del dictador Trujillo para asesinar al presidente Betancourt

Fuente Periodico Acento.
Gustavo Olivo Peña - 24 de Junio de 2011



El 24 de junio de 1960, Trujillo llevó a cabo un macabro plan para asesinar al presidente democrático de Venezuela. Rómulo Betancourt, mediante la detonación una bomba a control remoto. Betancourt resultó herido y como consecuencia de ello la OEA, reunida en San José, Costa Rica, impuso sanciones al tirano aislándolo de la comunidad hemisférica. El hecho debilitó a la tiranía y meses después, el 30 de mayo del año siguiente, Trujillo caía muerto en una emboscada. En esta serie, el periodista y escritor Miguel Guerrero, narra esos momentos difíciles de la convulsa historia del Caribe de aquella época.
Los dos vuelos del “cabrito”
(1 de 2)
Los primeros rayos del sol iluminaron tenuemente el pavimento de la rampa que a paso firme, pero sin apariencia de prisa, cruzaba el grupo de seis hombres. Era todo menos un grupo uniforme.  Sus diferencias no eran solamente de edad.  A lo largo de sus vidas éstos hombres, algunos de los cuales apenas se conocían, habían sostenido ideas disímiles y militado en causas opuestas.  Los juntaban ahora motivaciones distintas.  Resultaba incomprensible determinar qué podía haberlos reunido, para una misión tan peligrosa.  A pesar de sus diferencias, estaban unidos por lazos que se entrecruzaban: el poder, la aventura y el dinero.
Los más jóvenes, el capitán de aviación civil Jesús García y su co-piloto, Juvenal Zavala Chávez, estaban allí como lo hubieran estado en cualquier otra misión que se les hubiere encomendado por paga.  Si bien compartían la finalidad que inspiraba al resto, no eran los mayores entusiastas de la causa.  La razón que justificaba la presencia de los otros cuatro, era por supuesto muy distinta.
Juan Manuel Sanoja, el más viejo, era un impenitente revolucionario con una interminable lista de aventuras en su haber.  De mediana estatura y complexión fuerte, a sus setenta años, era el líder del grupo.  El respeto que inspiraba en sus compañeros de aquel vuelo obedecía no sólo a su edad, sino a su carácter y don de mando.
Sólo él conocía realmente en toda su dimensión la complejidad de la misión que empezaba con aquel vuelo misterioso.  Sólo él tenía pleno conocimiento del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina, el hombre a quien recurrirían en busca de ayuda.  Y probablemente era el único que también percibiera todos los peligros y dificultades que entrañaba la aventura que estaban a punto de emprender.
No había mucho que decir del resto.  Sin embargo, dos de ellos, Vicente Yáñez Bustamante y Luis Cabrera Sifontes, constituían figuras claves del plan.  El segundo era un ingeniero hidráulico también experto en radio. Ambos hombres serían las piezas operativas fundamentales sin los cuales nada funcionaría.  La presencia del sexto elemento, José Morales Hernández, tenía más bien una razón política.  Su amigo, Eduardo Morales Luengo, ex-capitán de navío exiliado, a quien se proponían visitar, era un feroz adversario del presidente Rómulo Betancourt y un aspirante a sucederle en el poder, por cualquier medio.  La operación a punto de empezar a aquella temprana hora de la mañana, bajo un cielo despejado y prematuramente azul, podía llegar a hacer realidad sus ambiciones.
Nadie que los hubiera visto caminar en dirección al C-46 que le esperaba en la pista, podía imaginar que allí, en la mañana del viernes 17 de junio de 1960, en el aeropuerto de Maiquetía, de la Guaira, Venezuela, éstos seis hombres estaban a punto de iniciar una de las más fantásticas y arriesgadas aventuras políticas del siglo.
