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PARAQUENOSEREPITALAHISTORIA .Para los interesados en el tema y los olvidadizos de sus hechos, aquí están para consultar múltiples artículos escritos por diversas personalidades internacionales y del país. El monopólico poder de este tirano con la supresión de las libertades fundamentales, su terrorismo de Estado basado en muertes ,desapariciones, torturas y la restricción del derecho a disentir de las personas , son razones suficientes y valederas PARA QUE NO SE REPITA SU HISTORIA . HISTORY CAN NOT BE REPEATED VERSION EN INGLES

viernes, 16 de agosto de 2019

TRUJILLO EXTENDIÓ TENTÁCULOS POR AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

POr Emilia Pereyra 
SANTO DOMINGO. Se ha documentado que el dictador Rafael Leónidas Trujillo, ajusticiado el 30 de mayo de 1961, era dado a las manipulaciones y a extender sus tentáculos para dominar a sus adversarios, con los métodos posibles, por lo que tejió una amplia red para avasallar en el Caribe y América Latina.
En el libro “Un leviatán tropical: las redes clientelares de Trujillo en América Latina y el Caribe”, recientemente publicado por el Archivo General de la Nación, el historiador y narrador Elíades Acosta Matos, analiza y aporta mucha información documental sobre estos aspectos de la dictadura de 31 años.
El autor enfatiza que las redes clientelares de Trujillo no solo se ocupaban del espionaje, el control, la amenaza y el asesinato de sus principales adversarios, más allá de las fronteras nacionales, sino también de orquestar permanentes campañas de prensa, de la descalificación sistemática de sus críticos, de la contratación de firmas de abogados y relaciones públicas encargadas de defender y promover sus intereses y negocios y de la cooptación y el soborno más descarnado a figuras prominentes de la vida pública internacional, que podían ser de utilidad a sus propósitos.
Acosta Matos precisa que los innumerables espías, lobistas, sicarios, periodistas de alquiler, mediadores y legisladores que durante décadas formaron parte de las redes internacionales lo hacían al servicio de Trujillo, no del gobierno ni del Partido Dominicano y mucho menos del pueblo.
“Al momento de ser ajusticiado, en la noche del 30 de mayo de 1961, los complotados cargaron con dos trofeos: su cuerpo cruzado por seis balazos, el revólver de cachas blancas recibido de manos de uno de sus instructores yanquis, al graduarse de teniente, y un maletín del que jamás se separaba, repleto de pesos dominicanos y dólares, con lo que (Trujillo) compraba voluntades y hacía crecer sus redes clientelares dentro y fuera del país”, agrega.
El dictador fue tan eficaz en la expansión de su poder en el Caribe y América Latina, en la neutralización de sus adversarios y en el lobbysmo que el 12 de diciembre de 1949, que en un memorándum confidencial del Ministerio de Estado de Cuba, señala Acosta Matos, se acuñaba el concepto “imperialismo dominicano”.
Pactos de Trujillo
Acosta Matos comprobó que en el caso de Cuba, Trujillo “fue capaz de adversar a muerte, y también pactar y utilizar los servicios de presidentes como Fulgencio Batista y Carlos Prío Socarrás; de personajes como Rolando Masferrer, Eusebio Mujal o Eufemio Fernández; de doctos diplomáticos como los cancilleres Orestes Ferrera y Miguel Ángel Campa y de gánsteres y sicarios vulgares como El Muerto Soler, El Extraño, El Muñeco, o Policarpo Soler, de escritores y poetas como Alberto Lamar Schweyer y Gastón Baquero, y de feroces represores como el coronel Orlando Piedra y el comandante Castell y los generales Pedraza y del Río Chaviano”.
El autor expresa que sus primeros amigos, y en cierta medida asesores, fueron los provectos generales Gerardo Machado y Morales, de Cuba, y Juan Vicente Gómez Chachón, de Venezuela.
Argumenta que de esos dictadores Trujillo aprendería no pocas lecciones del arte de gobernar tiránicamente, liquidar a sus enemigos, cooptar colaboradores y prolongarse indefinidamente en el poder, sentado sobre las bayonetas y desatando la más brutal represión, técnicas usuales del terrorismo de Estado.
Relaciones con la prensa extranjera
Consta que Trujillo cultivó una relación de “odio-amor” con la prensa, como la califica Acosta Matos, y que el tirano hizo un gran esfuerzo para adocenar a periódicos y periodistas extranjeros, a muchos de los cuales invitaba a visitar el país con todos los gastos pagados.
En el plano nacional, Trujillo no admitía cuestionamientos en los medios de comunicación de la época, que controlaba de manera rígida.
Acosta indica: “Como norma, los periodistas que se invitaban a visitar el país eran profesionales que de una u otra forma habían expresado simpatías, o al menos respeto, por la dictadura trujillista. A través de las embajadas, legaciones y consulados se detectaba a quienes podrían ser de utilidad al régimen, y tras efectuar las averiguaciones pertinentes, muchas veces utilizando los servicios de quienes habían sido captados con anterioridad, se les formulaban las propuestas correspondientes”.
Han quedado evidencias, agrega el autor, de que los viajeros, aparte de contar con todos los gastos pagos y las más exquisitas atenciones, tras arribar a República Dominicana, eran sometidos a chequeos, vigilancia y provocaciones sutiles, con el objetivo de comprobar, hasta la saciedad, hasta qué grado se podía confiar en ellos.
A juicio de Acosta Matos, los sobornos trujillistas a la prensa del continente eran de una solidez y extensión nunca antes vistas. “No se trataba solo de pagar espacios propagandísticos, ni los servicios de periodistas aislados, sino de comprar el favor de periódicos completos, para lo cual se erogaban subsidios secretos anuales”.
Además, el tirano construyó una red de escritores protrujillistas, que se nutría con nuevas adquisiciones, que incluían a desertores y tránsfugas, indica el autor.
