Editorial Diario Libre
Los políticos siempre se precian de ser impolutos: los malos son los otros, los adversarios, pero utilizando la lista de pecados capitales que nos ofrece la iglesia, se pueden analizar los principales pecados de los políticos dominicanos.
El primero, sin duda, es la soberbia, que les impide admitir las derrotas, hacer alianzas y reconocer sus errores.
La avaricia viene en segundo lugar, o si no lo creen simplemente piensen en la corrupción y otras linduras.
La avaricia es seguida muy de cerca por la gula: los políticos son insaciables. Ya se trate de dinero o de poder, el hambre de los políticos no parece tener límites.
La lujuria está de moda en este período electoral. Los políticos se acuestan con todos los compañeros de cama que puedan. No importa cuán odiados hayan sido en el pasado. Si está dispuesto a compartir el lecho, que venga, sobre todo cuando abandona a su antiguo “marido” político.
La envidia es un pecado de todas las épocas. El político no acepta el éxito del otro, aunque sean del mismo partido. Para nuestros políticos la actividad es un juego suma cero: lo que gana el otro lo pierdo yo. Por eso, esa envidia tan enorme que nos impide aceptar hasta las virtudes indudables que pueda tener el otro.
Consecuencia de la envidia y de la corrupción es la ira, que en los políticos criollos es también prisa: no saben esperar y la prisa los irrita hasta el infarto.
Finalmente, la pereza, o si no vean a cualquier legislador.
Continuaremos.
atejada@diariolibre.com
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