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PARAQUENOSEREPITALAHISTORIA .Para los interesados en el tema y los olvidadizos de sus hechos, aquí están para consultar múltiples artículos escritos por diversas personalidades internacionales y del país. El monopólico poder de este tirano con la supresión de las libertades fundamentales, su terrorismo de Estado basado en muertes ,desapariciones, torturas y la restricción del derecho a disentir de las personas , son razones suficientes y valederas PARA QUE NO SE REPITA SU HISTORIA . HISTORY CAN NOT BE REPEATED VERSION EN INGLES

miércoles, 3 de julio de 2019

Cultura politica monarquica

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Jose Gell
La práctica política en República Dominicana evidencia que la misma está muy influenciada por la cultura política que heredamos del caudillismo trujillista.
En el proceso histórico dominicano la cultura monárquica ha sido una constante, aunque la dictadura trujillista la potenció mucho más.
El continuismo gubernamental y el caudillismo son dos categorías que han regido nuestro devenir histórico, las cuales comprueban la existencia de la cultura política monárquica que practican líderes y partidos políticos en este sufrido país.
¿Buscamos que nos gobierne “un rey”?.  El historiador Euclides Gutiérrez Félix, caracteriza muy bien al tirano Rafael Leonidas Trujillo Molina al llamarlo “monarca sin corona”.
Es que seguimos moviéndonos en esa dirección. Por ejemplo, nuestra Constitución ha perdido la rigidez que tienen la mayoría de las constituciones de América Latina. Es por esto que se habla de reformarla, simplemente para permitir la apetencia de poder de un gobernante, lo cual se celebra con 
Modificar la “Carta Magna” a fin de viabliizar un proyecto reeleccionista es, para algunos, defender el interés nacional y salvar la Patria. No obstante, esto es una reafirmación de esa cultura política monárquica.
Así las cosas, el subdesarrollo político expresa esa cultura monárquica tan arraigada en nuestra realidad sociopolítica.
El destacado politólogo Francis Fukuyama, en su libro “Orden y Decadencia de La Política”, explica
con amplia sabiduría que la legalidad es “el fundamento del desarrollo político”.
En República Dominicana, precisamente, esa legalidad es sumamente frágil y la burla a la misma es permanente. Por consiguiente, a falta de la modernización política, la cultura monárquica llena el vacío de esa modernización inexistente.
Sin embargo, los teóricos del desarrollo político entienden que sin la mencionada modernización, tampoco habrá garantía de desarrollo democrático e institucional. En esta perspectiva, República Dominicana no podrá avanzar demasiado, ya que esta cultura monárquica obstaculizará, significativamente su progreso.
sp-am