Los motores del C-46, con las siglas YV-C-ARI de la empresa venezolana Rutas Aéreas Nacionales Sociedad Anónima (RANSA), rompieron el silencio matinal y el piloto se dirigió lentamente hacia la cabecera de la pista.  García verificó los controles y re-examinó con los operadores su plan de vuelo.  A las 5:22 a.m., la torre de control le comunicó que todo estaba libre y el C-46 tomó a toda velocidad la larga pista de concreto y rápidamente ganó altura.  Durante los primeros minutos de vuelo, la nave siguió en dirección hacia el punto previamente fijado, un pequeño aeropuerto privado de un hato propiedad de Carlos Chávez, presidente de RANSA, en El Piñal, situado entre el río Arauca y el río Cunaviche, en el Estado de Apure.
El piloto del avión cerró contacto con la torre de control de Maiquetía y en el sitio de navegación aérea denominado “Whisky 1 (uno)” cambió repentinamente de rumbo y se dirigió a Ciudad Trujillo.
Sanoja sonrió y preguntó al piloto si había alguna novedad.  Todo marchaba como estaba planeado.  De los ocupantes del aparato, sólo aquel viejo general, conocía a sus próximos anfitriones en el punto de destino.  Su conocimiento de aquel lugar no era superficial. Sanoja había llegado a la República Dominicana más de veinte años atrás, habiéndose establecido en Moca, una pequeña y próspera ciudad del noreste central, donde, entre otras actividades se había dedicado a la odontología.  Allí nacieron varios de sus catorce hijos y dos de ellos, Gilberto y Juan Manuel, eran dentistas profesionales y oficiales de las Fuerzas Armadas del dictador Generalísimo Rafael Leonidas Trujillo Molina, de quien era amigo.
Para los residentes de la lejana localidad de Moca, donde había vivido por largos años, Sanoja no era el intrépido y temerario general de luchas revolucionarias, que había pasado de las cárceles del tirano Juan Vicente Gómez, en su natal Venezuela, a las filas de la revolución mexicana, sino un tranquilo y amable ciudadano que dedicaba horas enteras para tratar problemas dentales a todo aquel que los tuviera en Moca y a sus alrededores.  Pero esa imagen de pacífico profesional pueblerino, constituía sólo una faceta de su compleja y diversa personalidad.  En realidad, era un hombre acostumbrado al peligro y la misión a la que iba en este vuelo secreto lo devolvía a su ambiente verdadero; al de las luchas clandestinas, al centro de la aventura y el peligro.
Sanoja se estableció en Moca a comienzos de los años treinta como exiliado de la dictadura de Juan Vicente Gómez.  Su aversión a Betancourt provenía probablemente ya de aquella lejana época.  Este era entonces un fogoso líder estudiantil de ideas marxistas.  Esta faceta en la vida del presidente venezolano había bastado para marcarlo para siempre como enemigo en el pensar sico-rígido del viejo general, un hombre de ideas profundamente conservadoras.  Unos años antes de la llegada de Sanoja a la República Dominicana, Betancourt había ya recorrido, curiosamente, muchos de los pueblos por donde aquel estableciera después vínculos de afectos con familias dominicanas.
Sin embargo, eran muy contados, si existían, los que podían dar en el país testimonio de alguna expresión contraria del viejo luchador contra el joven estudiante. Aquellos que tuvieron la oportunidad de tratar a ambos, no podían explicarse los sentimientos que Betancourt inspiraba en este aventurero, rodeado de leyendas.  Algunos de estos mitos se habían forjado en la propia ciudad de Moca, donde se comentaba en secreto que el curtido general ejercía la odontología sin título universitario, cosa nada rara en aquella época.
