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PARAQUENOSEREPITALAHISTORIA .Para los interesados en el tema y los olvidadizos de sus hechos, aquí están para consultar múltiples artículos escritos por diversas personalidades internacionales y del país. El monopólico poder de este tirano con la supresión de las libertades fundamentales, su terrorismo de Estado basado en muertes ,desapariciones, torturas y la restricción del derecho a disentir de las personas , son razones suficientes y valederas PARA QUE NO SE REPITA SU HISTORIA . HISTORY CAN NOT BE REPEATED VERSION EN INGLES

sábado, 2 de diciembre de 2017

Desaparecidos "Rafael Augusto Sánchez Sanlley".

La tumba de Fidel Castro, diez años diseñandose.

La tumba de Fidel Castro comenzó a diseñarse en 2006, el año en que enfermó
La tumba del expresidente cubano Fidel Castro en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, comenzó a diseñarse en 2006, el mismo año en que una grave enfermedad intestinal motivó su retirada del poder, que delegó en su hermano menor, Raúl Castro.
Fue precisamente Raúl Castro, actual presidente y que en aquel momento era ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) quien "le encomendó la tarea en 2006" al matrimonio de arquitectos Eduardo H. Lozada y Marcia Pérez, quienes concibieron el diseño del recinto, revela hoy un artículo en el diario estatal "Juventud Rebelde".
El lugar donde sería enterrado Fidel Castro fue durante muchos años un gran misterio para los cubanos que solo se desveló días después de la muerte del líder de la revolución, fallecido el 25 de noviembre del año pasado a los 90 años.
Según el reportaje, "un reducido grupo de trabajo" desarrolló el proyecto durante diez años, comandado inicialmente por uno de los miembros de la llamada "generación histórica" de la revolución que luchó en la Sierra Maestra, el comandante Juan Almeida, vicepresidente del país desde 1979 hasta su muerte en 2009.
Tras el fallecimiento de Almeida la labor la asumió el viceministro de las FAR y general Ramón Espinosa, quien "guardaba en su memoria y señaló el lugar donde se encontraba" la enorme roca de la Sierra Maestra que, una vez tallada, sería el lugar donde se depositaría la urna de cedro con las cenizas de Fidel Castro.
"Durante tres años se trabajó en el perfeccionamiento de la roca granitoide, que posee un peso de entre 48 y 49 toneladas aproximadamente, y una altura cercana a los cuatro metros", señala el artículo.
Todos los elementos de la tumba encierran un significado simbólico, como las columnas de cercado, que representan "las columnas y el pelotón Las Marianas del Ejército Rebelde", o las cadenas que unen las columnas, que aluden a "la unión de las acciones" de las facciones revolucionarias.
Los tres elementos que forman cada columna también encierran un significado que evoca el pensamiento independentista de los próceres cubanos Carlos Manuel de Céspedes y José Martí, junto con la revolución liderada por Castro, "que continúa en ascenso", refiere el texto.
Los pedestales a la entrada de la tumba representan "la acción cívica y el movimiento de la clandestinidad", e incluso la vegetación elegida no se dejó al azar, pues "los helechos son propios de la Sierra y las posturas de café, ubicadas en las jardineras, contienen el uniforme verde olivo mientras su aroma recuerda el de las montañas", agrega la nota de "Juventud Rebelde".
El lugar elegido dentro del camposanto para ubicar la tumba de Fidel se encuentra junto al mausoleo en el que reposan los restos de José Martí, el prócer independentista más venerado en la isla.
En octubre pasado también fueron trasladados a esa zona de Santa Ifigenia los restos mortales de Carlos Manuel de Céspedes, el "Padre de la Patria", y Mariana Grajales, considerada la "Madre de los cubanos", cuyas tumbas se encontraban en el mismo cementerio pero en otras ubicaciones.
Desde el fallecimiento de Fidel Castro hace poco más de un año, han sido varias las personalidades de visita en la isla que se han acercado al cementerio de Santa Ifigenia a rendirle tributo, entre ellos el presidente venezolano, Nicolás Maduro, o el ahora expresidente de Ecuador Rafael Correa.
La tumba del exmandatario también se ha convertido en un punto de interés para los turistas que visitan Santiago de Cuba.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Responsabilidad de Trujillo en el derrocamiento de Horacio Vásquez: aportes de Francis Pou y Manuel García Arévalo

Alejandro Paulino Ramos
Recientemente la Academia Dominicana de la Historia puso en circulación la obra “La caída de Horacio Vásquez y la irrupción de Trujillo en los informes diplomáticos españoles de 1930” (2017). Escrita por los historiadores Manuel García Arévalo y Francis Pou de García, esta obra recoge la rica documentación diplomática producida por Francisco Javier Meruéndano, quien en el período 1929-1930 fue encargado de negocios y cónsul de España en la República Dominicana, además de testigo privilegiado del derrocamiento del General Vásquez y de la ascensión de Rafael L. Trujillo a la presidencia.

