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martes, 9 de mayo de 2017

El Sisal de Azua, campo de exterminio de antitrujillistas (Iy II)



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Sisal o agave, llamada cabuya en La Española.

Por Santiago Estrella Veloz
Recordando a Santiago Estrella Veloz un dia como hoy. Excelente periodista y mejor ser humano. Su pluma siempre la utilizo para las mejores causas. Paz a sus restos.
 La historia de El Sisal de Azua, uno de los campos de concentración más terribles que existió en el país, no puede escribirse si no se menciona al General José María Alcántara. Ese campo para recluir prisioneros políticos adversarios de Trujillo se llamaba así porque en 1950 al dictador se le ocurrió establecer su propia plantación de sisal o agave, planta llamada cabuya por los aborígenes de La Española. Es originaria de Yucatán, México, y su fibra es utilizada para fabricar cuerdas, sacos, lonas y otros productos similares. El agave azul es materia prima para la bebida llamada tequila mexicana.
En aquella época, los sacos para empacar el azúcar, arroz, café y cacao que se producía en la República Dominicana eran comprados principalmente en México. Cuando los precios se dispararon, Trujillo decidió cultivar su propio sisal y establecer una fábrica de sacos y cordelería. Total, la industria del azúcar era de su exclusiva propiedad y de sus familiares más cercanos que eran propietarios de acciones, negocio compartido en menor grado con algunos inversionistas norteamericanos
Sisal o agave, llamada cabuya en La Española.
Con el propósito de instalar la fábrica de sacos y cordelería, se creó la Dirección de Fomento y Cultivo del Sisal, en Pueblo Viejo de Azua. Las edificaciones y sus dependencias fueron inauguradas el 25 de octubre de 1952. Las obras inauguradas consistían en 20 edificaciones de madera para alojar el personal dirigente, a los empleados y obreros, y para uso de talleres, almacenes y garajes de la empresa, todas las cuales disponían de cinco molinos de viento con sus respectivos pozos tubulares para proporcionar agua, además de contar con energía eléctrica y una red telefónica a dos vías, de 17 kilómetros, conectada con la central de teléfono interurbano de Azua, y varios caminos carreteros interiores, además de la vía principal.
En un discurso, el representante de la secretaría de Agricultura, agrónomo Juan Pablo Duarte, homónimo del Padre de la Patria, dijo que las obras de El Sisal tendían "al bienestar colectivo, como todas aquellas que construye el superior Gobierno en esta civilista Era de Trujillo"
Es evidente que el orador ignoraba que El Sisal se convertiría en un campo de concentración y, aunque lo sospechara, era impensable que se atreviera a decirlo.
Los trabajos formales para dar paso a la plantación se iniciaron en El Rosario, de Azua, cuando en mayo de 1950 llegaron allí múltiples equipos pesados, que de inmediato comenzaron a tumbar árboles y eliminar todo escollo existente para acondicionar los terrenos. Los bulbos de sisal fueron llevados en furgones, pues basta solo con decir que la extensión a sembrar era de alrededor de 120 kilómetros cuadrados. Los trabajos de preparación de tierras hasta que comenzó la cosecha de sisal duraron nada más y nada menos que dos años.
Como era natural, no había tantos trabajadores para trabajar en esa finca tan extensa. Entonces fue que comenzó el reclutamiento forzado de hombres, no importa en cuál sitio del país. El Ejército asumió esa tarea. Cientos de infelices que eran detenidos por las patrullas en pueblos y caminos, eran obligados a montarse en camiones para ser trasladados a El Sisal, no importaba que tuvieran sus documentos al día. No se les permitía siquiera avisar a los familiares, lo que provocaba incertidumbre y miedo en los hogares.
Pero también a El Sisal fueron llevados numerosos presos políticos, que fueron sacados de las cárceles La Victoria y La 40. Eran sencillamente presos, y como se decía en épocas pasadas "el preso no es gente". En El Sisal, los prisioneros eran forzados a trabajar de sol a sol, sin agua y prácticamente sin comida, pues la que cocinaban los militares no alcanzaba para tanta gente.
