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lunes, 19 de febrero de 2018

Comentarios al libro de Angelita Trujillo (1)

Nemen Hazim Bassa
Nemen Hazim Bassa
Notas del blog: Angelita Trujillo es la madre de Ramfis Dominguez Trujillo
Comentarios al capítulo I del libro “Trujillo, mi padre en mis memorias”, de Angelita Trujillo/“Papón”
Comentarios al capítulo I
Angelita Trujillo comienza a desarrollar su libro, “Trujillo, mi padre en mis memorias“, partiendo de una realidad socioeconómica muy propia, totalmente distanciada del entorno social dominicano de esa y de todas las épocas, incluyendo la actual. La “princesa” Angelita, en la “monarquía” de su padre, es la expresión de la desconexión total de la “hija mimada” con una sociedad forjada, durante 30 años, sobre la miseria de obreros y campesinos, explotados como en los mejores tiempos de la esclavitud, y las torturas y asesinatos más horrendos que haya conocido pueblo alguno en América Latina. Por eso la fotografía de la portada: “La Princesa y el Rey en un nivel celestial”.
Angelita inicia la elaboración, no de un libro, como tendría que ser, sino, de “…una composición acerca de mis vivencias, de mi mundo y mis experiencias, como la hija mimada que fui, del padre más maravilloso del mundo…” (Pág. 41, Cap. I, 1ra Edición 2009), lo que podría dar por concluida la lectura, acción que no tomaremos para poder desarticular la inconclusa tarea que le quedó pendiente de la escuela superior: una “composición” sobre su padre, “Generalísimo, Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva”.
En las primeras 62 páginas (62 pues están incluidas las que corresponden a la presentación, el índice, el proemio, la dedicatoria y el prólogo), hasta la marcada como número 42, María de Los Ángeles del Sagrado Corazón de Jesús -Angelita- Trujillo de Domínguez (así se llama quien fue la “Princesa de Santo Domingo“, aparatoso nombre como aparatosos eran los títulos de su padre), no ha sido capaz de preguntarse de dónde provenía tanta riqueza; por qué su familia tenía tantas haciendas, empresas, fincas, sirvientes; cómo se construyó ese imperio; cuál era el origen socioeconómico de su padre; en qué trabajaba antes de llegar a la Presidencia de la República.
No. Angelita Trujillo no ha sido capaz de preguntarse nada; ella da inicio a su “composición” y alcanza la página 42, que es la que concluye el primer capítulo, y no hay indicios de que muestre interés alguno por dar a conocer los orígenes de su opulencia, los orígenes de la nobleza que exhibe en la monarquía creada por su progenitor. “La Princesa” hace narraciones, emite juicios, muestra datos históricos -retorcidos y acomodados- y se propone entrar al capítulo II sin poner pie en tierra, dando por entendido que su riqueza era normal -caída del cielo, por obra y gracia del Espíritu Santo-, como también era normal la pobreza y la sumisión de todo un pueblo ante el “hombre humano” (Pág. 35) que era su padre (dulces y significativas palabras que usa para referirse al déspota y criminal Rafael Leónidas Trujillo Molina).
“¿De dónde salió?“, se pregunta Juan Bosch en la página 40 de su libro “Póker de espanto en el Caribe” (1ra Edición, 1988, Editora Alfa y Omega). “¿Cuáles son las raíces de su psicología, el origen de su sed de más poder, de más riquezas, de más honores; su capacidad de odiar, la necesidad de tener a su alrededor cada vez mayor servilismo, más sumisión; su incapacidad para tolerar la existencia de un alma libre cerca de sí, su odio a quien quiera que se distinga sin su ayuda, su afán de calumniar, rebajar, enlodar reputaciones?” continúa preguntándose el profesor Bosch para, después de analizar la procedencia, la educación, el entorno, la personalidad, la formación y el comportamiento, establecer las siguientes premisas sobre Trujillo:
.- Nació de “segunda”, por lo que desde niño sintió el desprecio de la gente de “primera”, creciendo con un complejo de inferioridad que le llevó a denigrar a todo aquel que era un obstáculo para sus propósitos y con una obsesión por poseer riquezas, sólo “para sobreponerse a los que le despreciaban por su origen”.