Francisco Javier Meruendano, cónsul de Espana en 1930.
La compleja situación político-económica del país fue conocida ampliamente por el cónsul Meruéndano desde 1929, y transmitida a las autoridades de España en sus cotidianos informes diplomáticos. Las crónicas redactadas por él se concentraron en la coyuntura del golpe de Estado de 1930 y en sus antecedentes, por lo que aporta de manera pormenorizada los detalles de la conspiración, sin dejar de abordar los conflictos internos en el partido de gobierno, la crisis mundial de la economía, la grave enfermedad del presidente Vásquez, los enfrentamientos entre el general Trujillo y el vicepresidente José Dolores Alfonseca, y los afanes oposicionistas para compactarse alrededor de los intereses del jefe del ejército, “el hombre” que estaba al acecho para  asaltar el poder.
En “La caída de Horacio Vásquez y la irrupción de Trujillo” aparecen las circunstancias relacionadas con el derrocamiento, la responsabilidad de Trujillo en la conspiración y ejecución, además de las estrategias utilizadas por el jefe del ejército para desplazar a Rafael Estrella Ureña, quien se entendía como líder del levantamiento cívico-militar del 23 de febrero de 1930, y convertirlo en un subordinado de sus propósitos políticos; con él compartió la vicepresidencia, luego lo confinó en la Secretaria de Estado de Relaciones Exteriores y pocos meses después lo llevó a convertirse en un simple opositor en el exilio. Todo esto presentado por los autores a través de los informes diplomáticos españoles, desconocidos para la generalidad de los historiadores dominicanos.
El valor de los informes remitidos por el cónsul español a sus superiores, radica en su papel como “testigo de excepción de los actos oficiales y del palpitar de las actividades políticas y comerciales, al igual que de la vida social y cultural dominicana. Estas valiosas vivencias—dicen los autores—junto con las informaciones aparecidas en los diarios y revistas de la época, le aportaron una inmejorable visión de la realidad nacional, permitiéndole hacer sus propios diagnósticos de aquellos episodios claves de nuestra historia reciente”. Los informes que manejaba desde su posición diplomática y los contactos con la inmigración española le permitieron convertirse en un “cronista del acontecer nacional”, que se mantuvo atento como “analista informado”, y supo “describir de manera fidedigna y con notable concisión la grave crisis política, moral y económica que asoló al país al inicio de los años treinta”.

Manuel Garcia Arévalo y Francis Pou autores de la obra.
Después de ochenta y siete años de aquella crisis de 1930 que llevó a la dictadura de Trujillo, cuando se entendía que todo había sido investigado y presentado en los principales estudios historicos del período, ya que  antes aparecieron “Los responsables” de Víctor Medina Benet (1974),  “Capitalismo y dictadura” de Roberto Cassá  (1982), “Análisis socio-histórico y premisas de la ascensión de Trujillo al poder” de Alejandro Paulino y Sonia Medina (1980), y “El gobierno de Horacio Vásquez” de Eduardo J. Tejera (2014), ahora García Arévalo y Francis Pou nos entregan esta obra, que desde ya se hace imprescindible para el estudio y análisis de lo que pasó en torno a lo que Tomas Hernández Franco popularizó como “La más bella revolución de América” (1930).
Llama la atención en este libro publicado en el 2017, la forma en que Meruéndano percibía la crisis y las causas de los enfrentamientos tenidos entre el jefe del ejército y el vicepresidente de la República en el período anterior al derrocamiento, y la observación de que, por lo menos al momento en que el presidente se vio obligado a salir a Estados Unidos para someterse a una peligrosa cirugía, el viejo caudillo se encargó a través de la intriga, de profundizar los enfrentamientos entre Alfonseca y Trujillo “para asegurarse su repostulación”:
“Hay quien afirma—dice Meruéndano en sus crónicas diplomaticas—que todo lo ocurrido entre el General Trujillo y el Vicepresidente de la República, Doctor Alfonseca, durante la breve interinidad de este, fue obra del propio General Vásquez el cual durante su ausencia no quiso que ninguno de los que le siguen se sintiera omnipotente creando así una dualidad que le aseguraba contra cualquier eventualidad”.
Resulta también llamativo el análisis que hace en uno de sus informes, en el que predice el golpe de Estado militar contra Horacio Vásquez, al plantear: “Esta incertidumbre del porvenir y las nubes que se ciernen sobre la paz de la República, la crisis financiera, la batallona cuestión de delimitación de la frontera con Haití, aun no definitivamente terminada y otras no menos graves, hacen presentir que los meses venideros van a desarrollarse graves sucesos de los cuales está pendiente la opinión pública, consciente de que cualquier extralimitación o la vuelta al pasado turbulento de luchas civiles”.
En cuanto al “levantamiento” armado del 23 de febrero de 1930, encabezado por Rafael Estrella Ureña, pero con la preeminente complicidad de Trujillo, el cónsul español lo relata con “la precisión de un corresponsal de guerra”, dejando ver con claridad que las tropas del ejército estaban implicadas en la intentona golpista, pues al informar a los responsables de las relaciones exteriores de España, observó  que “el domingo último, día 23 de febrero, un grupo armado asaltó la fortaleza de Santiago, desarmó a la guardia que no hizo resistencia y proclamó como jefe de la revolución al Sr. Rafael Estrella Ureña. Las fuerzas rebeldes avanzaron rápidamente y aquella misma tarde se apoderaron de Moca y La Vega Real, capitales de provincias, no solo sin encontrar resistencia alguna, pero sumando nuevos contingentes a sus ya numerosas huestes. El lunes por la mañana los revolucionarios se encontraban en Bonao a unos noventa kilómetros dela capital”.