Si bien fue copiosa la bibliografía trujillista, al punto de que cuando el historiador Emilio Rodríguez Demorizi la compiló con motivo de la conmemoración del 25 aniversario del régimen, ya contaba con más de 5,000 entradas, el interés mayor era la producción de publicaciones calumniosas dirigidas a lectores foráneos, donde se le pasaba factura a los enemigos reales o supuestos del tirano.
Diatribas y atentado contra Betancourt
La publicación de “El Romulato”, en 1946, del venezolano Beltrán Martínez, tenía la intención de acusar a Rómulo Betancourt, presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno, de entonces, de ser comunista, dictador, homosexual y cobarde.
El encono contra Betancourt, su enemigo político, llegó al cenit cuando Trujillo patrocinó un atentado que casi le cuesta la vida el gobernante venezolano el 24 de junio de 1960. El hecho delictivo motivó sanciones diplomáticas y económicas impuestas por la Organizaciones de Estados Americanos (OEA) contra la República Dominicana.
El ataque ocurrió mientras el vehículo de Betancourt, seguido de dignatarios y oficiales de seguridad, avanzaba por la avenida de Los Próceres, en Caracas, para dirigirse a un desfile militar con motivo de la celebración del Día del Ejército y la conmemoración de la Batalla de Carabobo. Entonces el auto pasó junto a un carro Oldsmobile, de color verde, que reventó e hizo saltar el vehículo del ejecutivo venezolano y lo destruyó parcialmente.
Betancourt sufrió quemaduras en los brazos, las manos y parte de la cara. En la tentativa murieron el coronel Ramón Armas Pérez, jefe de la casa militar de la Presidencia, y el asistente naval López Parra.
Hablando después ante los venezolanos, el mandatario se expresó de manera visionaria: «Nunca he ignorado los riesgos que comporta empeñarse en darle una orientación democrática seria al país. No me cabe la menor duda de que en el atentado de ayer tiene metida su mano ensangrentada la dictadura dominicana. Pero esa dictadura vive su hora pre agónica, son los postreros coletazos de un animal prehistórico incompatible con el siglo XX».
El periodista e historiador Miguel Guerrero ha dicho que el atentado contra Betancourt recibió el repudió de la comunidad internacional, antes de ser objeto de intensos debates en la Organización de Estados Americanos (OEA).
“Trujillo fracasó en el plano diplomático, pese a sus astutas maniobras diplomáticas desplegadas, no logró evadir la condena. Sin embargo, ese deplorable hecho puso de relieve, tal vez como en ningún otro momento de los treinta años anteriores, la habilidad de su servicio exterior y la entrega total de los intelectuales del régimen a una causa de antemano perdida”, dijo.
Contra adversarios extranjeros
El sátrapa nacido en San Cristóbal, el 24 de octubre de 1891, no solo combatía constantemente a sus adversarios internos. Tampoco descuidaba el espionaje ni los ataques contra importantes antagonistas extranjeros como los presidentes Ramón Grau San Martín y Carlos Prío Socarrás, de Cuba; Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz, de Guatemala; los venezolanos Rómulo Gallegos y Rómulo Betancourt y el costarricense José Figueres.
Acosta Matos indica que a su vesania difamadora no escaparon tampoco dictadores como Fulgencio Batista, de Cuba, y Francois Duvalier, de Haití. Tampoco políticos norteamericanos, como Benjamin Sumner Welles, ni republicanos españoles como Jesús de Galídez o José Almoina.
Precisamente la alevosa y larga mano de Trujillo acabó con la vida de los españoles Jesús de Galíndez y Almoina.
Galíndez Suárez, intelectual y entonces catedrático de la Universidad de Columbia, fue secuestrado por agentes de la dictadura en Nueva York, y traído a República Dominicana, donde fue asesinado en 1956. El motivo: el antiguo colaborador de Trujillo se había convertido en su adversario y escribía una tesis doctoral sobre el régimen dictatorial.
Posteriormente, el déspota acabo con la existencia de Almoina, en 1960. El gallego, que había sido secretario particular de Trujillo, se ganó su inquina a causa de la difusión de críticas sobre él y su régimen.
Almoina, quien fue profesor de la Universidad de Santo Domingo, escribió un informe confidencial, dirigido a los gobiernos de la cuenca del Caribe, en el que lanzó duras críticas a Trujillo, atribuyéndole serios planes intervencionistas en los asuntos internos de otros países. En el voluminoso texto, analizó, entre otras muchas cosas, las condiciones personales de Trujillo y le atribuyó ser un enfermo mental. Incluso le imputó ser un degenerado, que incurría en la práctica homosexual.
El historiador español Xurxo Martínez Crespo, autor del libro “Exilio. Dominicana. México”, expresó: “Almoina escribe y paga de su propio bolsillo ‘Una satrapía en el Caribe. Historia puntual de mala vida del déspota Rafael Leónidas Trujillo’, el alegato más arriesgado de los que se escribieron contra la dictadura de Trujillo. Para ocultarse, firma como Gregorio Bustamante y llega a incluir una descripción de sí mismo: «El miserable e indigno gallego».
Según Martínez Crespo, en esas palabras “hay algo más que una jugada de despiste, que el miedo a la guerra sucia del régimen dominicano: una confesión de arrepentimiento. El terror a los servicios secretos de Trujillo provocó que el lugués se guardase las espaldas publicando, simultáneamente y bajo su nombre auténtico, ‘Yo fui secretario de Trujillo’, versión complaciente de su paso como asesor del déspota”.
Almoina cayó ante el impacto de las balas en Ciudad de México a manos de cubanos escapados de la revolución en su isla y refugiados en Santo Domingo. La sed de venganza de Trujillo también estuvo detrás de este crimen.
HISTORIA DOMINICANA/EMILIA PEREYRA