En buena medida, gran parte de la simpatía que Sanoja inspiraba entre los mocanos emanaba de su esposa, una joven mejicana de agradable apariencia y sencillos modales.  Por lo menos uno de sus hijos, Pedro Pablo Sanoja Aguilar, un brillante estudiante que luego se establecería en Venezuela como abogado, nació en aquellas tranquilas tierras dominicanas.  A despecho de su carácter medio tosco, el general tenía un fácil trato, no obstante su personalidad contradictoria.  Por ejemplo, los que llegaron a conocerle entonces recuerdan que su aversión a Juan Vicente Gómez no se reflejaba, por lo menos con la misma intensidad, hacia Trujillo, en esos lejanos días de apacible existencia en Moca.
Era, sobre todo, muy apegado a la familia, aunque le rodeaba una fama, no se sabe si bien ganada, de conquistador, reputación probablemente conseguida con los laureles del generalato alcanzado no se sabía cómo en México.  Nadie, empero, en la pequeña localidad dominicana podría dar constancia de aquella fama, cimentada tal vez en el hecho de que se le atribuyera una pronunciada inclinación por las fiestas, a las que usualmente iba acompañado de sus hijos.
Una de sus grandes pasiones era, según testigos de la época, la figura del Libertador Simón Bolívar, nombre con que bautizó una escuela normal particular que fundara en Moca en los años siguientes a su llegada.  Esta escuela, que llegaría a alcanzar prestigio en toda la comarca, funcionaba en un pequeño local en la calle independencia, próximo a la 26 de Julio, colindante casi con la casa de Pichilín Michel, un patriarca del lugar. Allí estudiaron muchos hombres y mujeres que más tarde serían prominentes en la vida política y social dominicana.
Con el tiempo, en torno a su persona llegarían a tejerse toda clase de historias, como aquellas de que solía cobrar por sus servicios como dentista de acuerdo con una personal apreciación del paciente que nadie podía descifrar.  Frente a su consultorio de la calle Colón solían formarse diariamente largas colas.  El hecho de que un hombre de su experiencia mundana escogiera la bucólica tranquilidad de Moca en vez de la más colorida y relativamente agitada vida de la capital o Santiago, la segunda ciudad del país, se explicaba, tal vez, en la prometedora prosperidad que allí se observaba.
A sus casi cincuenta años, a mediados de la década de 1930, Sanoja podía ser confundido con el típico personaje que, cansado de inútiles luchas revolucionarias, decide emprender un nuevo sueño. El vuelo que lo traía de vuelta a Ciudad Trujillo en misión secreta parecía la mejor explicación de que aquella vena aventurera estaba aún latente en él.
Costaba imaginarse a un hombre de su historial de resistencia a la tiranía de Gómez, aliado con Trujillo en un plan contra el gobierno democrático de Betancourt. No era la Presidencia, como símbolo primario del poder, lo que le guiaba.  A su edad, ésta se le mostraba más distante que la muerte.  Tampoco lo sería el dinero, que una vez aparentemente estuviera cerca de obtenerlo en México.  Sanoja conservó por mucho tiempo pruebas de esa riqueza, sin valor material alguno. A sus amigos en Ciudad Trujillo les había mostrado una vez un viejo y gigantesco baúl repleto de billetes mexicanos antiguos, ya fuera de circulación.  Removiéndolos con sus gruesas y callosas manos, había dicho: “Vean, podría ser rico, ¿De qué sirven?”
Sanoja estaba sumido en sus pensamientos cuando el piloto de la aeronave le comunicó que había entrado en contacto por radio con Ciudad Trujillo.
A una hora exacta de vuelo de su destino, el C-46 hizo contacto por primera vez con el “Control Radhamés”, en la base aérea de San Isidro, en la frecuencia de 3023.5. El viejo general se levantó de su asiento y se dirigió a la cabina del piloto, al que entregó un papel escrito apresuradamente a mano.  El capitán García leyó por radio el breve mensaje: “Avisar al Generalísimo que el general Sanoja va a bordo del avión.  También avisar al coronel (Johnny) Abbes García”.
