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martes, 25 de febrero de 2014

Plan contra Horacio Vásquez cumple 84 años de su inicio


Publicado el 1:30 pm por
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Simpatizantes de Horacio Vásquez y Federico Velázquez Hernández desfilan por la calle El Conde en apoyo a su candidatura./La Opinión, Marzo 29 de 1924.
POR: POR CHICHI DE JESUS REYES 
(chichidejesusreyes@gmail.com)

El domingo pasado se cumpió 84 años del inicio en Santiago del denominado movimiento cívico revolucionario que dio al traste con el gobierno del presidente Horacion Vásquez, que posteriormente derivó en el ascenso al poder del jefe del Ejército, Rafael Leónidas Trujillo Molina.  La asonada la encabezó el reputado lider politico Rafael Estrella Ureña, quien semanas antes junto al general Desiderio Arias y al dirigente Elias Brache, formaban la Coalición Patriótica de Ciudadanos, que presidia el licenciado Federico Velázquez. Estrella Ureña aparecia como candidato a la vicepresidencia de esa agrupación.
La ocupacion de la fortaleza San Luis, de Santiago, se produjo en la madrugada del dia 23 de febrero, sin la menor resistencia de los militares custodias y ante la ausencia deliberada del comandante de la plaza, coronel Simón Diaz, quien horas antes viajó a Santo Domingo a recibir instrucciones del brazo ejecutor del golpe. Desde hacía dias circulaban en el pais insistentes rumores de que “algo gordo” se está tramando contra Horacio.
Al presidente Vásquez sus seguidores más cercanos se lo aadvertían. Le señalaron hombres y lugares donde se realizaban los encuentros conspirativos y le quisieron abrir los ojos nuevamente respecto a la participacion activa de Trujillo, pero Horacio no le dió importancia y prosiguió su accidentada carrera en busca de la reelección para un nuevo período.
Originalmente el levantamiento estaba programado para los primeros días de febrero, lo que se confirma con la fecha del 9 de febrero que tiene la proclama redactada al efecto para anunciar la “Revolución”. Pero, posiblemente, la fecha se aplazó porque el ministro de la Legacion Americana, Charles B. Curtis, para la ocasión se encontraba de visita en la ciudad de Santiago. Para disimular la participacion de Trujillo en la rebelión la proclama la firmó el licenciado Estrella Ureña, y según algunos historiadores en la redacción de la misma participó el entonces joven abogado Joaquín Balaguer.
Las fuerzas rebeldes tomaron a Santiago y Montecristi sin disparar un solo tiro; luego pasaron por Moca y La vega, sin que nadie les saliera al paso. Las tropas entraron a la capital libres de obstáculos y hacían disparos al aire para intimidar a la población. El cuartel general de la revolución fue establecido en la Puerta del Conde, bajo el mando del coronel Antonio Jorge, mientras el oficial José Estrella fue apostado con sus tropas en la Puerta de la Misericordia, entre la calle Arzobispo Portes y Palo Hincado.  Tancredo Saviñón y Rafael Berrido, acamparon en los alrededores del edificio de Obras Públicas, que estaba en Ciudad Nueva, mientras que Wenceslao Figuereo quedó bajo control de la Policía Municipal.
En la mañana del 24 de febrero la ciudad capital despertó a la realidad de que un movimiento había estallado en Santiago, y de inmediato una multitud de seguidores de Horacio se concentró en la mansión presidencial, mientras algunos ministros del gobierno horacista trataban de celebrar una rueda de prensa para discutir la stiuación. Allí se dieron cita altos funcionarios, autoridades y empleados públicos, hombres y mujeres del pueblo tratando de escuchar lo que se discutía y dispuestos a ofrecer su respaldo al Gobierno. En horas de la tarde el presidente Vásquez y su esposa, el vicepresidente José Dolores Alfonseca, los presidentes de las cámaras legislativas, juntos a senadores y diputados con sus familias, invadieron la legación americana. El ministro Curtis los recibió con “recelo” y aconsejó al presidente y su comitiva “refugiarse en la Fortaleza Ozama”, lo que significaba ponerse “en la boca del lobo”.
Con Horacio a su lado, el Curtis se comunicó con Trujillo, recibiendo del general “renovadas seguridades de fidelidad al Presidente de la República y su Gobierno”. En ese ambiente todavia Vásquez, ciego y sordo a la realidad del momento, solicitaba y aceptaba cándidamente los consejos del representante americano y éste, a su vez, increiblemente, también creía en las promesas de fidelidad de Trujillo.
En una visita a la fortaleza Ozama, Horacio se comunicó con Curtis para informarle su interés de transmitirle personalmente sus dudas sobre la lealtad del jefe del Ejército. El delegado reaccionó violentamente y cuando se encontró con Trujillo lo conminó a que respondiera por su conducta “pasiva y nula como jefe de las Fuerzas Armadas en un instante tan decisivo como el que estaba experimentando el país”. Pero el gendarme, de manera cínica, le expresó a Curtis: “Bajo palabras de honor, le reafirmo mi fidelidad al Gobierno”.
Míster Curtis, todavía aferrado a la idea de salvar el gobierno y satisfecho con las promesas de Trujillo, aprovechó su visita a la fortaleza para insistir que era preciso hacer ciertas concesiones a los revolucionarios, las cuales comprendían, entre otras, la inmediata renuncia del vicepresidente Alfonseca, la aceptación del principio de no reelección, así como la revalidación de la Ley Electoral del año 1924. Tras breves consultas con sus partidarios Vásquez dijo estar conforme con todo menos con la condición de no reelección.
Para conversar con los insurgentes Curtis envió a Santiago a Mr. Cabot, secretario de la delegación, y Estrella Ureña y Desiderio Arias al recibir la propuesta del acuerdo preliminar, respondieron que “tenemos que hablar con los demás líderes”. Mientras tanto, el presidente Vásquez, visiblemente nervioso, envió al Cibao a un hombre de su personal confianza, el coronel José Alfonseca, al frente de un contingente de tropas a contener la marcha de los revolucionarios.
Pero el general Trujillo revocó la orden presidencial y en lugar de Alfonseca reclutó al coronel Simón Díaz, quien asistió a las tropas hasta su entrada triunfal a la ciudad capital.
Las partes beligerantes presentaron pliegos de posiciones para finiquitar el conflicto. Se acordó las renuncias del presidente y del vicepresidente y el nombramiento de un nuevo Secretario de lo Interior, que pasaría a ocupar la Presidencia de la República, conforme el derecho de sucesion previsto en la Constitución.  Horacio propuso para el cargo al licenciado Angel Morales, pero se impuso la propuesta de los rebeldes, que sometieron a Estrella Ureña, que días después pasó a ocupar la Presidencia de la República.

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