martes, 2 de julio de 2019

RAMFIS, SU HARÉN Y SUS ALCAHUETES



EXTRACTO

La colegiala del Sagrado Corazón de Santiago de los Caballeros
Ramfis sigue la escuela de los suyos si es que no los supera. Nos referimos a las mujeres.
Él nació ya millonario y no le fue preciso robar ni bestias, ni chapitas. Mas rodeado de la más servil adulación, acostumbrado a ordenar y a ser obedecido, ¿qué podía sujetarlo a la hora del escándalo y del desenfreno? A los 15 años tenía su camarilla que le buscaba chiquitas. El Doctor Robiou,' su tío, —¡valiente sinvergüenza!— le había separado en el hospital Marión, donde era Director, una habitación para que allí Ramfis pudiera recibirlas y después de reconocidas, deshonrarlas.
Todas las muchachas más distinguidas de la Era de Trujillo han pasado por Ramfis.* Lo mismo Lelé Mieses, que el Moya, son los proveedores del amito, del mimado del Jefe. Se las traen de todos los rincones del país para ser sacrificadas a la ya peligrosa sexualidad del vástago del tirano o que por tal pasa.
Lo más terrible es que para satisfacer a la bestia, los Trujillo no se detienen ante ningún obstáculo. Si se les antoja una mujer, o cede ésta o sitian por hambre a la familia. Padres, hermanos, cuñados, quedan automáticamente sin empleo. Eso cuando no pasa la cosa a mayores.
Como a Ramfis se le antojara una hermosa muchacha, interna del Colegio del Sagrado Corazón de Santiago de los Caballeros, regido por Mercedarias españolas, se ordenó que fueran a buscarla. Las monjas, al fin extranjeras, se negaron a acatar semejante arbitraria orden. Pero Ramfis quería poseer a la bella joven e insistió. Nuevamente las monjas exigieron, para entregar a la educanda, el permiso de su padre. Entonces se buscó a éste y como no quisiera ceder, se le encarceló, apaleó espantablemente, se le arruinó, y... finalmente la muchacha fue arrancada del colegio y entregada al hijo... del Sátrapa.
¿Cómo pueden suceder esas cosas en la libre América? Pues suceden y en Santo Domingo con mucha frecuencia. La dictadura trujillana no admite límites, ni consiente reducciones. Es total, absoluta, caprichosa, feroz, grosera, sucia. Cuanto rodea a Trujillo —aparte lo grotesco y zarzuelero— está cargado de tintes sombríos, trágicos, tragedia que lleva ya veinte años de sangre, miseria, abyección y lacras inenarrables. Chapita, el raterillo Chapita, ha conseguido que la vida moral de la República se convierta en una sentina de abyecciones.
Todo está allí relajado, prostituído, desquiciado. Por dondequiera el tirano fomenta los vicios, ejercita las corrupciones, en el intento de convertir a su país en una sentina. La corrupción del régimen trujillero ejerce sobre la vida dominicana su acción destructora y puede decirse que ha infectado ya todos sus tejidos.
Aventura de la «americana» del hotel Jaragua y otros casos gravísimos
Esto de las mujeres de Ramfis es algo trágico y complicado. Su afán de lujuria no reconoce límites. Los amigos que le rodean y que viven a su cuesta son los más activos alcahuetes. Uno de estos amigotes, sobrino de don Cucho" —cucho en español antiguo significa estiércol— que anda de espía por cl hotel Jaragua se fijó en una linda periodista norteamericana, que había ido a Ciudad Trujillo en plan de descanso. Invitada, por este canallita, a dar un paseo en auto, al tiempo de regresar al hotel quiso llevarla donde Ramfis la esperaba. La joven se negó terminantemente a ello y para salvarse de no ir, se arrojó del automóvil, produciéndose al caer al suelo algunas heridas.
Ya en el hotel comunicó a la Embajada de su país lo sucedido. Se produjo el escándalo consiguiente. Al otro día el frustráneo y miserable raptor, penetró en el cuarto de la joven, buscando un arreglo que satisficiese los deseos del amito. De nuevo la norteamericana pidió auxilio y la propia Embajadora fue a buscarla, quedando de huésped en la Embajada hasta que curó de las heridas y pudo salir del terrible Santo Domingo.
Uno de los crímenes más abominables realizados por Trujillo, para satisfacer caprichos de Ramfis, fue el del asesinato del oficial de la Policía Nacional, Mayor Arredondo. Tenía éste una hija lindísima, como de 15 años. Un día se le antojó al hijo del Sátrapa. Comprendió el Mayor lo peligroso de aquel deseo y se mantuvo reservado ante las proposiciones que se le hacían. Mas, obligado a una decisión, rechazó en forma violenta semejante infamia. A las 24 horas aparecía muerto.
En otro momento, tuvo Ramfis el capricho de poseer a una de las tres hermanas Ferrúa, de nombre Dinorah, hija de un italiano. Que la poseyó no puede caber duda. El padre avergonzado la mandó a un colegio norteamericano. No era la única que seguía ese camino y ni aún en Norteamérica quedaban libres de persecuciones.
A las que Ramfis empreña, las casa con «dignos» oficiales del Ejército. Ya se dice que Ramfis está rodeado de camarillas. Una de las tales es de oficiales del Ejército dominicano, a quienes protégé con exceso. Tan pronto licencia Ramfis alguna desdichada de su harén, sobretodo por preñez, pasa a ser esposa legítima de los propios militarzuelos que se las proporcionan. Digno castigo a su abyecta y sumisa alcahuetería. Los caprichos del niño no sólo perturban la vida de las familias, sino que llenan de cieno las de sus compañeros de parranda.
Tiene el Ramfrs, desde la edad de 17 años, amantes que sostiene en casas bien amuebladas, lo que se dice en Santo Domingo mudadas.Una de esas mudadas, es la hija de un caballero de apellido Pichardo, a quien Ramfis cercaba. Murió de asco el señor Pichardo y la Pichardita, que en el interín se había casado, hubo de divorciarse para satisfacer los anhelos del hijo de... la María Martínez. Este le puso una gran residencia a su disposición, en Gazcue, el barrio residencial más distinguido de Ciudad Trujillo.
José Almoina – Una satrapía en el Caribe, Págs. 29-32