Cabrera Sifontes añadió otro mensaje cifrado que el piloto se apresuró en transmitir: “Avisar Carrasco que Carrasco va a bordo”.  En el punto lejano de recepción, el operador se limitó a contestar que estaba “informando”.  Dentro del avión se hizo un silencio pesado, mientras la espera se tornaba angustiante.  Al cabo de pocos minutos, les llegó la respuesta autorizándole a aterrizar en la base militar, ubicada entre el aeropuerto y Ciudad Trujillo.
Como estaba previamente acordado, la comunicación prosiguió sin identificar al avión.  Desde la base se escuchó la señal: “Control Radhamés 2, llamando, cambio”, cuando el C-46 se aproximaba a unas 25 millas de distancia. El piloto confirmó la recepción del mensaje y la torre de control proporcionó información sobre la dirección e intensidad del viento, con una orden final: “Libre aterrizar a la pista 12”.
Abbes era una de las personalidades más siniestras del régimen.  Todos le temían, hasta sus superiores.  Se le tenía y temía como “un hombre de acción violenta”.  Era, a decir de Robert D. Crassweller, autor de Trujillo: la trágica herencia del poder personal, un hombre singularmente apropiado “para presidir la decadencia y el colapso de la Era de Trujillo”
El avión se deslizó suavemente sobre el pavimento y durante el carreteo sus seis ocupantes pudieron percatarse de que estaban siendo escoltados por vehículos de guerra.  Siguiendo las instrucciones que ahora se les daban por señas desde un vehículo militar, el piloto condujo despacio la nave al punto más lejano del aeropuerto.
Las medidas de seguridad eran extremas.  Lógicas, sin embargo, tratándose de un avión de matrícula de un país con el cual se han roto las relaciones diplomáticas.  Varios aviones del tipo Vampiro, a reacción, y P-51 “Mustang” permanecían a un lado de la pista con los motores encendidos, prestos a despegar, mientras tanques apuntando sus largos cañones hacia la nave recién llegada se veían a ambos lados del aeropuerto.  Tropas en trajes de zafarrancho estaban colocadas en sitios estratégicos, próximos a donde podían verse varios “Mercedes Benz” y jeeps militares.  El capitán García apuntó bien la hora de aterrizaje en su hoja de vuelo: 07:47 (7:47 a.m.), hora local.
Un grupo de altos oficiales dominicanos les recibió al pie del avión, saludando al general Sanoja, quien fue el primero en descender. Pero tenían órdenes de esperar allí.  Al cabo de 45 minutos llegó en un vehículo militar el capitán de navío retirado de la Marina venezolana Eduardo Morales Luengo. Sanoja hizo la debida presentación y el grupo se dirigió a una residencia en las afueras de Ciudad Trujillo, donde residía temporalmente Morales Luengo.
El plan que entraba ahora en su fase final, había comenzado a urdirse a mediados de mayo, cuando Sanoja viajó a Madrid por encargo de Trujillo.  En la capital española entabló contacto con Morales Luengo, exiliado en España desde su expulsión de Venezuela por actividades conspirativas.  La reunión entre ambos se realizó en el hotel donde estaba hospedado Sanoja, quien le explicó sus vínculos con el “Jefe” y la importancia de su inmediato traslado a Ciudad Trujillo. Todo estaba preparado en Venezuela para una “revolución”.  Los dos conspiradores se pusieron de acuerdo, y el 27 de mayo salieron de Barcelona en un vuelo de Air France hacia la capital dominicana, haciendo escalas en París, Montreal, Bahamas y Kingston.  Arribaron a su destino final el 30 de mayo. La reunión con Trujillo no tardó en producirse y como resultado de la misma, el ex oficial venezolano fue instalado en una casa en las afueras de la ciudad, propiedad de Romeo Trujillo, sobrino del dictador.
