19 SEP 2015, 12:00 AM



Milvio Pérez en plena faena.
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Milvio Pérez –un fotógrafo independiente con estudio abierto al lado del teatro Leonor en la Arzobispo Nouel- multiplicó su presencia en los escenarios en los que se verificó la guerra de abril del 65, resultando su labor en uno de los registros gráficos más completos de aquellos acontecimientos. Su ojo escrutador captó las primeras imágenes del accionar de las masas que se lanzaron a las calles a reclamar el retorno del orden constitucional y en algunos casos a tomarle cuenta a partidos y medios de comunicación que contribuyeron al golpe del 25 de septiembre del 63 que derrocó el gobierno de Juan Bosch y disolvió las instituciones democráticas surgidas en las elecciones del 20 de diciembre del 62.
La celebérrima batalla del Puente Duarte, la toma de la Fortaleza Ozama que alojaba al cuerpo policial antimotines de los cascos blancos, la formación del comando constitucionalista de la Pina con Canela donde surgió el gobierno de Caamaño. Las negociaciones con la Comisión de la OEA que buscaba una salida política al conflicto bélico. Hasta culminar con la batalla del Hotel Matum en Santiago –ya en pleno ejercicio del gobierno de García Godoy-, cuando se intentó liquidar en una operación de ataque sorpresa el liderazgo constitucionalista. Son todos episodios que quedaron capturados a manera de crónica fotográfica de los eventos que marcaron dramáticamente el devenir histórico dominicano de los últimos 50 años.
Nacido en Río Verde, La Vega, en 1939, lo conocí en su estudio en los años 60, donde operaba una pequeña librería que ofertaba clásicos de la literatura universal en colecciones populares, así como un surtido de periódicos y revistas de los países socialistas, como la cubana Bohemia, el semanario Novedades de Moscú, Mujer Soviética, Pekín Informa, así como la Revista Internacional, órgano teórico oficial de los partidos comunistas y obreros que se editaba en Praga. Junto a estas publicaciones, se encontraban en sus estanterías las ediciones en lenguas extranjeras de las obras de Marx, Engels, Lenin, Mao y Jruschov, impresas en Moscú y Pekín, que se difundían profusamente en esos tiempos. Cuando el país se abrió a la circulación de las ideas y las ideologías contemporáneas tras la decapitación de la dictadura de Trujillo. En la operación de esta singular Librería Cultura, que hoy se situaría frente a La Trinitaria de Virtudes Uribe, le auxiliaba su hermana Piedad.
Un joven buenmozo, de trato afable y servicial, Milvio irradiaba dinamismo contagioso. Temprano se había vinculado a Manolo Tavárez Justo y a la Agrupación Política 14 de Junio, participando en las actividades emprendidas por esta organización y su líder, de las cuales conserva un valioso registro de imágenes que han sido exhibidas en múltiples ocasiones y forman el cuerpo principal de una obra alegórica. Igualmente, su lente se enfocó en las acciones populares que marcaron la transición desde la dictadura a la lucha por la libertad, cuando los ciudadanos ganaron las calles y pelearon cada palmo de sus derechos en la plaza pública. Derribando las estatuas y otros símbolos de la Era de Trujillo, reclamando el ejercicio pleno de las libertades, el respeto a los derechos humanos y el castigo a los culpables de los crímenes del régimen.
Se podría decir que en esa fragua candente se forjó Milvio, fortaleciendo el dominio de las artes del oficio. Su sentido de compromiso social y político lo llevaría a militar en el Partido Socialista Popular, una organización mucho más reducida en miembros que el 14 de Junio, formada por viejos cuadros dirigentes en las luchas contra Trujillo de los años 40 (Juan y Félix Servio Ducoudray, Tulio Arvelo, Pedro Mir, Pericles Franco, José Espaillat, Quírico Valdez, Justino del Orbe, Mario Sánchez Córdoba), a la cual se le había unido una nueva generación integrada por Asdrúbal Domínguez, Luis Gómez, Tony y Narciso Isa, José Israel Cuello, Alfredo Conde, Diómedes Mercedes, Franklin Franco, Manolo González, Andrés Avelino, entre otros.
Los eventos de la guerra de abril fueron cubiertos por profesionales del lente como Onorio Montás, quien laboró como reportero gráfico para los periódicos Patria y La Nación, ambos editados en la zona constitucionalista. El primero más punzante en su línea informativa y comentarios de opinión, con la concurrencia de las plumas del Chino Ferreras, Alberto Malagón, Alfredo Manzano y José Israel Cuello en su cuerpo de redactores. El segundo más moderado, en su condición de órgano oficial del gobierno de Caamaño. En esa tarea le acompañó otro fotógrafo, Manuel María Caminero Morcelo, Yulín, que era pagada a jornal de $5.40 Patria y $4.50 La Nación.