Más de la deuda externa y Trujillo


lunes, 1 de julio de 2019

Ocurrió en “la Era”

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Carmen Imbert Brugal 

EL convenio incluía detalles, guiños irrenunciables para lograr el éxito. Nada podía fallar, un error arriesgaría demasiado. La complicidad, la discreción, tenían que ser inexpugnables. Confianza e interés mancomunados. Sólo la osadía era capaz de gestar propuesta semejante y avalaba la embestida el deseo de conseguir el objetivo. Candidez y valentía de la mano eludían el peligro inconmensurable sin posibilidad de atenuante. 27 años con látigo y cadenas dejan huellas, atemorizan al más gallardo, también desesperan. En el año 1957 no había persona segura en la isla cercada por los cuatro puntos cardinales. Interregno entre la celebración de la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre y el antes del 1959, fecha que permitió la exhibición de la capacidad para la crueldad del sátrapa y su cohorte de sanguinarios e impiadosos secuaces. Después del boato del 1955,de la obsecuencia y genuflexión, del armiño cubriendo escotes sin frío y al mismo tiempo tiñéndose con sangre, el tufo a derrumbe acechaba, intuían conspiración por doquier. La única compensación era el terror desmedido. La represión proporcional al declive presentido. Entonces, en Puerto Plata, tierra sin cobardes y con valientes, esperaban la presencia del hombre. No le agradaba al déspota visitar ese reducto de desafectos. Desde antes de la experiencia del 1949 en la Bahía de Luperón, sabía que la rebeldía crecía entre Isabel de Torres y el Océano Atlántico. Decían que alguien le había advertido que el infortunio era amenaza en la región Norte.Con advertencia o sin ella, fue surta la fragata en el puerto. El gobernador había solicitado al jefe que le concediera el altísimo honor de bautizar a uno de sus nietos y el tirano aceptó para aumentar el número de compadres serviles. La misa previa al magno evento se celebraría en la capilla del Colegio San José, antiguo asilo regenteado por las Hermanas de los Ancianos Desamparados que se convertirían en la congregación de Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha. Todo perfecto, adecuado. El olor de los lirios y claveles se esparcía por el espacio, competía con la fragancia del Imperial de Guerlain. La feligresía variopinta, con representantes de la élite provinciana que tanto envidiaba Trujillo. Adulones, espías, matones, junto a las estudiantes uniformadas con las galas correspondientes a la excelsa presencia. El sacerdote oficiante, padre Velazco y la Madre Superiora, Sor Belarminia, tenían el guion a su cargo, diseñaron el libreto que pretendían salvífico. El momento para ejecutar lo planificado sería en medio de la solemnidad sacra. El instante estratégico: la elevación del cáliz. El cura hizo la señal convenida con el Kyrie eleison. Sonaron las campanillas, el humo del incienso se expandió por la capilla y una niña se abalanzó hacia el omnipotente. Apretando la impecable chaqueta de Rafael Leónidas Trujillo Molina, ante la estupefacción colectiva suplicó: suelte a mi papá, suelte a mi papá. Las campanillas dejaron de sonar, el incensario quedó sin monaguillo, “el jefe”, conturbado, preguntó ¿quién es esa niña?¡Quítenmela! Y abandonó el templo con su atónito séquito. Antes de que Velasco y la superiora se compusieran y la feligresía decidiera qué hacer, el pueblo,desconcertado, susurraba lo acontecido. La niña tenía 9 años. Es mi hermana Martha, su papá también el mío. La estratagema del sacerdote y la monja fracasó. Segundo Imbert Barrera continuó privado de libertad. Fue el preso político con más tiempo encerrado durante la “era gloriosa”, desde el 1955 hasta que la cobardía decidió su asesinato y el de Rafael Augusto Sánchez Sanlley, después del tiranicidio. Ahora que el Colegio San José celebra el cincuentenario de su primera graduación de bachilleres y el apostolado de las Hermanas Sanchinas cumple más de 100 años de existencia, es pertinente reconocer cuanto hicieron, durante la tiranía, muchos religiosos, a pesar del contubernio de la jerarquía católica con el régimen que en el 1960 denunció “llagas y llanto”. Hoy, cuando tantas sotanas están depreciadas, vale el recordatorio de la solidaridad, la mención de historias que la Historia no cuenta.