Fue allí donde se les unió el coronel Abbes García, jefe del temible Servicio de Inteligencia Militar (SIM).  De apariencia apacible, mediana estatura y fino bigote, a la usanza de la época, Abbes podía pasar como un simple burócrata a la espera de una anhelada ascensión de rango. Su aspecto físico mostraba una pronunciada tendencia a la obesidad.  A excepción de su mirada fría, que acentuaba al achicar sus ojos de color café, no había nada excepcional en este hombre de carnes ligeramente caídas en el rostro.  Físicamente era una persona sin brillo.  Su personalidad, fuera de sus ámbitos de jefe supremo de los servicios de seguridad del Estado, era tan corriente que podía confundirse fácilmente con el escenario.  No había en él nada que llamara la atención que no fuera su fama de sádico y asesino.
Trujillo pidió entonces a Morales Luengo una lista del material que pudiera hacerles falta.  El piloto y el co-piloto del C-46 bajaron a la primera planta mientras el resto continuó por un tiempo la conversación en la habitación del piso superior.  Trujillo se retiró poco después y en las horas siguientes, Morales Luengo recibió la visita de numerosos oficiales dominicanos y familiares del Generalísimo.
Abbes era una de las personalidades más siniestras del régimen.  Todos le temían, hasta sus superiores.  Se le tenía y temía como “un hombre de acción violenta”.  Era, a decir de Robert D. Crassweller, autor de Trujillo: la trágica herencia del poder personal, un hombre singularmente apropiado “para presidir la decadencia y el colapso de la Era de Trujillo”.
El Jefe, como se le llamaba en señal de veneración, había estado acompañado siempre, a lo largo de sus ya treinta años de dictadura, de hombres violentos y desalmados. Aquellos hombres habían contribuido a afianzar su poder, eliminando opositores y toda señal de resistencia política, por inofensiva que fuese. Pero Abbes parecía superarlos a todos.  Era un conspirador nato que había alentado a Trujillo a involucrarse en operaciones y aventuras de ultramar.
Hasta mediados de la década de 1950, Abbes había sido un colaborador del régimen como redactor deportivo en las páginas de los diarios oficialistas La Nación y El Caribe, con esporádicas intervenciones como cronista de la radio.  Fue a mediados de esa década, cuando entró directamente en contacto con su verdadera vocación, la del espionaje, al visitar México y Centroamérica, cumpliendo misiones para el régimen.  En México su trabajo consistió en vigilar las actividades de los exiliados dominicanos, lo que aprovechó para profundizar sus conocimientos sobre el tenebroso mundo del espionaje.
Tal vez de todas sus experiencias, la que más influyó en el desarrollo de su personalidad tuvo lugar en ese país. Allí contrajo matrimonio con una mujer que supuestamente, según Crassweller, le había salvado la vida en el curso “de una de las conspiraciones que se urdían regularmente en el submundo político de Centroamérica”. Era una mujer “corpulenta, gorda, fea, sin distinción y ordinaria” y según el historiador norteamericano “se sentía ofendida por los numerosos asuntos de su marido con otras mujeres”.  Esta ruda mujer llegaría con el tiempo a ejercer una especie de dominio sobre él, similar al que Abbes llegaría a poseer sobre toda la estructura de mando del régimen trujillista, con la sola excepción del propio dictador.
Nacido de un matrimonio de padre norteamericano de ascendencia alemana y madre dominicana, Abbes nació en la entonces Santo Domingo, convertida luego en Ciudad Trujillo, en 1924.  Nada en el carácter de sus padres podía anticipar, lo que Crassweller define como “las perversas tendencias del hijo, que se vislumbraron por primera vez cuando, siendo niño, le encontraron entreteniéndose en arrancarle los ojos a los pollos”.
La fama que precedía a este hombre estaba bien fundada.  Todo su poder radicaba en la organización que presidía y que él había ayudado a organizar desde 1957.
Abbes había sustituido al frente del SIM al general Arturo Espaillat, cuya reputación de crueldad le había ganado el sobrenombre de Navajita, basado en la leyenda de que daba muerte a sus prisioneros cortándole él mismo la garganta con una navaja afilada.