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lunes, 12 de agosto de 2019

Matar por convicción

12_08_2019 HOY_LUNES_120819_ Opinión12 APor Carmen Imbert
La década de los 70 iniciaba con su carga de incertidumbre, retos y descubrimientos. Con el atrevimiento juvenil desafiando paradigmas, importunando cátedras, mortificando a la parentela. Los pasillos universitarios fueron ágora. Hervidero cotidiano, exigido por la circunstancia. La indiferencia era sospechosa, aunque podía salvar prestigios, evitar rumores y deshonor. La militancia requería sigilo, para no despertar sospechas. Las tareas subversivas no podían comentarse. También hubo militancia sin adscripción a nómina partidista alguna, se ejercía con el discurso y con la provocación. Entre canto y contracanto, libros encubiertos para que nadie detectara el contenido,el estudiantado, que soñaba con llegar a estrados y curules, discutía y enfrentaba la realidad que compungía con su retahíla de cadáveres e inseguridad. Entonces los alardes de lecturas recientes para comprender y comprometerse más allá de las canciones y de los poemas, de las películas prohibidas y las permitidas. Advenía la evaluación ética del crimen: cuándo proceden las causas de justificación, cuándo la excusa absolutoria. El momento culminante y con fanfarria,era el correspondiente al comentario de los delitos comunes y los políticos. Entendible el interés. La época exigía. Los regímenes de fuerza reinaban en la región, los atropellos se convertían en costumbre. Había un ir y venir de parias, exiliados sin componte ni piedad. Pululaban los expulsos, sin destino, por las capitales de países ignotos.
La violencia de estado no tenía más opciones que el cementerio, el ostracismo o la cárcel. La división apasionaba y dependía de la perspectiva ideológica de cada quien. Jiménez de Asúa era cita frecuente. En “La Ley y El Delito”-Editorial Suramericana, séptima edición 1976- clasifica los delitos políticos en puros, complejos, conexos. “Los puros son los que se cometen contra la forma de la organización política de un estado; los complejos lesionan el orden político y el derecho común, como el homicidio de un Jefe de Estado o de Gobierno y los delitos conexos a la delincuencia política, que cometidos aisladamente serían constitutivos de delincuencia común, pero que, en el contexto de un delito político, resultan imprescindibles para poder llevar a cabo el hecho principal (el “robo con fines revolucionarios”, página 187).” Joaquín Balaguer resumió la doctrina con la división archiconocida de “políticos presos” y “presos políticos.” ¿Qué merecían entonces los infractores que cometían el hecho motivados por un ideal? ¿Tenía derecho el Estado burgués a sancionar las acciones patrióticas con fines redentores? De nuevo la alusión a la novela de Leonardo Padura “EL Hombre que amaba a los perros”, para evaluar si los motivos que impulsaron a Ramón Mercader del Río a matar a Trotski merecían la condena impuesta. El ejecutor fue moldeado.Conminado a odiar, rehén del adoctrinamiento que le impedía distinguir, decidir. Odiar sin remedio, odiar por la obligación de hacerlo, porque el mundo debe cambiar y el odio signa. Construyeron la personalidad del homicida animándole a odiar y a valorar la necesidad de eliminar el sujeto de su odio. ¿Podrían esgrimirse en un proceso penal esas razones como exculpatorias, atenuantes de la pena? ¿Argüir que el asesino obedecía los designios de su líder, convertido en amo de su voluntad? Líder venerado, hacedor del paraíso proletario que exigía sangre, lealtad a toda prueba, sacrificio sin lágrimas porque el llanto no es revolucionario. Intuir que la acción lo convertiría en parte del proyectomagnificente de Stalin, envaneció y obnubiló al asesino. Abrazó la causa, sin marcha atrás. Religión y fe porque el líder es omnipotente, omnisciente. El infalible mandante teníaintermediarios que se encargaban de acosarlo. Validos aguerridos, que actuaban sin compasión para encubrir el terror que sentían. ¿Podría, del mismo modo, ponderarse los efectos del abuso psicológico, la conculcación de derechos, que convirtieron a Mercader en un ser dependiente del odio? Sopesar los estragos del cambio constante de personalidad en la identidad. Ese ser, no ser, dejar de ser,que fue cosa común con el pretexto de la utopía. La mención de antecedentes infames seía interminable, sin embargo, nada importa ni disuade, cuando la convicción decide un crimen.

martes, 6 de agosto de 2019

Trujillo se adelantó a la historia: Ramfis no tenía carácter para mantener la dictadura

Por José Rafael Sosa para el 
periodico Acento
SANTO DOMINGO, República Dominicana.-El 30 de junio de 1959, en la fiesta de 30 de cumpleaños de Ramfis, su hijo mayor, Trujillo sorprendió a los invitados en La casa de Caoba, con una admonición que resultaría completamente cierta: su hijo mayor no tenía ni el temperamento, ni las condiciones para mantener la dictadura en caso de que tuviera que asumir el poder.
De acuerdo a la versión que publica Orlando Inoa en Ramfis Trujillo: Cronología Histórica, se refiere a varios autores que dan cuenta del pronunciamiento de Trujillo, que en la práctica seria tal y como lo previo en 1961, cuando su hijo quedó en junio al frente del régimen por el ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo Molina.
Ramfis en el sepelio de su padre FOTO AGN y Orlando Inoa.
En la cronología de Inoa, citando el libro testimonial Trujillo de cerca (páginas 264-267) de Mario Read Vitini, Inoa refiere que Trujillo tomó la palabra para dirigirse a los invitados:
“…ustedes tienen razón en pensar que soy un padre feliz. Pero yo tengo que confesar que no es así. Que mi hijo, Ramfis no es el hombre que yo esperaba y hubiera deseado. Que él no es hombre calificado, porque no reúne las condiciones necesarias para recibir el legado que algún día le corresponderá. Que tomen nota los que vayan a escribir mañana la historia dominicana”.
Ramfis niño, siendo coronel. Fuente AGN
Ante el estupor de oficiales y funcionarios asistentes a la fiesta, que quedaron de una pieza sin saber que decir, Trujillo, amplió sus criterios:
“Ustedes podrían decir que yo estoy equivocado, o que soy injusto, por la apariencia de su posición. Pero no es así. Me he tomado el cuidado de examinar su conducta, de probar su carácter desde que era un niño y de observar sus actitudes y sus reacciones y estoy seguro de que no me equivoco”.
Ramfis, según The Boston Globe, Enero 1962.
El ambiente, relatan Inoa y Read Vitini, se hacía más pesado entre los asistentes, mientras Trujillo, desde el micrófono, seguía su catarsis:
“Estoy seguro de que el no sabrá hacerse digno de las responsabilidades que alguna vez habrán de tocarla. Y yo, no podía dejar de manifestar esta justificada creencia mía en la hora en que está entrando a la edad viril, aunque sin esperanzas de que su actitud cambie ni su carácter se fortalezca”.
Y prosiguió:
“Créanme que es muy penoso decir estas cosas a Ramfis en el día de su cumpleaños, pero me traicionaría a mi mismo si no hago saber, en presencia de ustedes. La convicción que tengo es que el no corresponderá al llamado de la historia”.
Ramfis responde
La sorpresa de los contertulio debió ser mayor debido a que cuando Trujillo, descendió del micrófono, molesto y Ramfis tomó la palabra:
“Señores ustedes acaban de escuchar lo que ha dicho mi padre. Solo el pudo haber dicho lo que dijo, sin recibir el peso de mi reacción. Solo el puede juzgarme de esa manera sin que yo le correspondiera como seria de rigor. Pero mi padre me ha juzgado mal porque mi padre está equivocado. Y está equivocado, porque mi padre no e conoce. Porque nunca me dio la oportunidad de tener una verdadera relación de padre a hijo con el: porque nunca pude acercarme lo necesario a su persona, porque siempre estaba muy ocupado y el no conoce mi verdadero carácter, porque nunca se relacionó conmigo como lo hace cualquier padre. Por eso el no puede tener una visión clara de quien soy y como soy. El no conoce ni mi carácter ni mis condiciones personales. Por eso dice que no seré capaz de manejar con dignidad el legado que el me deje, pero ustedes serán mis testigos, el día en que la historia me llame, de que yo si sabre hacerme digno del gran legado de gloria que mi padre me deje”. Descendió de la tarima.  El silencio podía cortarse como cuchillo en queso.
Trujillo replica
Trujillo se volvió, y subió de nuevo y tomo el micrófono para decir con un acento de total y penosa convicción – apunta Read Vitini- en su libro, citado por Orlando Inoa: “- ¿Ustedes lo oyeron?  Que más quisiera yo que fuese como el dice”. Qué más puede querer un padre como yo. Yo si me tome todo el trabajo de examinar su conducta, de verlo constantemente de cerca desde su más tierna infancia; de observarlo cuidadosamente y de proveerlo de todos los medios necesarios para su desarrollo adecuado, pero tengo que reiterar que desde sus primeros años observé sus debilidades de carácter, su temperamento evasivo, de cierta irresponsabilidad”.
La admonición de Trujillo
El dictador tenia razón. Fue ajusticiado el 30 de mayo de 1961, y el miércoles 31 de mayo, en la noche, llego desde el extranjero para aceptar el legado de la dictadura trujillista, y tal y como vaticino su padre, no tuvo las condiciones para mantenerse en el poder
Ramfis no pudo contener las ansias de libertad del pueblo dominicano, el impulso de los partidos opositores, encabezados por el PRD (de entonces), no sin antes, borracho, fusilar a los ajusticiadores de su padre en la Hacienda María, el 18 de noviembre: Roberto Rafael Pastoriza Neret, Pedro Livio Cedeño Herrera, Luis Salvador Estrella Sadhalá, Modesto Díaz Quezada, Huáscar Antonio Tejeda Pimentel y Luis Manuel Cáceres Mitchel (Tunty), atados a cocoteros. Uno de ellos le grito que si era un hombre que lo soltara y se fajaran de hombre a hombre. El hijo del dictador, ciertamente, no tenia condiciones ni para eso.


