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Para los interesados en el tema y los olvidadizos de sus hechos, aquí están para consultar múltiples artículos escritos por diversas personalidades internacionales y del país. El monopólico poder de este tirano con la supresión de las libertades fundamentales, su terrorismo de Estado basado en muertes ,desapariciones, torturas y la restricción del derecho a disentir de las personas , son razones suficientes y valederas PARA QUE NO SE REPITA SU HISTORIA . HISTORY CAN NOT BE REPEATED VERSION EN INGLES

lunes, 25 de julio de 2016

Excelente entrevista a la nieta del dictador Trujillo, Aida Trujillo Ricart

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Donde estan y cuantos son los libros sobre Trujillo?


  • Dónde están y cuántos son los libros sobre Trujillo
    Tesoros bibliográficos. El padre Jesús Hernández se ha encargado en reunir una valiosa bibliografía sobre el dictador, la mayoría escrita durante su régimen. También acopia libros que llevan su firma, como cartillas, discursos (que otros le escribieron) y propaganda política.

Buena reseña sobre el tema, Frank Moya Pons tambien  lo toca y dice que hubo mas de 5000 libros laudatorios sobre Trujillo, en sus 31 años de dictadura 

Luis Beiro
luis.beiro@listindiario.com
Santo Domingo
Nunca se llegará a saber, a ciencia cierta, cuántos libros se han publicado de y sobre la figura de Rafael Leonidas Trujillo. La Biblioteca Antillense Salesiana (BAS) puede ser, en estos momentos, el centro bibliográfico nacional que conserve más cantidad de libros impresos sobre ese tema y que pueden ser consultados libremente por los usuarios que así lo deseen.
De la bibliografía publicada por autores dominicanos entre 1939 y 1961, con el tema específico de Trujillo, se encuentran catalogados 307 títulos, mientras que los publicados entre el 2000 y el presente, suman 138. También aparecen en el santuario del padre Jesús Hernández, bajo el rótulo editorial de “Ciudad Trujillo”, un total de 283 libros de diversos temas vinculados con áreas de la economía, la diplomacia, el derecho, la historia, la política y la cultura en la Era y que fueron publicados entre 1936 y 1961. Además, allí existen 34 libros que tienen al tirano como autor. Pero no son obras nacidas de sus facultades creativas.
Dentro de esa categoría se hallan sus discursos (escritos en su inmensa mayoría por los intelectuales de la época), Bases del Partido Dominicano, Cartillas y propaganda política.
Tesoros poco conocidos
La mayoría de los 624 libros hallados en los anaqueles de las BAS y que datan de la Era pertenecen al “género” de la literatura oficial. Es decir, o cantan los “logros” del tirano, o ensalzan su figura con loas desmedidas. Muy pocas obras literarias imparciales y escasas investigaciones independientes sobre variados temas se pueden descubrir dentro de esa papelería. En este último grupo vale citar “Trujillo y su obra”, del doctor Joaquín Balaguer, libro no bien visto por el sátrapa debido a unos párrafos elogiosos que el autor le dedicara a Rafael Estrella Ureña, quien a la fecha de publicación, ya estaba en desgracia con el tirano.
Sin embargo, en los 138 libros publicados sobre el dictador en los albores del nuevo milenio, ocurre todo lo contrario. La mayoría son investigaciones serias, críticas y aportativas de reflexiones históricas y sociológicas, así como novelas y relatos que se acercan sin pelos en la lengua a dar una visión no festinada del tema.
La razón de que en los últimos 11 años se haya producido un amplio cambio de contenido en los libros sobre Trujillo la explica el padre Jesús Hernández, fundador y actual director de la institución salesiana: “Mientras más distancia existe de la muerte de Trujillo, más libros con una visión menos comprometida hacia el régimen se van publicando sobre el tema, debido a que los escritores sienten más libertad para investigar y reflexionar sus memorias sobre la Era”.
Poemarios, antologías, novelas, libros de relatos, testimonios e investigaciones históricas conforman las publicaciones que se conservan en el santuario bibliográfico dominicano que el padre Hernández, al decir del periodista Héctor Herrera, ha levantado “a mano pelá”. De ellas, hay muchas cuya existencia ni siquiera nos imaginamos.
Sin embargo, de todo este tesoro lo que más llama la atención es la variedad de temas.
Desde las loas desmedidas hasta las reflexiones críticas están contenidas en esas páginas, muchas de ellas amarilladas por el tiempo, pero debidamente conservadas por un hombre de Dios que ha consagrado su vida a promover el cultivo del saber.
También es digno destacar el impecable estado de conservación de las obras que ha logrado el consagrado sacerdote salesiano sin tener un presupuesto que garantice un trabajo sostenido: “Algunas instituciones como el Senado de la República, el Ministerio de Cultura y la oficina de abogados de Enmanuel Esquea Guerrero nos ayudan con pequeñas mensualidades que se destinan, fundamentalmente, al pago de los pocos empleados que tenemos, la cuenta de teléfono y la electricidad. Los fondos para comprar y preservar los libros tenemos que buscarlos por otras vías”, dice Hernández.
¿Una obsesión?
La obsesiva preferencia del escritor dominicano por tratar temas sobre el sátrapa, tanto en ficción como en sociología e historia no tiene solamente un fin comercial como algunos apuntan. El propio padre Hernández se refiere a este tema: “Es cierto que muchos de los libros más vendidos en los últimos años abordan el tema de Trujillo, pero esto no debe verse solo como una preferencia exclusiva del lector dominicano hacia este tipo de literatura.