En El Sisal, uno de los militares más crueles fue el coronel José María Alcántara, designado por Trujillo como comandante, autor de numerosos crímenes. Sustituyó al general Arturo R. Espaillat, mejor conocido como "Navajita" o "La Gillette", en referencia a su crueldad, aunque curiosamente no ha sido mencionado como asesino de presos en El Sisal. Uno de los principales ayudantes de Alcántara era el coronel Edigen Nin, descrito por los presos como "un hombre sin compasión", que se regocijaba con el sufrimiento de los demás y al que se le atribuyeron numerosos crímenes.
Alcántara había sido trasladado allí con un rango inmediatamente inferior al de teniente coronel porque en una ocasión intentó matar a un general con el que tuvo una discusión. Según versiones, no logró su objetivo por la rápida intervención de otros militares.
Una de las tantas historias recogidas entre ex prisioneros de El Sisal da cuenta de que, en una ocasión, un preso estaba inmóvil porque se encontraba enfermo. Alcántara preguntó por qué el hombre no estaba en El Sisal, a lo que un ayudante le dijo que tenía la cara hinchada debido a la infección de una muela. Alcántara llamó al preso y le exigió que abriera la boca. Cuando el infeliz así lo hizo, Alcántara sacó rápidamente su pistola y le dio un balazo en plena boca. Los sesos y la sangre del preso salpicaron el uniforme del coronel, quien sin mediar palabras abandonó el lugar para cambiarse de ropa y continuar con su tarea.
En otra ocasión, a ocho prisioneros que intentaron escapar se les obligó a agruparse, tras de lo cual Alcántara dio la orden a unos guardias para que los ametrallaran.
Los cadáveres fueron colgados de una viga con dos soportes en los extremos, como "escarmiento" para los demás presos, que tenían que durante un par de días tuvieron que pasar por debajo de los muertos presionados por los militares, para que presenciaran la macabra escena.
Es difícil de creer, pero otra historia refiere que en una ocasión, después de reunir a los presos preguntar cuáles estaban enfermos, unos 80 levantaron la mano, supuestamente para ser llevados a un hospital. Alcántara mandó a construir un gran hoyo, para lo cual tuvo que ser utilizada una pala mecánica. Ordenó alinear a los hombres a orillas del hoyo y entonces hizo una señal al teniente Ramón Castillo, hombre de su confianza, quien a su vez dio la orden de "!fuego!" a los guardias que le acompañaban, que dispararon sus ametralladoras hasta agotar los tiros. Otros presos dejados con vida para que taparan el hoyo después de la masacre, también fueron fusilados.
Un método de tortura para castigar a algunos prisioneros consistía en amarrarlos en el interior de una caseta, donde se les estampaba un hierro caliente en el pecho con la inscripción El Sisal, como si se tratara de animales. Era una práctica parecida a la utilizada por los nazis contra los prisioneros judíos, que eran marcados con un número con hierros al rojo vivo. En ocasiones esto se hacía en El Sisal simultáneamente con otros prisioneros, para que los alaridos fuesen más claramente escuchados por sus compañeros y así aumentara su miedo.
Este hombre sanguinario, Alcántara, nació el 5 de abril de 1908 en el paraje Sabana Mula, de San Juan de la Maguana, hijo de José Ramón Alcántara y María Regla Contreras. En su juventud, Alcántara trabajó como vendedor de pan, hasta que un buen día, tras una discusión con Manuel, su hermano mayor, le hirió con un cuchillo y se fue de la casa, a donde regresó tiempo después vestido de militar. En esa calidad estuvo de puesto en muchos pueblos, tanto en el Este como en el Suroeste, pero fue en Pedro Santana donde Alcántara asesinó más gentes, entre ellos centenares de haitianos. El método era ahorcarlos en una Ceiba, conocida luego como "la Ceiba de Alcántara".
El coronel Alcántara, siendo capitán, participó también en el asesinato de Porfirio Ernesto Ramírez Alcántara, alias Prim, hermano del exiliado Miguel Ángel Ramírez Alcántara, quien llegó a ser general durante la guerra librada en Costa Rica por José Figueres.
Prim y otras ocho personas fueron emboscadas en la carretera Sánchez, en el lugar llamado El Número, de Nizao. Esa operación estuvo dirigida por el general Federico Fiallo y tuvo lugar el 1 de junio de 1950. En la misma participaron también el capitán José Demetrio Almonte Mayer, el ex capitán Augusto María Ferrando, el teniente José de la Cruz y el sargento Alejandro Méndez, de la Policía, además de un raso no identificado.