"El diario de Francisca", el conmovedor relato de una niña sobre el golpe y el régimen militar de Pinochet en Chile

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Corina Maureira, la mujer que denunció el genocidio de Pinochet ante la ONU

Portada periódico español El País dice en RD mataron miles de haitianos en años 30

El dolor de la masacre que se cobró la vida de 9.000 a 20.000 haitianos en la bautizada como la “masacre del perejil”, por órdenes del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina en los años 30. todavía sigue latente en la provincia Dajabón, donde hoy día es el lugar favorito por muchos para el trafico legal e ilegal de productos y personas.
Hoy, el periódico El País se ha hecho eco de todo lo acontecido en esa época la cual todavía es recordada como una de las más sangrientas en la historia de Latinoamérica.

A continuación el texto íntegro del periódico:
El general Rafael Betances tenía la costumbre de pasarse las manos por la cara. Era el típico gesto de cansancio o de calor, pero cada vez que los vecinos de Dajabón veían como se levantaba las gafas para arrastrar sus manos desde la frente hasta el mentón, había un murmullo: “se está quitando los fantasmas de los haitianos que ha matado”.
En una casita del lado dominicano de la frontera con Haití, Nancy Betances, 67 años, recuerda que su abuelo la sentaba en sus piernas cuando se reunía con sus amigos a contar historias de aquella época. Su abuelo, de origen alemán, blanco y de ojos azules como su nieta, fue uno de los militares enviados a Dajabón (87.000 habitantes) por el dictador Rafael Trujillo en 1937.
La frontera fue la avanzadilla de una terrible limpieza étnica ejecutada contra los haitianos en todo el país vecino. En apenas un mes, de septiembre a octubre, las tropas dominicanas asesinaron a casi 20.000 haitianos, convertidos en el enemigo público número uno del régimen racista y homicida que dominó el país durante más de 30 años.
Nancy recuerda que su abuelo le contaba que el dictador amenazó a los militares con asesinar a sus familias si no cumplían las órdenes. La matanza provocó incluso el malestar de EE UU, socio de la dictadura Trujillista, que la calificó como una “campaña sistemática de exterminación”. Nancy recuerda también lo que le decían otros niños en el colegio: “tu abuelo tiraba a los niños haitianos hacia arriba y los pinchaba con la bayoneta”.
Los cientos de cadáveres bajaban flotando por el río que separa ambos países, tiñendo el agua de rojo. El río se llama Massacre, en francés. El nombre es de mucho antes de Trujillo, pero su bautismo también viene de la sangre. Desde que a finales del siglo XVII se convirtió en frontera natural entre las dos colonias, los franceses le pusieron este nombre por las escabechinas entre las tropas españolas y los ladrones de vacas y cerdos, los llamados bucaneros.
En realidad, la matanza del 1937 fijó definitivamente los límites territoriales entre los vecinos. “Además de reforzar la construcción del haitiano como antagonista sobre el que definir la identidad dominicana, también había la intención de detener el comercio agrícola y ganadero haitiano, que iba en aumento. El corte, como se llamó, inauguró la frontera como hecho político”, explica Wilfredo Lozano, sociólogo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
“Antes aquí no había frontera, todos iban de un lado a otro sin problema. Después del 37 muchos se fueron y quedaron los militares como mi abuelo”, añade Nancy, que preside una asociación de comerciantes dominicanos y, en su tiempo libre, dirige también una asociación contra la trata infantil. “Yo me siento en deuda por aquel problema. Los haitianos son seres humanos como nosotros”.
El Massacre, que trasportaba los cadáveres río abajo, es hoy una sucia mancha marrón que apenas llega a las rodillas por donde cruzan haitianos con bolsas en la cabeza o pilas de sillas atadas. Dajabón es uno de los puntos fronterizos más populosos porque alberga dos veces a la semana el llamado mercado binacional. Haití es el segundo socio comercial de dominicana. Representa el 12% total de exportaciones. El camino de vuelta, es de apenas el 3%