En todos los países donde existieron dictadores sangrientos como Hitler, Franco, Somoza, Duvalier y Stalin, por ejemplo, los libros sobre estos personajes tienen gran demanda”.
El librero Juan Báez también aporta: “Los textos sobre Trujillo son los más vendidos en el país, después vienen los libros de “chismes” y, por último, los de la Guerra de Abril”.
Una reflexión académica respecto a la proliferación de la literatura sobre dictadores en los países que han sufrido esos regímenes, así como el surgimiento de nuevas voces que difunden con calidad más textos sobre los tiranos, la ofrece la escritora Nina Bruni en su libro “Letras de la Era: Imagen de Trujillo en la narrativa dominicana contemporánea” (Secretaría de Estado de Cultura, 2007). La autora dice: “… el tema de la dictadura y sus secuelas sociales en América Latina y el Caribe han provocado, durante todo el siglo XX hasta la fecha, un sinnúmero de respuestas literarias que ofrecieron -o al menos intentaron vislumbrar- nuevas perspectivas y posturas críticas que oxigenaron la canónica visión de la historia oficial impuesta. Si echamos una mirada a las débiles democracias de nuestros países y a los enraizados vicios sociales que están ahuecando nuestra proyección ética y cultural hacia el futuro, no resulta difícil reconocer ciertas herencias de la estructura de los poderes autoritarios.
La literatura da cuenta de ello y, en consecuencia, no hay motivo para negar la presencia de una nueva narrativa emergente en la República Dominicana, poco difundida, aunque altamente creativa y comprometida con develar detalles de la sangrienta y despiadada tiranía de Rafael L. Trujillo”.
La literatura
Dentro del gran contexto de la literatura dominicana escrita sobre la figura del tirano, merecen señalarse dos grandes divisiones que fueron esbozadas por el profesor Giovanni Di Pietro al referirse a la novela trujillista pero que, también son extensivas a los otros géneros literarios.
En su ensayo “La novela trujillista, incluido en el libro “Quince estudios de novelística dominicana” (Editora del Banco Central de la República Dominicana, 2006), el profesor Di Pietro plantea: “En lo que concierne a su definición, encontramos que podemos definir la ‘novela trujillista’ de dos maneras (...) primero aquellas novelas que, como ‘Cementerio sin cruces’ de Requena y ‘Jengibre’, de Pérez Cabral, atacan o cuestionan la tiranía. Segundo, la novela que alaba la obra del dictador y repite todos los lugares comunes de la propaganda de la Era” (p.223).
La división planteada por Di Pietro tiene una connotación ética, al establecer su clasificación a partir de su contenido, y no por la forma.
En todos estos casos, el término “novela trujillista” debe ser sustituido por “literatura trujillista” por considerar que el contenido de este ensayo también se adapta a los otros géneros literarios.
 HISTORIA Y TESTIMONIO 
Historiadores y personalidades vinculadas al régimen, junto a investigadores de las nuevas generaciones, han publicado decenas de libros sobre Trujillo. Algunas de estas obras, como “El tiranicidio de 1961”, de Juan Daniel Balcácer, han circulado fuera del país con el sello de editoras internacionales.
La Fundación Cultural Dominicana, fundada y presidida por el economista y escritor Bernardo Vega, se ha destacado por la difusión de obras fundamentales que estudian, con una visión objetiva y nada apologética, la Era de Trujillo, entre otros temas fundamentales de la historia dominicana.
La literatura testimonial ha sido una vía de exposición emocionada muy frecuentada por figuras de varias generaciones. En los últimos años de su vida, Mario Read Vittini, exgobernador del Banco Central y experto abogado, publicó algunos libros donde rememora sus vivencias en la Era de Trujillo.
Este legado para la sociedad dominicana es un esfuerzo loable.
Manuel Núñez ha ponderado los aciertos de uno de esos libros, el titulado “Trujillo de cerca”: “Es una obra extraordinaria. Se lee desde la primera hasta la última página con la respiración contenida. El estilo ilumina los retablos con una prosa vaporosa y amena. En esos cuadros que nos trazan un perfil biográfico de Trujillo, se nos muestra como un símbolo importante, los fragmentos dispersos de la gran novela sobre la Era, la que ningún escritor ha escrito todavía”.
Sobre este mismo libro, Fredy Reyes expuso: “Durante su juventud, Mario Read Vittini fue Secretario del llamado glorioso y único Partido Dominicano, eje político del sostenimiento de la dictadura (…) Read Vittini enfrenta la dictadura de Trujillo para dejar testimonio a los que, en el futuro, reposadas las pasiones que a su favor y en su contra levanta el solo nombre del dictador, puedan encontrar una fuente seria y objetiva sobre este hombre”.
El historiador Orlando Inoa, en su función de editor, publicó por su sello Letra gráfica, las memorias del jefe de los servicios secretos de Trujillo, Johnny Abbes García, un personaje que ascendió y se consolidó durante los últimos cinco años de dictadura y en la cual se convirtió en la persona más poderosa del país imponiéndose, incluso, sobre Ramfis Trujillo. Estas Memorias tuvieron que esperar casi cincuenta años para ser publicadas.
“Trujillo: Amado por muchos, odiado por otros, temido por todos”, de Hans Paul Wiese Delgado confiesa sin temores la cercanía de su autor al tirano hasta el día de su ajusticiamiento. Durante 5 años, Wiese se vinculó al más importante interés económico de “El Jefe”: la venta de azúcar dominicana en los mercados internacionales. Su autor trasmite sus vivencias de aquel tiempo, su amistad con Trujillo y el desarrollo de la economía y de la política durante la Era