A El Sisal fueron llevados numerosos presos políticos, que fueron sacados de las cárceles La Victoria y La 40. Eran sencillamente presos, y como se decía en épocas pasadas "el preso no es gente".
En El Sisal, eran forzados a trabajar de sol a sol, sin agua y prácticamente sin comida, pues la que cocinaban los militares no alcanzaba para tanta gente.

Prim Ramírez era un próspero comerciante. Igual que su hermano, era un enemigo declarado de Trujillo. La trampa para matarlo se comenzó a materializar cuando un grupo de guardias le pidió "una bola" al chofer de Prim Ramírez, llamado Juan Rosario, quien manejaba un camión International lleno de mercancías adquiridas en Ciudad Trujillo, con destino a San Juan de la Maguana.
En el camión, además del dueño, viajaba otro chofer conocido como Califón. Encima de la cama del camión iban tres ayudantes conocidos como Los Cibaeños, una mujer no identificada y el comerciante de pollos Zenón Alcántara.
Los soldados supuestamente se quedarían en el puente de Nizao, pero un auto con un comando tomó la delantera del camión y obligó al chofer a detenerse. Prim, al darse cuenta de que era una emboscada, saltó del camión para enfrentar a los soldados, que iban armados con pistolas y garrotes. El general Fiallo dio el frente y preguntó al comerciante:
--¿Tú no me conoces?
--¿Cómo no te voy a conocer, asesino? ¿Es así como ustedes matan a los hombres machos?
Sin vacilar, aquel hombre corpulento propinó una trompada tal al general Fiallo que le hizo rodar por el suelo. Un oficial le aagredió con un garrote, pero Prim se lo quitó y lo golpeó, también derribándole. Sonaron entonces varios disparos y Prim cayó al suelo, mientras sus compañeros de infortunio presenciaban impotentes la escena, pues estaban encañonados por los guardias.
El cadáver de Prim fue despojado del dinero y de los documentos que portaba. La misma suerte corrieron los otros documentos que estaban en la cajuela del camión.
Fiallo ordenó a un guardia que manejara el camión. Continuaron la marcha hacia Baní, sin pasar por el pueblo, hasta que llegaron a El Número, donde los testigos del crimen fueron atacados a garrotazos, incluida la mujer que en vano pedía que no la mataran. Una vez terminada la macabra tarea, el camión con los cadáveres fue empujado hacia un precipicio, pero no llegó al fondo porque se lo impidieron unos grandes tocones. Entonces los guardias bajaron al lugar por órdenes de Fiallo, le rociaron gasolina y le prendieron fuego.
Sin embargo, el chofer Juan Rosario sobrevivió milagrosamente, a pesar de haber sido rudamente golpeado con los garrotes de los guardias y también a pesar de que su cuerpo fue severamente afectado por las llamas.
Los guardias se marcharon, ignorantes de la suerte de Rosario, quien a pesar de sus críticas condiciones logró caminar unos ocho kilómetros, hasta que fue recogido por un camionero y llevado al hospital de Baní.
El doctor Víctor Manuel Ramírez Alcántara, hermano de Prim, recibió la noticia de lo sucedido de parte de Juan Rosario. El médico se trasladó a Nizao el 2 de junio, es decir al día siguiente del suceso, para examinar el lugar de la tragedia, con permiso de las autoridades. Sin embargo, el cadáver de su hermano Prim no estaba entre los demás cadáveres.
El chofer Rosario, temeroso de morir por los golpes y las quemaduras, contó al doctor Ramírez Alcántara todo lo relacionado con el crimen. Sin embargo, el pobre hombre fue asesinado por desconocidos en el propio hospital, mientras jamás se pudo encontrar el cadáver de Prim.
El doctor Ramírez Alcántara tuvo que tomar el camino del exilio. Sin embargo, antes de eso y cinco días después del crimen, a su consultorio se presentó el sargento de la Policía Alejandro Méndez, quien le contó con detalles todos los pormenores del asesinato de Prim y sus compañeros, detalles que conocía perfectamente pues había recibido una orden del coronel Teodoro Noboa Martínez de participar en una "misión especial" con miembros del Ejército.
Horas después de su encuentro con el doctor Ramírez Alcántara, el sargento Méndez fue arrestado y trasladado al Palacio de la Policía, en Ciudad Trujillo. Esa misma noche entregaron el cadáver a su esposa, a quien comunicaron que el sargento se había ahorcado.