El SIM era el organismo represivo mediante el cual Trujillo se aseguraba el control efectivo del país y de sus habitantes.  Sus ramas tenían copada todas las actividades públicas y privadas del país. En su larga nómina figuraban miles de hombres y mujeres, que ocupaban las más disímiles posiciones, desde meseros de restaurantes, hasta oficiales de las Fuerzas Armadas.  Estos espías a sueldo estaban en la obligación de rendir informes diarios de cuanto veían y escuchaban a su alrededor. Muchos de estos informes, frecuentemente prejuiciados e incompletos, habían llevado a la muerte o al presidio a miles de ciudadanos, poniendo fin a veces a prometedoras y exitosas carreras militares y civiles. Abbes era el centro de todo este complejo aparato de seguridad y represión.
El brazo del SIM se extendía más allá de las fronteras dominicanas y los planes que se proponían llevar a cabo Morales Luengo, Sanoja y el resto del grupo de venezolanos que acababa de cumplir este primer vuelo secreto entre Maiquetía y la base aérea de San Isidro, serían la evidencia más palpable de ello.  En la fama de la organización pendía el nada honroso mérito del asesinato del coronel Carlos Castillo Armas, presidente de Guatemala, ocurrido en su propia Casa Presidencial, el 27 de julio de 1957.
Sin duda, Abbes era el cerebro de todas esas y otras conspiraciones que habían trasladado el terror trujillista a otros lugares de la región.
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Mientras esperaban por el desayuno que había ordenado preparar Morales Luengo, Abbes llamó por teléfono a Trujillo, para informarle de la llegada del avión por el que habían estado esperando.  Entretanto, el grupo se dividió subiendo Morales Hernández y Morales Luengo a la habitación de éste último, por un momento.  Al unirse más tarde al resto, tuvieron tiempo todavía de escuchar a Cabrera Sifontes, que había sacado una libreta de un maletín de mano, relatar una serie de hechos que describía como ilegales cometidos por el gobierno de Venezuela.  Cabrera Sifontes analizó brevemente las posibilidades de éxito de una insurrección contra el presidente Betancourt y mencionó una lista de oficiales, ex oficiales y civiles prominentes  que, dijo, estarían dispuestos a secundar los planes contra el gobierno de Acción Democrática.
-Yo tengo un aparato, por si a ustedes les puede interesar, que es electrónico, trabaja a base de micro-ondas y su poder explosivo es de 65 kilos de TNT-, intervino en la conversación el coronel Abbes García.
La plática continuó durante el desayuno y al final de éste llegó Trujillo a la casa.  Después de una breve presentación, subieron al segundo piso donde Morales Luengo pidió a Cabrera Sifontes que explicara a Trujillo la situación en Venezuela.  El dictador ofreció su respaldo a los conspiradores diciendo:
-Al enemigo hay que darle fuerte, pues si no se lo hacemos nosotros, él se lo hace a uno.
Trujillo se interesó sobre la procedencia y naturaleza del respaldo con que podían contar sus visitantes.  Y les inquirió en tono casi cortante:
-¿Los curas están con ustedes o no están?
A una señal de asentimiento, prosiguió:
-Ténganles cuidado, porque ellos (los curas) son muy traicioneros, hoy traicionan al que está y mañana los traicionan a ustedes.  Aquí se me quisieron alzar, pero yo los metí en cintura.
Trujillo pidió entonces a Morales Luengo una lista del material que pudiera hacerles falta.  El piloto y el co-piloto del C-46 bajaron a la primera planta mientras el resto continuó por un tiempo la conversación en la habitación del piso superior.  Trujillo se retiró poco después y en las horas siguientes, Morales Luengo recibió la visita de numerosos oficiales dominicanos y familiares del Generalísimo.
Siguiendo el plan revisado momentos antes, el C-46 partió de regreso a Venezuela a las 14:40 (2:40 p.m.) con su misma tripulación –los capitanes García y Juvenal Zavala-, pero uno sólo de los pasajeros, José Morales Hernández.