La compra-venta política en RD: corrupción y clientelismo


Por Plutarco Medina Gratereaux. 25 de julio de 2016 - 12:08 am -  
Pues asimismo, el poder se usa para comprar adhesiones, algo que es del diario vivir político de nuestro querido país.
Plutarco Medina Gratereaux

Plutarco Medina Gratereaux

Mayor General® E.R.D., fue Comandante de todas las unidades mayores fronterizas del Ejército de la República Dominicana. Director General de Entrenamiento Militar. Director de la Escuela de Derechos Humanos. Abogado, especializado en Procedimiento Civil y Derecho Sucesoral. Master en Defensa y Seguridad Nacional. Articulista y poeta.
Nuestra definición de la política es la siguiente: “Es una actividad que se desarrolla ideológicamente, y que persigue llegar a la toma de decisiones para lograr un fin específico en bien de toda la sociedad, a través del uso legítimo de la fuerza, ejerciendo el poder, para resolver o minimizar el choque de intereses encontrados”.
Todos estamos contestes de que cuando se gobierna se tiene poder. Para el autor inglés Richard Henry Tawney, el poder era “La capacidad de un individuo o grupo de individuos para modificar la conducta de otros individuos o grupos, en la forma deseada y de impedir que la propia conducta sea modificada en la forma en que no se desea”. En otras palabras es tener el control, imperio, dominio y jurisdicción para imponer un mandato.
Tradicionalmente se conceptúa sobre la corrupción como el abuso autoritario del poder, llegando incluso al ejercicio tiránico del mismo. Lord Acton decía que el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Actualmente no sólo se habla de corrupción en el sentido del ejercicio del poder, sino que se hace énfasis en uno de los tipos de corrupción en el poder, que es el enriquecimiento ilícito o favorecimiento indebido de un político o grupo de políticos que detentan tal poder.
Hablemos ahora sobre el clientelismo. Este es un fenómeno puramente político o gubernamental que consiste en aquella relación entre los políticos en el gobierno, y ciudadanos o grupo de civiles, mediante el cual se intercambian favores que supuestamente deben ser de beneficio mutuo. Ha de suponerse que tal intercambio es visiblemente informal, entre quien tiene el poder y su cliente. Mayormente se verifica el fenómeno con la finalidad de conseguir el voto (en tiempo de elecciones).
En la República Dominicana el enriquecimiento ilícito está a la vista de todos, producto de que el flagelo de la corrupción política no encuentra valladar, y su magnitud ya alcanza niveles alarmantes de saqueo del erario público, ante la impunidad asegurada por factores como la falta de voluntad política para atacar el mal; la impunidad de una justicia “costurera” (pues esta se imparte a la medida del imputado y de los intereses envueltos); y la desidia y falta de denuncia de los ciudadanos. No existe en la actualidad sano propósito de hacer política para el “bien común”, sino mas “bien como’un” medio de enriquecerse.
Pues asimismo, el poder se usa para comprar adhesiones, algo que es del diario vivir político de nuestro querido país. El político que forma parte del partido que está en el poder se vuelve un “compraventero” que ofrece ciertos beneficios o favores a sus clientes a cambio de apoyo electoral o solidaridad con su causa, que no es otra que apoderarse de los recursos del tesoro públicoEs un “yo te doy, tu me das”, con la agravante de que lo recibido por el cliente (siempre que este no tenga poder económico) es ínfimo ante el beneficio logrado por el político, y la mayor parte de las veces, aquel es timado en esta relación clientelista, o no se le cumple lo prometido.
De esta manera se evidencia la estrecha relación existente entre los conceptos y los fenómenos a que nos referimos.
Ya se dijo más arriba “El poder absoluto corrompe absolutamente”. Un gobierno que controla los tres poderes de un Estado no tiene contrapeso ni fiscalización efectiva que resguarde los intereses de toda la nación, por lo tanto, no se verifica una democracia saludable. De ahí que no se vean resultados ejemplarizantes en los casos de corrupción política o administrativa que se llegan a ventilar en la justicia, o se juega al tiempo con estos, hasta que se diluyen en la conciencia nacional.
Lo mismo se da con un Poder Legislativo que sólo responde a las directrices del Ejecutivo. No hay manera de que cumpla con su sagrada función de actuar en nombre y representación de la voluntad del pueblo, de manera que regule y defienda los derechos y obligaciones de aquel, en la creación y promulgación de buenas leyes en beneficio de la colectividad.
Reclamamos fervientemente de un concierto de voluntades en las que se vea el protagonismo franco y veraz del gobierno y todos los demás sectores de la sociedad dominicana, para en conjunto buscar de una vez por todas las soluciones que pongan fin a estos flagelos de la corrupción y el clientelismo político, comenzando por fortalecer la educación en ese sentido, y con la correcta ponderación y aprobación de buenas leyes, entre ellas una buena Ley de Partidos Políticos.

