Fuente Hoy
El delito solo existe allí donde no hay ley que califique como tal un acto humano y estipule el castigo condigno. Si la ley y el delito coexisten en el espacio y el tiempo de una sociedad y el segundo se impone, entonces hay flaqueza de voluntad para aplicar las sanciones que la ley dispone. Entonces toma dominio la impunidad en perjuicio del orden social. Ese es el contexto de lo que está padeciendo la sociedad dominicana por la falta de voluntad para hacer respetar la ley.
La gravedad del asunto es enorme. La fiscal del Distrito Nacional, Yeni Berenice Reynoso, con justificada alarma, sostiene que hay una “jurisprudencia de la corrupción”, algo así como un no ha lugar prefabricado en la conducta de autoridades de todo género en la administración de justicia, que protege a los autores de dolo, irregularidades, indelicadeza y etcétera. Ya antes ha revelado cómo fracasa el Ministerio Público al gestionar información pertinente.
La sociedad dominicana, de arriba a abajo, tiene que sacudirse contra esta falta de voluntad política para castigar la corrupción, esta manera de proteger con valoraciones prejuiciadas a los imputados de inmoralidad en el manejo de bienes públicos, en su aprovechamiento personal. El país tiene todas las leyes que necesita una sociedad, pero mientras falte la voluntad para aplicarla, a Dios que reparta suerte.
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