Sanoja, Cabrera Sifontes y Yánez Bustamante permanecieron como huéspedes de su compatriota Morales Luengo.  Sólo que por muy poco tiempo.  En las horas siguientes estuvieron muy ocupados observando cómo el “Jefe” cumplía su promesa de apoyar con armas y explosivos sus esfuerzos conspirativos para derrocar al presidente Betancourt.
Abbes García había informado días antes a Morales Luengo del arribo del grupo con la contraseña de que el 17 llegaría el “Cabrito”, tras recibirse un cablegrama en clave de Sanoja.  Al despedirse del piloto, Morales Luengo le entregó un breve mensaje escrito dirigido a su cuñado, el capitán de aviación civil Carlos Chávez, principal ejecutivo de la línea RANSA:
“Carlos envíame mañana por última vez el “Cabrito”.  Un abrazo de Eduardo”.
Esa noche, Sanoja pernoctó en una residencia ubicada en la esquina de las calles Cervantes y Santiago, del entonces exclusivo sector de Gazcue de Ciudad Trujillo.  Allí residía uno de sus hijos, Gilberto Sanoja Aguilar, teniente y miembro del Cuerpo Dental de las Fuerzas Armadas dominicanas.  Gilberto contaría después a su amigo y compadre Rafael Kasse  Acta, médico odontólogo de 32 años, acerca de una acalorada discusión que él sostuviera, al parecer aquella misma noche, con su progenitor.
Aparentemente, padre e hijo discrepaban respecto de la forma de combatir a Betancourt.
Bajo  las mismas condiciones del tiempo del día anterior, y dotado de la misma tripulación, el C-46 de la línea RANSA, dedicada al transporte único de carga, despegó del aeropuerto de Maiquetía, con un falso plan de vuelo hacia un hato en El Piñal, Estado de Apure, a las 05:23 (5:23 a.m.), del 18 de junio.
En el mismo punto que la vez anterior, el capitán García repitió el cambio de ruta “Whisky 1”, llamó a “Control Radhamés” y se dirigió nuevamente a la base aérea de San Isidro.  El piloto apuntó meticulosamente la hora de aterrizaje: 08:03 (8:03 a.m.), hora local.
Una vez en tierra, los aviadores fueron conducidos en vehículos militares a la residencia donde les esperaban Morales Luengo y los tres compañeros del viaje anterior.  Allí después de desayunar se les unió Trujillo.
Esta vez los pilotos permanecieron en la parte baja de la casa, mientras el resto acompañaba al dictador a las habitaciones del piso superior.  Media hora más tarde, el grupo bajó y el capitán García les planteó la conveniencia de despegar temprano, a fin de no despertar sospechas sobre el vuelo.  Podía hacerse muy tarde para aterrizar en el hato La Uriosa, del Estado Guárico, Venezuela, destino final de esta travesía cuya primera fase se iniciara a primera hora de la mañana del día anterior en Maiquetía.
Por fin, el C-46 alzó vuelo en San Isidro a las 13:00 (1:00 p.m.) hora de Venezuela.  Llevaba un cargamento de 1,800 libras de armas, entre las que figuraban pistolas, revólveres, ametralladoras y proyectiles.  Lo más preciado del cargamento, sin embargo, estaba contenido en dos maletas verdes.  En el interior de ambas había un sofisticado receptor y explosivos suficientes para provocar una gran destrucción.  Eran igualmente seis los ocupantes: la tripulación de dos, y tres de los cuatro pasajeros del vuelo inicial.  El capitán de navío retirado Eduardo Morales Luengo ocupaba el lugar que había dejado José Morales Hernández, quien se había quedado en Venezuela al final del primer vuelo, el día anterior.