Militar de gran poder en China morirá en prisión por corrupto

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Pekín, 25 jul (EFE).- El general retirado Guo Boxiong, vicepresidente del máximo organismo militar de China entre 2003 y 2013, fue condenado hoy a cadena perpetua por aceptación de sobornos, anunciaron los tribunales militares a través de la agencia oficial Xinhua.
Guo, vicepresidente durante una década de la Comisión Militar Central y el responsable del ejército de más alto rango que es condenado a prisión en China, también fue privado de sus derechos políticos de por vida y despojado de su título de general, según la sentencia, en la que también se ordenó la incautación de sus bienes.
El dinero y los bienes obtenidos ilegalmente por Guo, de 74 años, fueron confiscados y devueltos a las arcas públicas, subrayó la sentencia tras el juicio, celebrado a puerta cerrada y en secreto, como ocurre con frecuencia en China en los muchos procesos a influyentes figuras políticas acusadas de fraude.
En el proceso, la Fiscalía militar acusó a Guo de “abusar de su posición para ayudar en la promoción y reubicación de otras personas, aceptando cantidades extremadamente grandes de dinero”.
Guo aceptó los sobornos “personalmente y a través de su familia”, añadía la acusación en un informe hecho público en abril, mes en el que medios de Hong Kong cifraban en 12,3 millones de dólares el dinero obtenido ilícitamente por el exgeneral a cambio de ascensos de oficiales militares.
Otro vicepresidente de la Comisión Militar Central en la época en que Guo era uno de sus responsables, Xu Caihou, también fue investigado por corrupción y pasó detenido a la espera de juicio más de un año, aunque falleció de cáncer el pasado año antes de ser procesado.
La persecución contra Guo y Xu -que por encima de ellos en el brazo militar del régimen sólo tenían al entonces presidente chino, Hu Jintao- se enmarca en la masiva campaña anticorrupción llevada a cabo por el Gobierno del actual presidente Xi Jinping, desde su llegada al poder en 2013.
Según los observadores, Xi ha puesto especial énfasis en que la persecución a corruptos llegara también al poderoso estamento militar chino, con enorme poder en el régimen y que durante años gozó de relativa inmunidad. EFE

Las dos preguntas de nuestro siglo

OPINION: Las dos preguntas de nuestro siglo
EL AUTOR es historiógrafo, poeta y político. Reside en Santo Domingo.