FUENTES:
Ramfis Trujillo: cronología histórica. Autor: Orlando Inoa. Editorial Letra Gráfica. Páginas: 220 a la 224.Impreso en Serigraf S.A. 2018.
Trujillo de cerca (páginas 264-267); Autor Mario Read Vitini,

lunes, 5 de agosto de 2019

Mecanismos de Trujillo para la represión política: Los “caliés”, piezas importantes en la estructura criminal de la dictadura

Por Alejandro Paulino 
El vocablo “calié”, que forma parte del lenguaje de los dominicanos, remite a la figura de una persona común, por lo general del ámbito civil, de condiciones económicas que rayan en la pobreza, con estrechos vínculos con las autoridades y el partido de gobierno, y que recibe un sueldo proveniente del Partido Dominicano, la oficina de la Presidencia, de la Secretaría de lo Interior y Policía, o del Servicio de Inteligencia Militar (SIM).
El “calié” era un agente, un espía pagado con los fondos del Estado, que formaba parte de una estructura organizada y dirigida desde las altas instancias de los servicios de inteligencia del gobierno, con funciones de vigilancia, policiales, aplicación de torturas y del crimen por órdenes superiores, lo que no impedia que el pueblo, por desconocimiento de las interioridades de esa estructura, lo confundiera muchas veces con el simple “soplón” o “chivato” que apoyaba y nutría con informaciones las ejecutorias de los caliés,  a cambio de condescendencias  o magros beneficios derivados del ámbito oficial.
Los caliés  como parte de la dictadura

Carnet de identificación de los agentes del SIM que eran conocidos popularmente con el apodo de calié.

Desde mucho antes de ascender a la presidencia, en su condición de jefe de la Policía Nacional Dominicana Rafael L. Trujillo organizó una estructura de inteligencia secreta, formada con el fin de utilizarla en la persecución política, integrada por civiles y militares. Con el tiempo, ese aparato coordinado por oficiales de la absoluta confianza del gobernante, se amplió sin dejar un solo espacio de la sociedad en que no estuviera presente su actividad delatora: profanó la intimidad del hogar; se apoderó con su presencia de las calles y barrios del país; abarcó la totalidad de las oficinas del Estado; actuó sin miramiento en las instituciones castrenses y trascendió en su accionar más allá de la frontera dominicana. El pueblo identificó a esos agentes secretos con el mote de “calié”, o “caliés” cuando se trataba de más de uno de ellos.
Los miembros detectados como tales, y los que actuaban infiltrados, al amparo de la disimulación convertidos en sus contrarios, eran tenidos como simples delatores y espías al servicio de la dictadura, sin que se pudiera determinar con exactitud cuándo esas personas actuaban por encargos, recibían salarios de las instancias en que estaban adscritos, o simplemente asumían la condición de “soplones” para recoger informaciones en sus entornos sociales y familiares, con el fin de mostrarse complacientes ante el Partido Dominicano y cooperar con el gobierno por simples simpatías o dadivas, por los que eran tenidos también como “camarones”, “orejas” y “chivatos”. 
Una palabra excluida de los libros
La palabra calié, que parece fue usada en épocas anteriores a 1930, desapareció casi por completo durante los treinta años de dictadura; no así las actividades de espías relacionadas con el término. A partir de una revisión bibliográfica y hemerográfica más o menos exhaustiva, se puede determinar la ausencia del referido vocablo en los textos publicados antes de 1961, tanto por los apologistas del régimen como por los desafectos del mismo.
Tampoco se ha podido ubicar la palabra calié en los escritos publicados en el extranjero por los políticos antitrujillistas, aunque no se descarta que en la prensa de Venezuela y Cuba, lugares en que hubo concentración de exiliados dominicanos, principalmente, pudiera tal vez aparecer el vocablo. Sí se ha podido determinar que a lo largo de los treinta años de gobierno de Trujillo, los delatores, espías y soplones fueron una constante, y que no se debe descartar del todo que algunas personas, de manera discrecional, utilizaran el calificativo.
Al parecer, fue a finales del periodo 1950-1961, que el vocablo se popularizó en reducidos sectores de la población y en especial entre los tenidos como opositores y se fue generalizando a partir de los primeros días de la muerte de Trujillo. Los “caliés” irrumpieron como tales a partir de 1960, cuando el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) intensificó la labor de persecución política haciendo que muchos de sus agentes quedaran evidenciados ante la población; igual sucedió con los que suplían informaciones sin ser miembros del SIM. Varios de estos también comenzaron a ser señalados como “chivatos”, tal vez porque sus actividades a veces ocasionales, descansaban en averiguar o tener conocimientos de actividades que se organizaban contra el régimen, y al enterase de las mismas las transmitían a los miembros del SIM, que eran los tenidos como verdaderos “caliés”, que los había en todos los barrios, pueblos y ciudades. Desde entonces, la acción delatora del “chivato” pasó a ser tenida como la operación de “chivatear”, que era lo mismo que informar o delatar. Hablar del “chivato” posiblemente era una manera de diferenciarlo del “calié” propiamente dicho, que era el portaba armas de fuego, cumplía con un servicio regular,  y recibían un sueldo por su servicio.
El significado de la palabra “caliés”.
Investigadores, historiadores y políticos contrarios al régimen de Trujillo, en sus escritos publicados posterior a la muerte de este (1961), aportan breves definiciones de lo que ellos entendieron por “calié” o “caliés”. Casi todos, de una manera u otra, coinciden en relacionar  esa voz con la condición de espiar, delatar  y de informar:
Por ejemplo, durante la guerra de abril de 1965, el historiador Emilio Rodríguez Demorizi, publicó en el periódico “Patria” el Vocabulario de la revolución constitucionalista. En él se  dice que calié es el “espía, delator, de la Era. Voz misteriosa cuyo origen no ha podido precisarse.[1] También dice Demorizi, que chivatear era “denunciar, delatar”, mientras que el chivito lo define como el “delator”.  En cuanto al vocablo  “chivatear”, que también se hizo popular en el lenguaje dominicano, dice Max Uribe en su Diccionario de dominicanismos y americanismos: palabras y sus orígenes (2008), que esa palabra “es verbo transitivo que se aplica a la persona que es objeto de una delación ya fundada o ya calumniosa”.[2]