El “Cabrito” aterrizó, según lo programado, a  las 16:30 (4:30 p.m.) en el hato La Uriosa, donde fue parcialmente descargado, con la ayuda del dueño de la propiedad, Pedro González Rincones, el capitán Chávez y Morales Hernández.  El plan marchaba conforme a lo trazado por los conspiradores.
Rafael Trujillo, dictador dominicano desde 1930 a 1961.Morales Luengo y Sanoja se quedaron en poder de las armas y dejaron las maletas con los explosivos al cuidado de Yáñez Bustamante y Cabrera Sifontes, que siguieron vuelo a Maiquetía, a las 17:15 (5:15 p.m.).  Más tarde, el aparato tocó suelo en el aeropuerto de Maiquetía.  La tripulación se despidió de los pasajeros y éstos últimos –Yáñez Bustamante y Cabrera Sifontes- bajaron cuidadosamente las maletas del avión y se trasladaron de inmediato al domicilio del primero, el apartamento número 55 del edificio Venus, en la Avenida París, en la Urbanización La California, de Caracas.  Al apartamento llegaría, horas después, Morales Luengo, aproximadamente a las 00:30 (0:30 a.m.) del día siguiente, 19 de junio.
Según publicaciones basadas en los interrogatorios hechos a los acusados después del atentado a Betancourt, Trujillo y Abbes García ofrecieron “cuanta ayuda fuere necesaria”, quedando virtualmente el complot bajo control del dictador dominicano.  En el número 2 de “Papeles de Archivo: Cuadernos de divulgación histórica”, titulado Rómulo Betancourt: El atentado de Los Próceres, Ediciones Centauro, José Agustín Catalá, editor, Caracas, 1992, se afirma que ante este ofrecimiento “los venezolanos se creyeron obligados a mostrar cierto escrúpulo patriótico y dijeron que no debían aceptar demasiada ayuda que posteriormente pudiera hacerlos parecer como mercenarios del régimen de Trujillo”.  Sin embargo, después de ese “arranque escrupuloso” los conspiradores, según la publicación, decidieron aceptar “el aparato de micro-ondas, cuarenta y cuatro ametralladoras Thompson, diez M-2, fusiles, pistolas y revólveres para doscientas personas, así como doscientas granadas de mano y veinte mil proyectiles”.
Al parecer mientras esperaban por el segundo vuelo del “Cabrito”, Yáñez Bustamante y Cabrera Sifontes fueron sometidos en Ciudad Trujillo a un rápido aprendizaje sobre el uso del aparato electrónico de micro-ondas, que luego emplearían en Caracas. De Abbes García recibió esta recomendación: “Si en lugar de voladuras y actos de sabotaje es necesario hacer un atentado personal, puede agregarse a la carga una cantidad de termita, cuya llama es capaz de atravesar en pocos minutos los más fuertes blindajes hasta de un acorazado”.  La sugerencia alarmó a Cabrera Sifontes, que a nombre de sus compañeros, en otro aparente arranque de escrúpulo, según la publicación, la rechazó: “No, no.  Termita no.  Eso es demasiado”.
En los días siguientes, Trujillo emprendió uno de sus frecuentes viajes en el yate presidencial por las costas dominicanas.  Había impartido instrucciones al capitán de la fragata Presidente Trujillo para anclar en la base naval de Las Calderas, en la provincia sureña de Baní      , pero a última hora cambió de parecer y ordenó parar en el puerto de Azua, más al oeste de la isla.  Una vez allí tomó el vehículo que le esperaba y partió en dirección a San Juan de la Maguana, donde tendría lugar una manifestación de apoyo a su gestión como estadista.

Ninguno de los presentes, ni siquiera sus más allegados, aquellos que habían llegado con él en la larga caravana de automóviles y que le habían acompañado en el trayecto por mar hasta Azua, tenían la más ligera noción de qué hablaba cuando, en medio de un brindis, alzó su copa y declaró que muy pronto “algo grande estremecerá el Caribe”.

EL MERENGUE Y TRUJILLO

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