La opinion de Manuel Nuñez 

Patria…jaula de bambúes
Para un pájaro mudo que no tiene alas
Héctor Incháustegui
En un siglo conviven tres generaciones. La de los mayores que ya han traspasado la antorcha;  la generación que se halla en el mando de la vida social  y, finalmente, la de los hijos a los que les entregaremos las riendas de la sociedad.
Tras  172 años de existencia como nación independiente, todas esas generaciones de dominicanos se han planteado fundamentalmente dos preguntas. Vamos a intentar responderlas. Una se refiere al modelo político, y la última a la naturaleza de la sociedad en la que queremos vivir.
En el último tramo del siglo XX, la pregunta que obsesionó a todos los hombres  y mujeres de mi generación era: ¿En qué sistema político queríamos vivir? ¿Cómo podíamos construir la felicidad, después  de haber vivido los horrores de una dictadura totalitaria (1930-1961)?
El modelo  político
Tras la caída del dictador Rafael Trujillo, el 30 de mayo de 1961, entraron al escenario dos proyectos políticos que fueron primero divergentes y luego completamente antagónicos.
  • El primero de ellos era organizar una sociedad democrática, donde comenzara a imperar el pluripartidismo. Un poder judicial independiente y profesional y un poder legislativo que fuese el reflejo de las distintas preferencias y de las competencias de los partidos. Tenía el país, además, la obligación de propiciar el surgimiento de una prensa libertada de las mancuernas del poder dictatorial: la censura, la sumisión  y la adulación del dictador.  Se trataba de fomentar el  ejercicio del criterio en una sociedad que había sido amordazada por el control de todos los medios de comunicación, de la escuela, de las asociaciones, de los gremios y de la Iglesia. Una sociedad, en resumidas cuentas,  aterrorizada por las represalias de los aparatos represivos: policía, Ejército, sistema de espionaje. Una sociedad, sujetada por el control que tenía el régimen de  más del 90% de todos los empleos. E inmovilizada en el territorio, al punto de que el país se había transformado en una auténtica cárcel, donde era imposible desplazarse de una provincia a otra, sin ser escudriñado, olfateado por los sabuesos del régimen.  No existía la privacidad de la correspondencia ni de las comunicaciones telefónicas. Todos los cuerpos de seguridad se habían dedicado a cercar a los opositores. En todos esos años, se perdieron los hábitos de vivir en democracia. Era natural que en el esfuerzo por construir una sociedad democrática aparecieran vestigios, reminiscencias de la vieja tradición despótica.
  • Tras el paréntesis de inestabilidad que representó la guerra de abril de 1965,  comienza a fraguarse entre nosotros la tradición utópica. El proyecto  de los hombres y mujeres más influyentes en la segunda mitad de ese siglo era el socialismo. .  En nombre de una sociedad imaginaria, un grupo de hombres y mujeres se sumergieron, entonces,   en la guerrilla redentora  de la clase trabajadora.  Pensaban  que con esta maniobra lograrían destruir la propiedad privada, alcanzarían la igualdad de todos los miembros de la sociedad,  que  después haber exterminado rotundamente a la clase burguesa— compuesta por los propietarios, comerciantes e industriales— habrían llegado a la tierra prometida. La idea de la Revolución se conectaba con el pensamiento mágico. Según esto, todos los sufrimientos que padece la sociedad concluirían con la victoria revolucionaria. Ya sea mediante un triunfo electoral o bien mediante una guerra social que  suplantara al Ejército, e implantara el nuevo orden. Se trata de la implantación de un régimen de partido único. Una sociedad de pensamiento dirigido, de autoabastecimiento, sin libertad de asociación, sin libertad en la expresión del pensamiento y sin libertad de reunión.
.Seducidos por este ideal, los partidos de la izquierda revolucionaria, penetraron en los liceos públicos y en la Universidad del Estado con este catecismo disolvente lograron adoctrinara  una generación  entera de hombres y mujeres. Perviven muchos de sus valores, la idea de que lo económico debe prevalecer por encima de las ideas y del derecho; el internacionalismo debe suplantar al nacionalismo.
Toda esa circunstancia nos llevó a un antagonismo, que, en algunos casos llegó a ser brutal. La sociedad había quedado deslindada en dos polos. Uno, que trataba de mantener el sistema económico, el pluralismo político, la Constitución votada en 1966 e imaginar la posibilidad de alcanzar progresos dentro de esas estructuras.
El otro grupo lo representaban aquellos cuyo objetivo era implantar un régimen revolucionario. Varias generaciones de dominicanos se dedicaron, incluso a veces, al precio de sus propias vidas, a la búsqueda de ese paraíso perdido.
Una parte de esos hombres se dieron a la tarea de combatir con las armas en la mano la democracia que llamaron burguesa. En nombre de una sociedad que sólo existía en sus cabezas,  se combatía todo lo existente.  No éramos, desde luego, una excepción. Todo el continente se hallaba en llamas. Hubo guerrillas en Brasil, con Mariguela. En Chile, con el Mir, en Argentina, con los Montoneros; en Uruguay, con Tupamaros, en Perú, con Sendero Luminoso; en Colombia, empezó con Camilo Torres y aún no acaba; en Nicaragua, en Guatemala, en El Salvador e incluso en México.
El derrumbe del socialismo real el 9 de noviembre de 1989, la desaparición de la Unión Soviética, y el  surgimiento  de 25 nuevas repúblicas desgajadas del régimen anterior y la desaparición del bloque de países socialistas, y la conversión de China en un capitalismo de Estado, todas esas circunstancias debieron, sin más, ponerle punto final  a las viejas utopías, y hacer olvidar las formulas mágicas y de último minuto, y la exaltación de los baños de sangre, tras los cuales vendrían  ahora lo sabemos una falsa primavera.