El Gobierno dominicano, vale decir la tiranía trujillista, informó oficialmente que la muerte de Prim y sus compañeros "fue un accidente", según publicó el diario El Caribe el 16 de febrero de 1962.
Una querella contra José María Alcántara por el asesinato de Prim Ramírez y sus acompañantes fue interpuesta por el doctor Víctor Manuel Ramírez Alcántara ante el procurador general de la República, doctor Antonio García Vásquez, el 27 de enero de 1962. El proceso verbal fue iniciado originalmente en La Habana el 17 de junio, bajo fe de juramento del médico. El expediente fue luego tramitado a Santo Domingo, donde se le dio curso.
El 20 de noviembre de 1963 el general Alcántara se presentó voluntariamente ante el procurador general de la República, quien lo envió al penal de La Victoria. En esos mismos días, la Suprema Corte de Justicia revocó una fianza que otorgó en San Cristóbal la libertad bajo fianza al ex general, apresado por las acusaciones que se le hicieron. Con anterioridad había estado preso en la fortaleza Ozama.
El 13 de junio de 1962 las autoridades informaron que en la celda de Alcántara se encontró la suma de RD$34,871.00, dinero que fue depositado en el Banco de Reservas, en un giro a favor del Tesorero Nacional.
El 17 de noviembre de 1965, al calor de la revolución constitucionalista iniciada en abril, el entonces procurador general doctor Manuel Ramón Morel Cerda informó que Alcántara había "escapado" de La Victoria junto al también esbirro Victor Antonio Alicinio Peña Rivera, un ex jefe del temible Servicio de Inteligencia Militar (SIM), de Trujillo. Peña Rivera fue quien dirigió el operativo que culminó con el apresamiento y asesinato de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, el 20 de noviembre de 1960. Peña Rivera se radicó en Puerto Rico, donde con ayuda de un exiliado periodista cubano se dedicó a escribir libros sobre sucesos de la dictadura, en todos los cuales se pinta como un angelito.
El procurador informó que junto a Alcántara y Peña Rivera también "escapó" el antiguo jefe del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea, el ex coronel Octavio Balcácer Bonilla, alias Tavito.
Hasta que ocurrió la supuesta "fuga", el ex general Alcántara no había procesado, como tampoco lo fue después.
En diciembre de 1966, el Tribunal de Confiscaciones descargó al ex militar de la acusación de enriquecimientos ilícito.
El 6 de julio de 1967, el ex general Alcántara fue objeto de un atentado, cuando el raso de la Policía Armando Montero Lebrón le disparó una ráfaga de ametralladora mientras Alcántara se encontraba sentado en una mecedora en la galería de su residencia de la avenida Independencia, en el Centro de los Héroes, de Santo Domingo. Inexplicablemente, los disparos no alcanzaron al ex general. Entonces el raso Montero Lebrón le lanzó una granada, que no estalló. El propio Alcántara lo apresó y lo llevó al Palacio de la Policía. La versión popular decía que Alcántara tenía "un resguardo de un brujo haitiano" que lo protegía "contra todo".
Montero Lebrón dijo que trató de matar a Alcántara porque había éste dado muerte a su padre, de lo cual fue testigo siendo un mozalbete. Según su relato, antes de matarle, Alcántara lo ató a un árbol cuyo tronco estaba lleno de hormigas caribe, dejándole en ese estado varias horas, hasta que finalmente le asesinó a golpes y disparos.
Montero Lebrón interpuso una querella contra Alcántara, la cual nunca prosperó, ignorándose posteriormente el destino del policía. Entonces circuló la versión de que "se perdió", muy empleada en la Era de Trujillo para decir que una persona había sido asesinada. El ex general Alcántara falleció de muerte natural en el hospital militar Enrique Litghow Ceara, el 14 de septiembre de 1970.
Alcántara había ingresado al Ejército el 10 de febrero de 1925, cuando tenía 21 años de edad. Paulatinamente ascendió de rango, hasta que fue designado general de brigada, el 5 de julio de 1961, un mes y cinco días después de la muerte a tiros de su mentor y guía, el generalísimo y dictador Rafael Leonidas Trujillo.
Fuentes consultadas:
El Caribe, 26 de octubre de 1952; Listín Diario, 7 de julio de 1967: periódicos nacionales, 15 de septiembre, 1970; Entrevistas del autor con algunos militares retirados; Archivo General de la Nación.

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