Antes de que los Trujillo abandonaran el país, ya se usaba el termino calié

Por su parte, el abogado que fue antitrujillista Rafael Alburquerque Sayas Bazán, en su libro Años imborrables: episodios autobiográficos (2010), cuenta que durante la dictadura él estaba continuamente “vigilado por los espías al servicio del régimen, conocidos con el apelativo de caliés”,[3], mientras que  Cesar A. Saillant Valverde, citado como secretario personal de Ramfis Trujillo, afirma que los “agentes encubiertos” eran llamados “caliés”.[4] Por igual, resulta interesante el aporte de Alonso Rodríguez Demorizi, hermano de Emilio, quien en una cronología llevada en secreto durante los años de la dictadura, que luego  publicó  el AGN con el título de Drama de Trujillo: cronología comentada Nueva Canosa (2012), de que  “caliés” le decían a “los esbirros y espías del Trujillato”.[5] En el mismo sentido, el destacado historiador cubano Eliades Acosta, que labora como investigador en el Archivo General de la Nación, anota en uno de sus textos sobre Rafael L. Trujillo,  lo siguiente: “Según un diccionario consultado, “calié” es un dominicanismo que significa agente secreto (o informante)”.[6]
El profesor Juan Bosch, quien fue recurrente en la explicación del fenómeno del “caliesaje” en la política dominicana,  trae en uno de sus textos la  siguiente observación: para él la palabra caliés era utilizada en la República Dominicana para señalar a las personas que lanzaban “contra los acusados a la policía política, algo que justifique la persecución, el apresamiento, la tortura o el destierro. (…). En Venezuela—dice Bosch—se les llamaba “esbirros”; en la Cuba anterior a Castro, “apapipios” y “chivatos”.[7] Bosch anotó también que caliés se llama “a los hombres que acechan”,[8]  y los señalas  como personas que eran por lo general “desechos sociales”.
Para configurar lo que podría ser una definición amplia de lo que significó el  “calié” para los dominicanos, podríamos añadir a las anteriores explicaciones la que aparece en el periódico 1J4, órgano del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, cuando se refiere a los espías  como “esa miseria humana que tanto daño ha hecho a este país. Ese cáncer de la tiranía que todavía campea por sus respetos en nuestras ciudades y poblaciones (…); instrumentos de barbarie, delación, tortura y asesinato y demás tropelías con que contaba Trujillo para intimida a este pueblo”.[9]
Un vocablo con raíces en el siglo XIX
El vocablo “calié” no  tiene su origen en tiempos de la dictadura de Trujillo. Estudiosos de las actividades realizadas por  los espías de los gobiernos dominicanos, han ubicados el uso de esta palabra a finales del siglo XIX y hasta un poco más atrás.
Por ejemplo, Francisco Modesto Berroa Ubiera, historiador y profesor de la Escuela de Historia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, aporta el dato de que el vocablo “tiene su origen en la palabra francesa «cahier» que significa cuaderno o libreta de bolsillo, y con esa misma palabra se nombra al que escribe en el cuaderno”. Explica también que el término era utilizado durante la dictadura del general Ulises Hilarión Heureaux Level (a) Lilís, quien “constituyó un nutrido cuerpo de inteligencia en todo el país, los cuales tenían en su poder un cuaderno (cahier) para hacer anotaciones y disponían de un libro de bolsillo contentivo de un código telegráfico secreto que usaban para dar sus informes secretos vía telegráfica”.[10]
Coincidiendo con el profesor Berroa Ubiera, el investigador Eliades Acosta, en su colección de documentos de la dictadura de Trujillo publicados por el AGN, explica la procedencia de la referida palabra: “Según un diccionario consultado, “calié” es un dominicanismo que significa agente secreto (o informante)” cuyo origen se ha buscado en el término francés “cahier”, que significa cuaderno o libreta de apuntes, donde el espía toma nota. Como se sabe, Trujillo fomentó un verdadero ejército de calieses a su servicio”.[11]
Los espías de Trujillo antes de 1950

Desde noviembre de 1961 el periódico del IJ4 publicó la sección conozca a los caliés.