En el proyecto colectivo que se mantuvo vigente ya nadie creía que se pudiere cambiar a la sociedad a partir del Estado ni que se pudiere fabricar un hombre nuevo con ideas políticas.
El sueño de todas las personas que vivían en sociedades del socialismo real era convertirse en clase media. En los guerrilleros, en los políticos y en los intelectuales que trataron de importar por piezas o totalmente,  el socialismo cubano, libio, coreano o albanés.
En realidad, la utopía estuvo siempre con nosotros como  la rosa de Oscar Wilde. La verdad siempre estuvo ahí y había sido ignorada. Era convertirse en persona de clase media. Es decir, tener confort, trabajo, educación y la seguridad social. En el decenio de 1970, muchos dominicanos accedieron a la clase media. Ningún razonamiento podría  llevarnos a algo superior.
Aun cuando muchos  no puedan prescindir del sectarismo y prefieran volver a la antigua mentalidad, los odios de aquella época se han desvanecido. No es el sistema político el factor de preocupación de los dominicanos. Es que nuestro territorio evolucione hacia un capitalismo popular, donde mediante el esfuerzo, el mérito, el trabajo, la educación se pueda entrar en una regeneración de la sociedad.
¿En qué tipo de sociedad queremos vivir?
La segunda pregunta que perturba nuestro presente,  es ¿en qué tipo de sociedad queremos vivir?
Involuntariamente, sin que los dominicanos se lo hayan propuesto el hundimiento de la nación haitiana  se convierte en un factor que amenaza la supervivencia de la Independencia dominicana.
Los tres factores fundamentales sobre los que se asienta ese Estado nación se hallan en crisis terminal, sin que la intervención internacional haya solucionado ninguno de los grandes desafíos.
  • El territorio se encuentra brutalmente devastado. A pesar de ello, la porción 1% de capa boscosa que aún le queda a los haitianos se depreda a un ritmo de un 4% anual. Haití consume  6 millones de metros cúbicos de madera por año. Toda esta devastación se ha desplazado a nuestro país. Según un informe de la Agencia para el Medio Ambiente de las Naciones Unidas (2013), el 75% de la población haitiana—pocos más de 8 millones de personas—emplea el carbón vegetal diariamente. El 85% de todo ese carbón, más de 50 mil toneladas,  proviene de la República Dominicana. Según la Encuesta ONE (2012), el 65% de los inmigrantes haitianos en nuestro país utilizan en las zonas rurales el carbón vegetal.
  • La población tiene el más alto índice de desempleo  70%; los mayores índices de insalubridad  y de pobreza en todo el continente, y la mayor proporción de analfabetos (66%). Esta población se desplaza a la República Dominicana  tras las conquistas sociales del pueblo dominicano: empleo, salud, educación. Como consecuencia de ello se produce una desnacionalización del empleo, se despoja de los servicios sanitarios a las capas más empobrecidas de los dominicanos.
  • El Estado haitiano constituye una auténtica ficción que no provee servicios ni de salud ni de seguridad ni de educación. Según Foreing Policy, Haití se halla en el ranking de los  10  Estados más frágiles o fallidos  del mundo. Si a estas realidades se añaden del deterioro total de las infraestructuras, la carencia de riqueza apreciable,  el narcotráfico, la presencia ominosa del crimen organizado. No tiene  control del territorio ni de sus ciudadanos y ha centrado todo su esfuerzo en que una intervención internacional obligue a la República Dominicana a cederle su territorio. 
El proceso de colonización de la República Dominicana nos plantea el más grave desafío a nuestra generación. ¿Debemos permitir que se exporten los problemas haitianos a República Dominicana para llevarnos a un estadio de los hechos consumados? ¿Debemos aceptar la anulación de los resultados históricos de nuestra Independencia, dándole cuerpo al Estado binacional que promueven Vicini- Acra, apadrinados por la Fundación Clinton o a cualquier fórmula  para llegar a un Estado federal?
La comunidad internacional representada por la MINUSTAH y las naciones que han asumido el apoyo a ese país han llegado a la conclusión de que han fracasado rotundamente. Todos los fondos  invertidos en ese país se han volatilizado.  Todos los grandes planes se han vuelto aguas de borrajas; todos los esfuerzos de las ONG ha contribuido a perpetuar la miserable condición de la víctima; las fuerzas internas del país no son capaces de actuar responsablemente. Poseído de una mentalidad de asistido social y enfrentado a la ambivalencia de los dominicanos, los grupos que favorecen esta  colonización extranjera han ido ocupando las instituciones encargadas de las tareas de inmigración, reclutando funcionarios, abogados y moviéndose como las fuerzas subyacentes de todo este proceso.
Los partidos se hallan cabalmente desconectados de propósitos nacionales. Sin rumbo político, sin proyecto, sin ideales.  Han quedado como la expresión de ambiciones personales
Frente a ese descalabro, el mando político prefiere  ignorar el problema.  En silencio,  se nos quiere imponer la obligación de continuar per secoula secoulorum  la política de servir de plataforma a ese desplazamiento humano, aun cuando la nación se hunda .Ninguno de los problemas haitianos pueden resolverse en el marco de un Estado federal, privando a los dominicanos de su libertad, de su territorio y hundiendo su nación. Nos encontramos ante el acontecimiento de mayor relevancia que generación alguna haya enfrentado.
El peor desastre que puede ocurrirle a un país es la claudicación de todo su liderazgo. Marx decía  que ” Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y transmite el pasado.· Pero , ¿qué hacer ante la incomprensión del presente, ante la renuncia al pasado? Hasta ahora las indecisiones y ambivalencias los han llevado a  dinamitar la frontera jurídica, renunciando a la aplicación de la Constitución y las leyes, y a disociar la nacionalidad  de la identidad nacional.

