
Por Carlos Baez.
Nos hemos quedado esperando la seguridad ciudadana, como
aquel Coronel que no tenía quien le escribiera, y murió esperando aquella pensión
que nunca le llego, y así esbozamos el perfil
de nuestra idiosincrasia, la misma que tenía la gente de aquel pueblo, que expresaba
esa inusual y gran capacidad de aguante.
Y mientras esperamos y esperamos aquella seguridad, esas
hordas de gitanos aparecen robando el sueño a muchos, y la gente muere sin
flores amarillas que vuelan por el aire.
Sin ser huelguistas bananeros vamos cayendo y tenemos un
diluvio de delincuencia que no acaba de frenar jamás . Que esperan que la peste
de los pájaros muertos nos atosigue?
Cada ciudadano casi a diario tiene que escapar como
Aureliano Buendía de atentados, emboscadas, pelotones de fusilamientos, pero a veces tiros al aire, o apuntando caen directo al corazón.
Las respuestas son Macondianas, los mismos intercambios de
disparos que comenzaron hace mucho en el siglo pasado y aún no terminan, y sin
embargo se siguen reproduciendo los mismos hechos, más y más y en mayor proporción.
Las respuestas jurídicas parecen de circo, y el sistema
garantista aderezado de una impunidad rampante nos catapulta con más fuerza la
delincuencia que nunca anteriormente, y ahora apoyada por quien sabe quiénes
que se aprovechan de eso, todo eso, y todo lo demás.
Y aqui no solo Gastón el esposo de Amaranta Úrsula enloquecerá
con los aviones, porque sus pilotos lo hacen con los rayos Laser. Quizás la
peste del insomnio llego sin darnos cuenta, y quienes deben paliar el desastre,
se olvidaron del nombre de las cosas y por eso nos vemos inertes, y sin protección
ninguna en medio de la nada.
El robo de celulares sigue matando personas, hasta llegar al
extremo del acto grotesco, e insano de asesinar una mujer embarazada.
Ojala que nuestro Macondo no siga destruendose, pues como los Buendía desaparecemos de la faz de la tierra.
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