Juan Pérez Terrero, quien laboraba en El Caribe –que había dejado de salir tras los primeros días de la revuelta-, cubrió los acontecimientos que se produjeron en los tormentosos días de la reaparición del diario, coincidentes con los meses iniciales de la presidencia de García Godoy. Una foto que recorrería el mundo, seleccionada por la agencia noticiosa AP como una de las 100 top, recoge el momento dramático en que un marine conmina a un moreno dominicano en la avenida Duarte a recoger la basura derramada en la calle y éste se le cuadra con los puños cerrados en actitud de pelea. Un símbolo de la resistencia cívica, registrado por Pérez Terrero y seleccionado por Radhamés Gómez Pepín, quien a la sazón era jefe de redacción del matutino y corresponsal local de AP.
Thimo Pimentel –un médico y artista multifacético, ceramista, grabador y fotógrafo, amigo lasallista de infancia- tomó su cámara y se impuso dejar un testimonio visual del 65, moviéndose con más libertad entre la zona constitucionalista, la de seguridad controlada por los marines y el emplazamiento del gobierno de Imbert. Fruto de lo cual es su libro ¡Identify! ¡Identify!, base de una expo en Galerías 360 y en el Centro de la Imagen. Los reporteros extranjeros también levantaron importante material de estos sucesos, como es el caso de Bernard Diederich, quien laboraba como corresponsal para Time, autor de la obra Una Cámara Testigo de la Historia. Life magazine atesoró un rico archivo sobre la crisis dominicana.
Milvio Pérez ha estado alimentando con su material gráfico numerosas exposiciones realizadas para conmemorar los eventos del 65, tanto en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, como sucediera en 2012 y 2015, en el enverjado del Parque Independencia bajo patrocinio del Ministerio de Cultura, en el Archivo General de la Nación, en la UASD y en otros recintos que se han beneficiado del talento profesional de este militante de la patria y artista del lente. Sus fotos han ilustrado ediciones de obras como la de Fidelio Despradel, Abril 1965: Historia Gráfica de la Guerra del Abril, con varias ediciones, y más recientemente la de René Fortunato sobre la revolución constitucionalista del 65. En el 2012, la FIL publicó un catálogo de sus fotos sobre la en conflicto bélico de abril.
La colección de Milvio recorre todos los episodios clave del 65 y los inicios del 66. Y los detalla en su intimidad más cercana. Una visita a estas imágenes permite penetrar más allá de la lectura superficial del fenómeno de la guerra civil que trasmutó en guerra de resistencia, ante el despliegue portentoso de las unidades militares élite de los EEUU. Un bigotudo Roque Félix, mi entrañable camisero y consagrado ajedrecista ido recientemente, junto a su bella hermana, esposa de mi primo Pedro Braulio Álvarez. Los amigos Edmundo García, Sully Saneaux y Pepe Rivas, en foto colectiva en el Comando San Carlos, donde destacó por su valor Lipe Collado, compañero de infancia. Periodistas constitucionalistas en un encuentro encabezado por Ercilio Veloz Burgos, en el cual se ve charlando a un atildado sociólogo e historiador Franklin Franco. Bernardita Jorge hablando en el Baluarte, en ofrenda de la Federación de Mujeres el Día de Duarte. Mi compañero de curso y barrio, Nelson Minaya Miranda, con fusil en mano, junto a Héctor Aristy.
Don Fernando Silié Gatón, ministro de Educación de Caamaño, profesor universitario y abogado-notario, en la casa que ocupaba en la José Reyes con Padre Billini donde pasamos los bombardeos del 15 y el 16 de junio, oficializando la unión de Onelio Espaillat y su desposada. Esta con traje blanco de novia, aquél con uniforme de comando, ambos emocionados. En secuencias en las que aparece Fermín, otro entrañable Silié Gatón, odontólogo de largo ejercicio en la 30 de Marzo con Abreu, encima de la Ferretería El Gallo.
Las actividades del Frente Cultural, Silvano, Miguel Alfonseca, René del Risco, Fernando Casado, el Pera Pérez Martínez, en lectura de poesía de combate. Exposición de pinturas en la Galería Auffant en el El Conde. Los murales y cartelones desplegados en el Eugenio María de Hostos, en las viejas murallas de la Fortaleza Ozama, en las bocacalles y edificios principales de la ciudad.
Los funerales de Oscar Santana, Amadeo Conde Sturla, Jacques Viau, Gabi Castillo, Yolanda Guzmán y otros combatientes. Las movilizaciones de pueblo en el Parque Independencia y en la Fuerza. Tirso Mejía Ricart discurseando el 16 de agosto. El recibimiento a Bosch en el Placer de los Estudios, en el Malecón. Pedro Manuel Casals y Marcio Mejía Ricart junto a Bosch en el AILA a su regreso. Caamaño y otros oficiales agasajando a los corresponsales extranjeros Diederich, Berrellez, Szulc, Kurzman. Encuentros bohemios con Armando Recio cantando y Enriquillo Sánchez tocando el acordeón piano, con la presencia de Lachapelle, Lora Fernández, Diego Guerra. Caamaño, con Montes Arache, Aristy y otros, cantando a coro en torno a Aníbal de Peña, al piano.
La conferencia de prensa de Caamaño al despedirse, antes de viajar en enero del 66 hacia Londres. Junto a él, Aristy, Jottin, Freddy Prestol Castillo, Manolo Bordas, Sucre Félix y Dante Canela. Para regresar, siete años después, por Caracoles. En un virtual abrir y cerrar de ojos.