sábado, 23 de julio de 2016

Las tumbas de los Trujillo: como pasa la gloria del mundo (1 de 2)

Las tumbas de los Trujillo: como pasa la gloria del mundo (1 de 2)
Jose Rafael Lantigua.
El periplo de la vida, ese viaje de ida y regreso que todos acometen, fue para los Trujillo-Molina, ascendientes y descendientes, una odisea ríspida donde el poder acumulado durante treinta y un años, una vez hecho añicos, no pudo esquivar los vaivenes de la desgracia ni mucho menos pudo servir para sujetar las bridas irrefrenables de la parca, cuando ésta hizo su entrada definitiva en aquel entorno familiar.
Las pompas, la faramalla, los mucamos del protocolo, las carantoñas de los áulicos, las obcecaciones de la fuerza, la perpetuación del absolutismo y la jarana interminable del poder omnímodo, no resultaron útiles cuando la vida hizo su áspera mudanza hacia los caminos insondables de la desgracia y los nombres de los protagonistas del suceso histórico que fue la dictadura nacida en 1930 se dispersaron en distintas geografías para sufrir el estigma al que la muerte puso su cerrojo cuando el jefe de la tribu cayó fulminado en 1961.
Meses más tarde de que la boca muda de donde salieron tantas órdenes de mando –en palabras de Joaquín Balaguer- demostrara a todos “la tremenda realidad con toda su elocuencia aterradora”, los Trujillo iniciaron su camino hacia la muerte en la orfandad de los elogios y sin la presencia multitudinaria que siempre les acompañó en los desfiles onomásticos y en los corsos floridos.
Cuando el Caudillo fue enterrado en la iglesia Nuestra Señora de la Consolación de su nativa San Cristóbal, estaba continuando un tránsito con la muerte que resultó largo, infamante y despiadado. Su primera parada fue en el garaje de la residencia de Juan Tomás Díaz, oculto en el baúl del Oldsmobile de Antonio de la Maza Vázquez. Cuando Ramfis lo sacó de su efímera morada en el templo sancristobalense a la medianoche del 18 de noviembre de 1961 y colocó sus restos en el yate Angelita luego del bacanal de venganza en la hacienda María, Rafael Leonidas Trujillo Molina fue devuelto al territorio dominicano antes de llegar a las islas Azores que era su primer destino. El 29 de noviembre atracaba en la base naval Las Calderas y de ahí el cadáver fue llevado en un camión al aeropuerto de Barahona para que un avión DC3 lo transportase a San Isidro. Entonces, luego de una requisa dirigida por quien cuatro años más tarde sería una figura histórica en los acontecimientos de abril de 1965, el entonces mayor Pedro Bartolomé Benoit, el presidente Balaguer ordenó que colocaran el cadáver en un DC7 de Pan American que aterrizó en el aeropuerto de Orly, en París, el 30 de noviembre, donde ya lo esperaba su hijo Ramfis, luego de que el ataúd fuese recibido por el embajador dominicano en París, Carlos Rosemberg. Un día después era sepultado en la famosa necrópolis Pere Lachaise, compartiendo espacio nada más ni nada menos que con Marcel Proust, su vecino más cercano, con Guillaume Apollinaire y con Oscar Wilde. Allí permanecerían los huesos del dictador por nueve años, hasta que a fines de los setenta su viuda, María Martínez de Trujillo, le hizo construir en El Pardo, de Madrid, un mausoleo de mármol negro con motas turquesas y nácar que doblaba en dimensión al del cementerio parisino. Su osamenta fue llevada a este lugar justo un día después de que se cumpliese el noveno aniversario del asesinato de los conjurados del 30 de mayo en la hacienda María y de que se produjese la salida del país hacia París del primogénito del dictador. Un pequeño grupo acompañó al Jefe a su morada definitiva, entre ellos su hermano Héctor, su hijo Radhamés, Lita Milán, viuda de Ramfis, los dos hijos de ambos y dos o tres allegados a la familia. El trasiego de los restos mortales de Trujillo llegaba a su fin. Ya no estaban a su lado Proust, Wilde y Apollinaire, sino las más relevantes personalidades del franquismo, comenzando por Carmen Polo, la mujer del dictador español, y sus generales Luis Carrero Blanco y Carlos Arias Navarro.
Pero, ¿y qué sucedió con los demás integrantes de la familia Trujillo? Durante largos años esta historia estuvo vedada al conocimiento general de los dominicanos. Solo algunos allegados tenían conocimiento del destino de los despojos mortales de ascendientes y descendientes del Jefe. Sus vidas terminaron consumiéndose, con los años, muchos en la nadería, ignorados hasta por los de su propia sangre; otros, en la fiesta de la angustia y el duelo perenne del olvido; y los menos, como Ramfis en una agitada aventura de vida que terminó estrellada en una vía madrileña, o como Radhamés, cuyo cuerpo los capos Rodríguez Orejuela lo pusieron a flotar en el caudaloso Cauca colombiano.
Nadie ha descrito mejor qué fue de la vida de los Trujillo, sus desconfianzas y peleas entre ellos mismos, sus existencias miserables después de la fiesta que pareció infinita del poder, sus ambiciones, dolores y ruindades que la hija de Ramfis, Aída Trujillo Ricart en su novela “A la sombra de mi abuelo”, la mejor descripción de lo que fue la infortunada vida de su familia en el exilio. Cuando el tiempo y su añagaza colocó las cruces del óbito sobre los cuerpos exánimes de aquella familia, las tumbas se instalaron en variadas geografías: España, Miami, Panamá y el cementerio nacional de la avenida Máximo Gómez. Franklin Gutiérrez, catedrático de la universidad de Nueva York, investigador de camposantos (recordemos su valioso libro “De cementerios, varones y tumbas-Múltiples caras de la muerte en la cultura y la literatura dominicana, 2012) se dedicó durante largos años a desentrañar el misterio y a responder para todos la cuestión: ¿Dónde están los restos de la familia del compadre que matán, ya que sus compadres tomaron la de Villadiego y no dieron cuenta de sus muertos? La respuesta viene dada con detalles minuciosos, fotografías a todo color para que queden las constancias, documentos irrebatibles y una indagación profesional y profunda que los historiadores debieran agradecer porque, a decir verdad, no todos han de tener la vocación tanatófila que posee Franklin Gutiérrez para poder revelarnos saberes de finados que resultan indispensables para completar los ciclos humanos de la historia.
Y revelaciones muchas son las que trae este libro sobre las tumbas de los Trujillo. El itinerario comienza por el progenitor de la especie, José Trujillo Valdez, cuyo nombre le fue colocado a la avenida Duarte al día siguiente de su enterramiento. “Varón de gloriosa estirpe española” escribió un periodista amancebado con la dictadura al momento de la muerte del padre del dictador, ocurrida el 10 de junio de 1935, cuando apenas el hombre fuerte calentaba los motores. A don Pepe lo enterraron en la capilla del Sacramento, que llamarían Capilla de los Inmortales, en plena Catedral Primada, después de que el dictador le pidiese al arzobispo Pittini que obtuviese la aprobación del papa Pío XI para este propósito. Allí, al lado de Buenaventura Báez, de Juan Isidro Jimenes, de Manuel de Jesús Galván y de César Nicolás Penson, fue sepultado don Pepito y conservados sus restos durante veintiséis años, hasta que el 19 de diciembre de 1961 fueron trasladados a hurtadillas sin que nadie supiese su destino. Incluso hoy, según atestigua Gutiérrez en su obra, ni siquiera descendientes del extinto clan de los Trujillo conocen que se encuentra casi escondido “en el sótano pestilente, sucio y grimoso de un panteón de mármol parcialmente abandonado, situado en la calle principal del cementerio nacional de la avenida Máximo Gómez”. Allí están enterrados también Marina Trujillo de García, Thelma, José y Lourdes García Trujillo, Mireya García Trujillo, la esposa del general Pupo Román, y otras personas que no son integrantes de esta familia pero sí amigos de la misma y dueños originales del panteón.
Aníbal Julio Trujillo Molina, hermano del dictador, quinto de la prole, quien padecía de problemas esquizofrénicos, se suicidó en diciembre de 1948 y fue enterrado en el entonces cementerio de la avenida Tiradentes. A finales de los ochenta sus restos fueron exhumados y llevados a un lugar que se desconoce, según las investigaciones de Gutiérrez. Soy amigo de sus nietos y de la madre de éstos, una de las hijas de Aníbal, y ni siquiera ellos saben cuál fue el destino dado a la osamenta de su pariente. Solo me han comentado que creen que una hija suya, Silverita, casada con el ex general Luis René Beauchamps Javier, fue quien tomó la decisión de exhumar sus restos.
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(¿Y con los restos del resto, qué sucedió? ¿Dónde está la tumba de Petán? Las revelaciones clave de este libro de Franklin Gutiérrez léalas en el próximo capítulo de estas raciones el sábado 30).
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La escandalosa falta de ética en un país en crisis política


Por Leonardo Boff. 23 de julio de 2016 - 12:10 am -  
Para superar la crisis de ética no bastan llamamientos, sino una transformación de la sociedad. Antes que ética, la cuestión es política, pues la política está estructurada sobre relaciones profundamente anti-éticas.
Leonardo Boff