Los niños de la calle

Es lunes y a las ocho de la mañana los guardas fronterizos armados con aparatosos fusiles acaban de abrir los portones metálicos de la entrada. Una estampida de gente cruza a uno y otro lado del puente. A pie, en moto, en carromato. Por debajo, más haitianos pasan descalzos por el río. Arroz y manufacturas van para un lado, textiles y animales para el otro.
No todo son mercancías y no todas son legales. “Los días que hay mercado, es más difícil controlar los flujos y no todos vuelven. Se producen situaciones irregulares que son aprovechadas por traficantes. Las personas muchas veces terminan en una situación de sometimiento y violencia. Y los menores son los más vulnerables”, dice Bridget Wooding, directora de OBMICA, un think tankdominicano sobre migración. Por las calles de Dajabón se ven grupos de niños varones, cargando cajas de limpiabotas o con cartones para cubrir los cristales de los coches del angustioso calor caribeño. No hay niñas trabajando en las calles de la ciudad.
“Las redes de prostitución infantil femenina están bien organizadas. Suelen funcionar a pedido. Las menores cruzan de su ciudad de origen con el traficante y son enviadas al destino ya en Dominicana”, dice Carlos Alomia, responsable del programa Hogar de Cristo del Centro Montalvo. La organización jesuita tiene un albergue de paso infantil con 40 literas. Abre de 5 de la tarde a 8 de la mañana del día siguiente.
“Así evitamos los horarios de más riesgo. Suelen ser niños sin familia o con familia en Haití que intentan ahorrar algo de dinero aquí. Están expuestos a explotación laboral y sexual, muchos la tienen ya normalizada. Nos encontramos con niños de 13 años, a quienes al hablarles del tema de la explotación sexual alegan que se cuidan porque usan preservativos”, dice Maireni Santos, psicóloga del centro.
El mercado tiene su epicentro en un edificio de dos pisos distribuidos por cajones de cemento que separan cientos de puestos. Por fuera, la actividad comercial se desparrama como un zoco árabe entre las calles sin asfaltar. Mckencie Eppie atiende un puesto de sandalias y pantalones. Es haitiano, tiene 25 años y lleva desde 2012 trabajando en el mercado. “Me va bien, mis jefes son dominicanos y me cuidan para que no me pase nada malo”. En otro puesto, Rosa Martínez, dominicana, 62, ha venido a buscar calcetines para sus nietos. “Compro algo y me voy. No me gustan nada los haitianos. Cuando llega uno, llegan todos”.
Los registros oficiales dicen que hay cerca de medio millón de migrantes haitianos en República Dominicana. Algo menos de la mitad, en situación irregular. La mayoría trabajan en la construcción o en la agricultura. Los flujos son constantes desde que a comienzos del siglo XX, una sucesión de golpes de estado, asonadas militares —incluida la ocupación estadounidense— y catástrofes naturales arrasaron las instituciones y la economía del país. Haití es el país más pobre de América.
En otro parteaguas de la relación reciente entre ambos vecinos, el Tribunal Constitucional dominicano negó en 2013 la nacionalidad a casi medio millón de descendientes de migrantes haitianos irregulares. El fallo afectaba a tres generaciones de dominicanos de origen haitiano, hijos en su mayoría de jornaleros contratados durante el último siglo por la industria del azúcar dominicana en condiciones, muchas veces, de semiesclavitud.
“La lógica es: el haitiano es bueno en cuanto trabaja para ti”, apunta Gustavo Toribio, responsable durante 16 años de la coordinación nacional de migración del centro de los Jesuitas. “En las escuelas se nos decía que los haitianos son gente mala y que nos quieren quitar el país. Hay que tener en cuenta que nuestra independencia la proclamamos ante la expulsión de Haití en 1844. Pero lo que no se cuenta, por ejemplo, es que los haitianos nos ayudaron durante la primera invasión estadounidense”.
Toribio es un dominicano negro de 47 años, que hoy dirige un departamento del gobierno estatal. “De todas maneras, en la República Dominicana no se persigue directamente el extranjero, sino al negro. Es más, el dominicano negro es el que más odia al haitiano”. Un ejemplo fácil es el mismo dictador que ordenó la matanza de los años 30: Rafael Trujillo se embadurnaba cada mañana de polvos de talco para disimular su piel mestiza.

EL MERENGUE Y TRUJILLO

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CUENTO SOBRE LA DICTADURA DE TRUJILLO

COMUNICACION Y PRENSA EN LA DICTADURA DE TRUJILLO

POESIA EN LA DICTADURA