Trujillo siempre tuvo un ejército de espías, que formó a través de una práctica represiva que tuvo puntuales organizadores en el Servicio de Inteligenciadel Ejército y en el Servicio Secreto de la Policía, pero que integraba, como parte de la estructura represiva, la labor de un conglomerado instruido y dirigido con el fin principal de recabar informaciones que sirvieran para el control político de la población, y que recibían sus directrices de la Presidencia y sueldos desde Interior y Policía y del Partido Dominicano. En las medidas que la dictadura iba modernizando su sistema de espionaje, de esa misma manera iba creciendo el aparato de control, integrando a los civiles  en actividades que por mucho tiempo habían sido casi de la exclusividad del sector militar.
En los años cincuenta del siglo XX, fue cuando el presidente Trujillo puso más atención a la reorganización de los servicios de inteligencia. Especialmente, a través del Servicio de Inteligencia Militar (SIM),  desde 1957, fue—como dice Juan Bosch en uno de sus textos—que la “maquinaria de la dictadura funcionó con más eficiencia y amplitud en la aplicación del terror, (y) lo hizo a través sobre todo de civiles, con los caliés y los torturadores de Johnny Abbes García”;[12] pero la historia de esa forma de proceder tenía sus raíces muchos años antes  de que se iniciara la dictadura de Trujillo.
En sus orígenes, a finales del siglo XIX, el dictador Ulises Heureaux (Lilí) estableció un sofisticado sistema de espionaje, el más efectivo de la época republicana hasta 1900, que solo pudo ser superado diez y seis años después, organizado por el gobierno militar de ocupación americana (1916-1924). De la experiencia norteamericana, Trujillo, que fue miembro de la “Guardia nacional” aprendió de sus instructores y copió posteriormente lo que sería la modalidad del sistema de inteligencia que utilizó a lo largo de sus tres décadas de gobierno.
La historiadora Mu-kien Adriana Sang, en su estudio “Ulises Heureaux, el dictador de la modernidad positivista”, publicado por la Academia Dominicana de la Historia (2019), describe la forma en que el dictador de finales del siglo XIX, aplicó los mecanismos de represión para controlar a sus enemigos políticos, para lo que utilizó el Código Telegráfico o Código de la Muerte, con el que el mandatario se comunicaba con sus colaboradores en todo el país, enviando “vía del telégrafo” los detalles de sus pesquisas. El dictador estaba informado al instante de cuanto acontecía en el país. Era un mecanismo eficiente para aplicar la represión”.[13]
A través de ese dispositivo que utilizaba el telégrafo, el presidente Lilís  instruía a sus espías para dar seguimiento a los movimientos revolucionarios que se organizaban tanto en el país como en el extranjero, y recomendaba observar  la conducta de los familiares de los opositores, con el fin de conocer sus planes. Y les instruía a sus agentes y funcionarios: “Encargue una persona habilidosa, de esas que no se meten en política y que son políticos de los pies a la cabeza, para que se acerque a uno de los sospechados y habilidosamente averigüe lo que hay”.[14] En ciertas formas, de lo que se trataba era de poner a su servicio a personas civiles, que no levantaran sospechas y de esta forma mantener al gobierno informado de todo lo que pasaba. Con el tiempo, posterior a su muerte, esta forma de actuar se hizo más efectiva.

Edificio situado en la intersección de la avenida México con José Dolores Alfonseca, hoy 30 de Marzo. Presenta el asta de la bandera y fue sede principal del SIM.

Durante la ocupación norteamericana, el sistema de espionaje se hizo más eficiente. De acuerdo con Arthur J. Burks, que fue jefe de la Sección de Inteligencia de la Brigada del gobierno americano, se formó un equipo de agentes nativos “dispuestos a trabajar en contra de ellos-(los dominicanos)-y que no odiara demasiado a los marines para trabajar en su beneficio”, los que recibirían a cambio un salario aproximado de 15 dólares.[15] Algunos de esos espías se mezclaban con sectores de interés, y se hacían asiduos visitantes de lugares en los que eran celebradas conferencias y reuniones políticas. De  esa forma, informaban “palabra por palabra” lo que se comentaba en esos encuentros.
El sociólogo-historiador José del Castillo, en su ensayo “Aventura de un marine en el país de los cuarterones”, describe con sobrados detalles la forma en que Arthur Burks ayudó a  crear la red de inteligencia del gobierno americano, cuando citando al autor de El país de las familias multicolores, dice lo siguiente:
“Mis gentes, tanto los de tiempo completo como los de tiempo parcial, eran turcos, haitianos, dominicanos, franceses, alemanes y uno canadiense: marines, alistados y oficiales”. Cada agente tenía un número y los informes de cada uno iban con el numero señalado, de modo que el general pudiera mirar en su lista, mantenida bajo cerradura y llave, para ver quien lo había hecho”.[16] En el Archivo General de la Nación (AGN), reposan debidamente organizados, decenas de legajos conteniendo una parte de los informes hechos llegar por los espías a la Brigada de Inteligencia, registrando las conversaciones, las reuniones y los movimientos de muchos de los visitantes a restaurantes, clubes  y sitios públicos.
Posteriormente, y ya en tiempo de la dictadura de Trujillo, el sistema de organizar la red de espías recuperó esa experiencia y cobró nuevos bríos, combinando las actividades de inteligencia del Ejército y de la Policía, con acciones puntuales del Partido Dominicano, que además de controlar la población civil en términos políticos, ayudo a ampliar la red de informantes a nivel nacional que abarcó las actividades públicas y privadas y todas las áreas administrativas del Estado, un sistema que por décadas estuvo reservado al sector militar.