Leonardo Boff

Leonardo Boff, es teólogo, filósofo, escritor, y ecologista brasileño. Doctor en teología y filosofía. Es uno de los fundadores de la Teología de la Liberación. Ha sido profesor universitario en varias universidades de Brasil y del exterior. Es autor de más de 60 libros y un gran número de artículos de divulgación en las áreas de teología, ética, espiritualidad, filosofía, antropología y ecología.
El país, desde cualquier ángulo que lo consideremos, está contaminado de una espantosa falta de ética. El bien solo es bueno cuando es un bien para sí y para los otros, no es un valor buscado y vivido, sino que lo que predomina es la habilidad, quedar bien, ser listillo, el jeitinho y la ley de Gerson.
Los distintos escándalos que se han dado a conocer, revelan una falta de conciencia ética alarmante. Diría, sin exagerar, que el cuerpo social brasilero está de tal manera putrefacto que dondequiera que se produzca un pequeño arañazo ya muestra su purulencia.
La falta de ética se revela en las cosas mínimas, desde las mentirijillas que se dicen en casa a los padres, la chuleta en la escuela o en los concursos, el soborno de agentes de la policía de tráfico cuando alguien es sorprendido en una infracción de tránsito, hasta hacer pipí en la calle.
Esta falta generalizada de ética hunde sus raíces en nuestra prehistoria. Es una consecuencia perversa de la colonización. Esta impuso al colonizado la sumisión, una total dependencia a la voluntad del otro y la renuncia a tener su propia vida. Quedaba al arbitrio del invasor. Para escapar al castigo, se obligaba a mentir, a esconder sus intenciones y a fingir. Esto lleva a la corrupción de la mente. La ética de la sumisión y del miedo como mostró Jean Delumeau  (El miedo en Occidente) lleva fatalmente a una ruptura con la ética, es decir, comienza a faltar a la verdad, a nunca poder ser transparente y, cuando puede, perjudica a su opresor. El colonizado se obligó, como forma de supervivencia, a mentir y a encontrar la manera de burlar la voluntad del señor. La Casa Grande y la Senzala son un nicho productor de falta de ética por la relación desigual de señor y de esclavo. El ethos del señor es profundamente anti-ético: él puede disponer del otro como quiera, abusar sexualmente de las esclavas y vender a sus hijos pequeños para que no se apeguen a ellos. Nada más cruel y anti-ético que eso.
Este tipo de ética deshumana crea hábitos y prácticas que, de una u otra forma, continúan presentes en el inconsciente colectivo de nuestra sociedad.
La abolición de la esclavitud ocasionó una maldad ética inimaginable: se dio libertad a los esclavos, pero sin proporcionarles un pedacito de tierra, una casita y un instrumento de trabajo. Fueron lanzados directamente a la favela. Y hoy por causa de su color y pobreza son discriminados y humillados, y son las primeras víctimas de la violencia policial y social.
La situación, en su estructura, no cambió con la República. Los antiguos señores coloniales fueron sustituidos por los coroneles y señores de grandes haciendas y capitanes de la industria. Ahí las personas eran superexplotadas  y totalmente dependientes. Los comportamientos no eran éticos, faltaba el respeto a las personas y la garantía de sus derechos mínimos. Eran carbón para la producción.
Las relaciones de producción capitalista que se introdujeron en Brasil mediante el proceso de industrialización y modernización fueron salvajes. Nuestro capitalismo nunca fue civilizado: conservó la voracidad de acumulación de sus orígenes en los siglos XVIII y XIX. La explotación inmisericorde de la fuerza de trabajo, los bajos salarios son situaciones éticamente condenables. ¿Cómo superar esa situación que nos llena de vergüenza?
Antes de hacer la más mínima sugerencia, es importante hacer una auto-crítica. ¿Qué educación dieron los centenares de escuelas católicas y cristianas y las 16 universidades católicas (pontificias o no) a sus alumnos? Bastaba haber enseñado lo mínimo del mensaje de Jesús de amor a los pobres y contra su pobreza para superar los niveles de miseria actual. Ellas se transformaron en incubadoras de opresores. Crearon un cristianismo cultural, de creencia, pero no de una fe comprometida por la justicia. Por eso sus alumnos raramente tienen incidencia social. El mantenimiento del statu quo está por encima de los cambios.
Para superar la crisis de ética no bastan llamamientos, sino una transformación de la sociedad. Antes que ética, la cuestión es política, pues la política está estructurada sobre relaciones profundamente anti-éticas.
Siendo brevísimo: todo debe comenzar en la familia. Crear carácter (uno de los sentidos de ética) en los hijos, formarlos en la búsqueda del bien y de la verdad, no dejarse seducir por la ley de Gerson y evitar, sistemáticamente, el jeitinho. Principio básico: tratar siempre humanamente al otro. Tomar absolutamente en serio la ley áurea: “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. Sigue el precepto de Kant: el principio que te lleva a hacer el bien, sea válido también para los otros. Oriéntate por los diez mandamientos que son universales. Traducidos para hoy, “no matar” significa: venera la vida, cultiva una cultura de no violencia. “No robar”: obra con justicia y corrección y lucha por un orden económico justo. “No cometer adulterio”: ámense y respétense, y oblíguense a cultivar la igualdad y el compañerismo entre el hombre y la mujer.
Esto es lo mínimo que podemos hacer para airear la atmósfera ética de nuestro país. Repitiendo al gran Aristóteles: “no reflexionamos para saber lo que es la ética, sino para hacernos personas éticas”

EL MERENGUE Y TRUJILLO

CUENTO SOBRE LA DICTADURA DE TRUJILLO

COMUNICACION Y PRENSA EN LA DICTADURA DE TRUJILLO

POESIA EN LA DICTADURA