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PARAQUENOSEREPITALAHISTORIA .Para los interesados en el tema y los olvidadizos de sus hechos, aquí están para consultar múltiples artículos escritos por diversas personalidades internacionales y del país. El monopólico poder de este tirano con la supresión de las libertades fundamentales, su terrorismo de Estado basado en muertes ,desapariciones, torturas y la restricción del derecho a disentir de las personas , son razones suficientes y valederas PARA QUE NO SE REPITA SU HISTORIA . HISTORY CAN NOT BE REPEATED VERSION EN INGLES

miércoles, 19 de marzo de 2014

Dictadura y continuismo

Publicado el 18 Marzo 2014 Escrito por Manuel Hernández Villeta Los grandes males insolubles en la historia dominicana han sido el hambre, la miseria extrema, la falta de oportunidades y una masa desamparada en busca de un redentor. En una ocasión la masa principal de la población estaba inmersa en el campo, hoy se encuentra en los arrabales de las grandes ciudades. Un dictador de principios del siglo XX podía salir a los campos montando un bríoso caballo, botas lustrosas y sombrero ala ancha y tenía la atención mediática de la población, hoy sólo basta con mandar un mensaje vía internet, para asegurar seguidores, aunque sean amorfos. El gran dilema de las dictaduras y el continuismo dominicano es que una parte considerable -discutir al gusto si es minúscula, intermedia o mayoritaria, le dio apoyo. Ningún dictador solo con sus bolas, su sable y perros de presa se puede mantener en el poder. Las dictaduras surgen por coyunturas sociales, y se mantienen por apoyo mediática de sectores poblacionales que se le puede dar el calificativo que se quiera, pero que dan su militante apoyo. No se olvide que el padrino de esas dictaduras han sido los Estados Unidos. El silencio de los que auparon a los dictadores o de los que sobre sus hombros sin cabeza respaldaron las reelecciones, son el pedestal de acero donde se levantó el continuismo dominicano. Trujillo y Balaguer capearon sobre 53 años de la historia dominicana. No congelaron los deseos de libertad, la capacidad de lucha y la marcha inexorable de la historia, porque sobre el aliento de fuego de los dictadores el avance social no se detiene, y las coyunturas se alimentan de las frustraciones, de las esperanzas, de la inercia y de los combates de ensueños contra molinos de vientos que tienen las aspas de bronce. Trujillo, aunque fuera un criminal político, fue aupado por sectores sociales que ya estaban cansados de las montoneras y los generales de uniformes de fuerte-azul y charreteras de hojadelata. Trujillo pudo ser un ladrón político, pero dejó lo que en lo socio-político se puede llamar capitalismo de Estado. Todo el comercio, la industria, la tierra y los bienes productivos de este país estaban en poder de Trujillo. Un Estado, en la práxis, con ribetes socialista, aunque regenteado por un sátrapa. No se puede borrar de un plumazo que entre un dictador de caballo, horca y cuchillo y un déspota ilustrado se llevaron en sus garras 53 años de la vida dominicana. Los dictadores se hacen de las esperanzas inconclusas de esas masas silentes, que buscan redentores mágicos, no líderes para romper cadenas. De la intervención norteamericana, la ignorancia de los silentes, y la genuflexión de los intelectuales surgieron las circunstancias de ese medio siglo robado a nuestras libertades. La historia si se repite, es una gran farsa.

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