Cepillos carros del servicio inteligencia militar SIM utilizados por los caliés

Espías y control ciudadano.
Desde principios de los años treinta la población comenzó a sentir que el país caminaba hacia el control absoluto de Trujillo, aunque esto no evitó el atrevimiento de jóvenes que fueron tachados de desafectos al régimen debido a que se implicaron en planes antitrujillistas. En los años cuarenta, algunos de estos asumieron prácticas políticas contra el gobierno de manera pública, y con sus esfuerzos organizaron el Partido Democrático Revolucionario Dominicano (PDRD), la Juventud democráticay el Partido Socialista Popular (PSP). Pero sus desafiantes actividades eran permanentemente vigiladas por los espías del régimen. Sus actividades fueron contenidas por el gobierno a partir de 1947, con el aumento de la represión y la vigilancia, apoyado en los organismos oficiales y en la actuación de los agentes y delatores que se movían en los barrios de la ciudad capital y en algunos pueblos del país, principalmente Santiago, La Romana y San Pedro de Macorís.
Testimonio del nivel de vigilancia mantenido por los agentes en el período 1940-1947, lo aporta la que fue funcionaria del Partido y gobierno de Trujillo, la banileja Carmita Landestoy, cuando en 1946, después de salir del país, publicó una valiente obra de críticas contra Trujillo que tituló “Yo también acuso”, en la que señaló que el mandatario era responsable de la corrupción en el Estado y de patrocinar una política criminal contra la población.
Sobre la situación de control a que estaban sometidos los dominicanos, la señora Landestoy dijo entre otras cosas: “El pueblo está espiado dentro y fuera del hogar. Sobre todo el país, hasta en el último rincón hay personas pagadas para vigilar e informar.  Además, el Partido Dominicano es una “Gestapo”. Hace dos años que Trujillo formó un cuerpo de espías de jovencitos de 14 a 16 años con un sueldo de 60.00 (sesenta dólares) mensuales. ¡Hasta la niñez está pervirtiendo!. Hace poco, más o menos unos dos años, que también pasó una circular a cada empleado del Gobierno en todo el país, diciéndole que cada empleado debía observar lo que hablaban los otros e informar cuando expresaban algo contra el Gobierno, así es que los ha lanzado a espiarse mutuamente”.[17]
En la administración pública los empleados eran sometidos a un proceso de depuración, y obligados a llenar un formulario ante la Comisión Depuradora de Empleados Públicos. Las preguntas contenidas en el formulario estaban relacionadas con la participación política anterior al ingreso a la administración; niveles de cooperación con el gobierno; actividades del gobierno en las que se participaba; propaganda hecha a favor del régimen; labor especial a favor del gobierno y del partido; antecedentes laborales y actividades políticas antes de pertenecer al Partido Dominicano.[18]
Ese era el cuadro que presentaba el país en relación a las libertades públicas y a los controles oficiales sobre la población, de modos que, como lo explica el exiliado Félix A. Mejía en su libro Viacrucis de un pueblo (1951), la sociedad dominicana vivía bajo un estado de  observación directa de los espías, tanto en las activadas públicas, como privadas y familiares:
“Los choferes, las mujeres libres, los empleados de restaurantes, personas indispensables al que apura una copa—dice Félix A. Mejía—, son agentes de Trujillo, porque en esos casos regularmente se cometen indiscreciones e imprudencias. La servidumbre, el limpiabotas, el barbero pueden captar cualquier desliz…también los son; el billetero, el buhonero, el mendigo. En fin, toda esa laya de gente es un posible espía; amen de los profesionales. Las paredes, los árboles, el aire, todo lo que nos rodea; los elementos más comunes e indispensables se tienen por delatores; nadie se atreve a hablar aun en los parajes más remotos y solitarios, porque parece que el contacto con la tierra establece una corriente que va directamente a los oídos del Verdugo”.[19]
Por igual, Juan Isidro Jimenes Grullón, que fue junto a Juan Bosch de los  fundadores del Partido Revolucionario Dominicano en el exilio (1939), coincide con Mejía al decir que Trujillo tenía un vasto sistema de espionaje, refiriéndose indudablemente a las actividades ejecutadas por los caliés, aunque no los menciona con ese nombre: “Los espías se presentan en todas partes. Nadie sabe en quién confiar. Las familias sospechan de sus sirvientes; los amigos sospechan de los amigos”.[20] En fin, los dominicanos vivían en un estrés permanente que se transformaba en miedo; a través del temor a ser delatados o llevados a las cárceles y señalados como desafectos, Trujillo mantenía la gobernabilidad necesaria para la perpetuación de su dictadura.

Cesar Rodríguez Villeta reconocido calié del SIM mientras era interrogado por las autoridades judiciales.

Muestras de actuación de los espías
1. Vigilancia de Silvia Padilla Deschamps: Informe confidencial. 26 de marzo 1946: “Ayer, estuve conversando con Silvia Padilla Deschamps, en su propia casa, para lo cual me presente allí ofreciéndole en venta artículos para mujer, como también poniéndome a su disposición para si ella tenía algún objeto o prenda que quisiera vender, mediante una pequeña comisión para mí. Después de conversar un rato con ella y de pedirle algunas explicaciones sobre lo que era el comunismo, le dije que podía tener completa confianza en mí y que si querían podían utilizarme en la venta del periódico, ya que yo me ocupaba de todas esa cosa. Me expuso, después que parece me hubo tomado alguna confianza, que ellos harían todo lo posible por impedir la reelección del Trujillo y que si lo lograba, continuarían en su labor hasta verlo fuera del Gobierno; que comprendían que esa era una tarea ardua y difícil, especialmente por su falta de recursos económicos, pero que su odio hacia Trujillo les daría fuerza y ánimo para no cejar en su propósito; que si para ello era necesario la utilización de algunas bombas ellos sabrían cómo conseguirlas.
“Me intrigo sobremanera este asunto de las bombas y tengo el propósito de volver a conversar con esta muchacha, a ver si logro que me diga la forma como podrían ellos conseguir bombas, e informar. Silvia y yo estuvimos solas en esta conversación; la otra muchacha—se supone hablaba de Josefina Padilla—, según  me dijo, estaba en la Universidad. Ciudad Trujillo, D.S.D., 26 de marzo de 1947”.[21]
2. Vigilancia a miembros de Partido Socialista Popular: “Policía Nacional. Ciudad Trujillo, D.S.D., 19 noviembre, 1946. Núm. 904. Del: Jefe del Servicio Secreto (…).  Asunto: Informe sobre el movimiento comunista durante las últimas 24 horas.- “1. Muy respetuosamente, me permito informar a esa Honorable Superioridad, para su conocimiento y fines que considere de lugar, el movimiento de los afiliados al “Partido Socialista Popular” (Comunista), durante las últimas 24 horas.-
Oficina principal-Avenida “José Trujillo Valdez” núm. 66. “Anoche no pudieron perifonear debido a que el martifono se descompuso y no pudieron arreglarlo. Todos los dirigentes, oradores y miembros activos comunistas permanecieron en el local sentados en el suelo hasta después de las 9 p. m.
“Prisión del comunista Nicolás Quirico Valdez. “Anoche a las 9:20 p.m., después de haber abandonado el local de la oficina del Partido Socialista Popular situado en la Ave. “José Trujillo Valdez” #66, por el Raso de la Policía Nacional Neftali Rodríguez Arache, portando una chaveta de zapatero, la cual tenía amarrado en la parte interior de su cintura, lo que constituye una violación a la Ley sobre el porte ilegal de arma blanca. El nombrado Nicolás Quirico Valdez, es un miembro activo del P.S.P., y elemento de malos antecedentes, agitador de la plebe comunista contra las autoridades y altos funcionarios de la Nación, pues su conversaciones siempre son relacionadas con “romper las cabezas de todos esos engreídos, ladrones, criminales” refiriéndose a los leales servidores del Gobierno. El nombrado Quirico Valdez, será sometido en la mañana de hoy a la acción de la justicia por violación a la Ley sobre porte ilegal de arma blanca.
“Residencia de Félix Servicio Docoudray hijo, “Duarte” #10. “Ayer fue visitada por un grupo de “amigos” y tres damas no identificadas que fueron en el carro publico placa #1336, las cuales fueron recibidas en la puerta de la calle por Ducoudray y Chito Henríquez, permaneciendo en la casa cerca de media hora. En la noche fueron a dormir a la misma residencia algunos de los dirigentes del P.S.P.”
“Reunión de la casa de Juan Hernández, calle “Manuel Arturo Machado” esquina “Baltazar de los Reyes” de esta ciudad. “El domingo en la noche se reunieron un grupo de comunistas en esta casa y amanecieron tomando tragos y haciendo comentarios sobre política, etc., Esta casa está situada frente a la de un Policía uniformado que los vigila y que aparentemente no les importa nada a los “camaradas” hacer sus reuniones frente a la autoridad.”
“Carta dirigida al Rector de la Universidad. Este Depto. tiene informes de que los Estudiantes de la Facultad de Derecho de apellidos Brache y Álvarez, estaban redactando ayer una carta dirigida al Rector de la Universidad, por la cual se le pide conceder la inscripción al estudiante Virgilio Díaz Grullón y otros estudiantes pertenecientes a la “Juventud Democrática”, solicitándole a la vez dar explicación de los motivos que tiene la Universidad para negarle la inscripción a esos estudiantes. La carta fue escrita y firmada por varios estudiantes”. “En los demás sectores comunistas nada que informar”. Clodomiro Arredondo Sosa, Mayor P. N”.[22].