.- Además de sus “maldades, de toda la podredumbre y de toda la bajeza que había a su alrededor”, aprendió de la fuerza de ocupación norteamericana “el desprecio a los dominicanos”“Las debilidades se conjugaron con una gran guerra mundial dando por resultado la ocupación militar… justo a tiempo para que esa encarnación de los vicios dominicanos pudiera prosperar y llegar a la cima del poder político en el país”.
.- “La incapacidad de Trujillo para distinguir matices y su fuerza de odio… le llevaron a medir con un mismo rasero a todos sus adversarios… A todos los aplastaba con igual saña; y esa saña no reconocía límites ni materiales ni límites morales“. Con el terror, fue “el amo en tres órdenes: el militar, el político y el económico… sometiendo al país… a su voluntad…“. El ejército, que no pudo escapar a ese terror, lo sembró en el pueblo, “gracias a lo cual pudo hacerse amo absoluto de la vida política del país“. De ese terror ni sus familiares escaparon; un “terror compacto, inmisericorde“, que se convirtió en la base del imperio económico. Con todo en sus manos, pudo adueñarse de toda la riqueza del país.
.- El régimen se sustentó “en las clases que se desarrollaron bajo su gobierno“: terratenientes, y una pequeña burguesía que floreció gracias “a que la legislación social de Trujillo le permitió tener mano de obra esclava… y tierras casi regaladas“, y que, además, se asoció con el dictador en muchas de sus empresas, “sobre todo en las de carne y leche y sus derivados“.
Como se puede apreciar, las explicaciones que se desprenden del libro de Juan Bosch debieron marcar el inicio de la “composición” que Angelita quiere plasmar con “Trujillo, mi padre en mis memorias“, para que los serviles que con su presencia le apoyaron en la puesta en circulación, al margen de una oligarquía allegada a la familia y beneficiada durante la dictadura, conozcan los orígenes de su “nobleza” y la procedencia de la descomunal riqueza, sobre la que inicia narración sin contemplar seriedad, integridad y moral de ningún tipo.
Este primer capítulo que acabamos de leer nos muestra una Angelita preocupada por lo que llama “industria antitrujillista“, definición que da a la gran cantidad de libros que reconocen el heroísmo de los actores del 30 de mayo y relatan la historia de robos, torturas y crímenes sobre los que su “adorado padre” ejerció el poder por más de 30 años. Nos habla sobre millones de dólares y pesos, “cajas con archivos” y otras actividades monetarias, sin el menor respeto a un pueblo que fue despojado de sus mejores hombres y de más de 800 millones de dólares, cantidad que se estima se llevó la familia cuando el último Trujillo abandonó la tierra de las hermanas Mirabal.
En las primeras 42 páginas Angelita nos narra:
. El embarque, junto al cadáver de su padre, de “52 cajas debidamente selladas que contenían todos sus archivos personales y oficiales de mi padre correspondientes a los años 1930-1961. Había también, una maleta con un dinero en pesos dominicanos, provenientes de algo relacionado con mi padre, que no recuerdo bien, pero que ni Ramfis ni yo quisimos y se lo dimos a Radhamés” (Pág. 14). (¡Sin comentarios!).
. La “Justicia Sumaria” a aplicar a los “inculpados confesos criminales” que acabaron con la vida del dictador y el despliegue de ejercicio profesional por parte de Ramfis, “doctorado en leyes, obedeciendo los deseos de mi mamá, impartiendo justicia en un crimen que estremeció las entrañas mismas de la nación. Se optó por esta opción pues era la más indicada en vista de que la aplicación de la justicia es un magnífico disuasivo contra la delincuencia y la criminalidad, y porque la aplicación de la justicia en forma sumaria ofrecía la flexibilidad que la premura del momento exigía” (Pág. 16). (¡Sin comentarios!).
. La entrega de diez millones de dólares a Ramfis, que el señor “Tirso Rivera, encargado de la oficina personal de mi papá, tenía a su nombre en un banco en el exterior…” (Pág. 23). (¡Sin comentarios!).
Lo único nuevo (si es que puede servir para algo), en este primer capítulo de Trujillo, mi padre en mis memorias, de María de Los Ángeles del Sagrado Corazón de Jesús -Angelita- Trujillo de Domínguez, es que a Ramfis, su padre, el criminal Rafael Leónidas Trujillo Molina, le llamaba “Papón“.
CONTINUAREMOS CON LOS COMENTARIOS AL CAPÍTULO II…
Ing. Nemen Hazim
San Juan, Puerto Rico
22 de abril del 2010/(Revisado para Acento el 10 de febrero de 2018)

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