Documento del SIM Fondo Palacio Nacional. Fondo Presidencia, AGN

Espías en cuerpos armados
Se puede entender, que siendo las Fuerzas Armadas una institución en la que la dictadura tenia operando un  Servicio de Inteligencia regular, no se hacía necesario estructurar una unidad de agentes que suplieran  informaciones y detalles de lo que ocurría en la cotidianeidad de los militares. Sin embargo, se organizó una especie de servicio secreto con el mote de “los cuarteleros”, es decir, los que actuaban como espías dentro de los cuarteles militares, con la función de “dar seguimientos a cualquier conspiración dentro de esa rama”.
De acuerdo a lo aportado por Nelson Moreno Ceballos en un escrito publicado por la Academia Dominicana de la Historia (2015), este grupo estaba integrado por “cocineros, ayudantes de cocina, barberos, practicantes, cornetas del Ejército. Las funciones eran de vigilancia. Servían como informantes y participaban en asesinatos y otras acciones. Sus actuaciones no siempre tenían que ser conocidas por los superiores del Ejercito, pues operaban como un grupo autónomo, directamente dependiente de Trujillo y del Servicio Secreto”.[23]
En todo el proceso relacionado con la existencia de los espías y soplones que con el tiempo se conocieron como los caliés, estos marcaron uno de los componentes fundamentales para la preservación del régimen de Trujillo, que era el de controlar la sociedad en sus más esenciales actividades cotidianas y así detectar a tiempo cualquier brote de disidencia que pusiera en peligro su gobierno. Por esa razón, la dictadura utilizó permanentemente la figura peligrosa y aterradora del calié, encarnado principalmente en el personaje campesino y urbano no militar, sudoroso, con aspecto de inocente, estudiantes a diferentes niveles, prostitutas de los más diversos cabarets, vendedores de chucherías en una esquina cualquiera, profesores y funcionarios de la Universidad de Santo Domingo, escritores con ínfulas de destacados intelectuales, profesionales, militares, policías, en fin, miles de hombres y mujeres dedicados a la insana tarea de espiar y perseguir a sus semejantes. El espionaje—dice el general Arturo Espaillat que fue jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM)—“se ha traslado de los salones diplomáticos a nuestras calles polvorientas”, especialmente a partir de la organización del SIM en 1957; pero de estos hablaremos en el próximo artículo en que abordaremos el temas de los “caliés” en los últimos años de la dictadura de Trujillo y la forma en que el pueblo terminó vengándose de sus verdugos.

Después de la muerte de Trujillo los caliés eran perseguidos por la población

(Notas bibliográficas: [1]Emilio Rodríguez Demorizi, “Vocabulario de la revolución constitucionalista”. Patria, 2 de septiembre 1965; [2] Max Uribe, Diccionario de dominicanismos y americanismos: palabras y sus orígenes. Santo Domingo, Librería La Trinitaria, 2008,  p.153; [3]Rafael Alburquerque Sayas Bazán Años imborrables (Episodios autobiográficos). Santo Domingo, AGN, 2010,  p. 6; [4] Cesar A. Saillant, Memorias de Saillant: Memorias-1957-1961. (4). Año 1961 (2), p. 337; [5]Alonso Rodríguez Demorizi, Drama de Trujillo: cronología comentada Nueva Canosa. Santo Domingo, AGN,  2012, p. 255; [6] Eliades Acosta, La dictadura de Trujillo: documentos (1950-1961). T. III, vol. VI. Santo Domingo, AGN, 2012, p. 357; [7] “Bosch refuta a Bonilla Atiles”. En: Juan Bosch, Obras completas. Vol. 33, Santo Domingo, CPEP, 2012, p. 86; ]8] Juan Bosch, Ob. cit., vol. 29, p. 41; [9] El 1J4, número 17 del 2 de diciembre 1961; [10] Francisco Modesto Berroa Ubiera, “Origen de la palabra Calié”, 3 de noviembre 2011. En: Notahistoriadominicana.blogspot.com; [11] Eliades Acosta, Ob. cit.; [12] Juan Bosch, Ob. cit., Vol. 19, p. 34; [13] Mu-kien Adriana Sang, “Ulises Heureaux, el dictador de la modernidad positivista”. En: Historia General del pueblo dominicano. Vol. IV. Santo Domingo, ADH, 2019, p. 13. Véase también Código telegráfico de uso oficial y privado del gobierno. Santo Domingo, 1895; [14] H. Hoetink, El pueblo dominicano: 1850-1900. Santiago, UCMM, 1985, p.146; [15]Arthur Burks, El país de las familias multicolores. Santo Domingo, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1990, p.140; [16] José del Castillo, “Aventura de un marine en el país de los cuarterones”. En: Arthur Burks, Ob. cit., p. xxi; [17] Carmita Landestoy, Yo también acuso: Rafael Leonidas Trujillo tirano de la Republica Dominicana. (1946). Santo Domingo, AGN, 2011, p. 56; [18] Nelson Moreno Ceballos, “Represión y crímenes”. En: Historia general del pueblo dominicano. Vol. V. Santo Domingo, ADH, 2015,  p. 613; [19] Felix A. Mejía, Viacrucis de un pueblo. Santo Domingo. (1951). Santo Domingo, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1995, p.61; [20] Juan Isidro Jimenes Grullón, La Republica Dominicana (análisis de su pasado y su presente).  Santo Domingo, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 2004, p. 185; [21] Bernardo Vega, Control y represión en la dictadura trujillista. Santo Domingo, Fundación Cultural Dominicana, 1986, p. 118; [22] El informe fue recibido por el presidente de la República mediante oficio 29551, del 19 de noviembre de 1946, firmado por J. M. Bonetti Burgos, secretario de Estado de lo Interior y Policía. En: Archivo General de la Nación, Fondo Presidencia; [23] Nelson Moreno Ceballos, Ob. cit.)

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