Portada de la obra publicada por la Academia Dominicana de la Historia.
Por otro lado, al referirse al acuerdo que puso fin al levantamiento armado contra Vásquez, con la juramentación del gobierno provisional de Estrella Ureña y de los nuevos miembros de la Junta Central Electoral, los informes de Meruéndano confirmaron a sus superiores que el triunfo de la revolución tuvo que ver con la pasividad de Trujillo ante los  insurrectos, y que los partidos de oposición elegirían al jefe del ejército como candidato a la presidencia y a Estrella Ureña como candidato a la vicepresidencia. “La mutual contaba—decía él—con el apoyo del ejército, con los recursos del poder y con el voto de todos aquellos elementos que propugnaron el Gobierno del General Vásquez”.
Posterior a las elecciones de mayo de 1930, ganada por Trujillo a través del fraude y en medio de una terrible represión política contra los seguidores de la Alianza Nacional-Progresista que se les oponían, así como  a la juramentación como presidente constitucional y la posterior eliminación de los  opositores, incluyendo a muchos de los que lo acompañaron en las acciones para el derrocamiento de Vásquez, la obra de Manuel García Arévalo y Francis Pou, apegada siempre a los informes del cónsul español, detalla lo relativo al ciclón de San Zenón, con informaciones hasta ahora desconocidas:
“Ciclón del día 3 de septiembre: Desde hace varios días se anunciaba que se estaba formando un ciclón en el Mar Caribe si bien se decía que pasaría a unas cien millas de esta Capital. Los anuncios no eran alarmantes y por ello la población no había tomado medidas de defensa. El día 3 de septiembre como a las diez de la mañana, se anunciaba que el meteoro se dirigía a Santo Domingo; sin embargo la gente no daba mucho crédito a tales noticias. A la una de la tarde el viento norte que había comenzado a soplar moderadamente, adquirió de momento en momento violencia mayor y hacia las dos de la tarde su furia creciendo por momentos llego a una intensidad indescriptible. (…). Las víctimas, que se elevan a tres mil muertos y unos quince mil heridos, casi todas deben su desgracia a ese momento realmente de una trágica intensidad (…)”.

El presidente Horacio Vasquez acompañado del brigadier Rafael L. Trujillo en 1926
“El huracán se precipitó de lleno sobre la capital. Hacia las tres  y media de la tarde el vórtice del ciclón pasaba sobre Santo Domingo, produciéndose un  momento de calma, que no duró más de un cuarto de hora. El viento entonces cambio súbitamente de dirección y con inusitada violencia empezó a soplar de Sur a norte, es decir de mar a tierra. Lo que el primero había  respetado lo demolió el segundo”.
Pasada la desgracia, el cónsul de España es abundante en la descripción sobre la ayuda internacional, la ley de emergencia, los aprestos del consulado para socorrer a la colonia española de Santo Domingo, y las medidas tomadas por Trujillo para subsanar los daños; además de la manera en que el nuevo presidente, que se había juramentado el 16 de agosto, aprovechó  el cataclismo para reforzar la dictadura que apenas se estaba iniciando. También sobre el rompimiento de las relaciones de Trujillo con Estrella Ureña, la formación del Partido Dominicano con vocación de partido único, la alianza de Trujillo con la iglesia católica y las relaciones con Haití. Los informes del cónsul a las autoridades españolas abarcaron hasta los últimos meses de  1930, cuando terminó su misión diplomática en la República Dominicana.
Resulta importante destacar entre los aportes de los autores, el anexo presentado al final de la obra en que se incluyeron 29 documentos del período 1929-1931. Entre estos se destacan los relacionados con los aprestos electorales de la oposición al gobierno de Horacio Vásquez, el manifiesto de la revolución firmado por Rafael Estrella Ureña, el acuerdo del gobierno de Vásquez con los jefes del golpe de Estado de febrero de 1930, el primer manifiesto de Trujillo lanzado al pueblo dominicano, y el documento de la Alianza Nacional-Progresista planteando la abstención electoral para las elecciones de mayo de 1930, entre otros no menos significativos. 
Sobresale en “La caída de Horacio Vásquez y la irrupción de Trujillo” el magistral manejo de los autores, historiadores Manuel García Arévalo y Francis Pou, ambos con una amplia bibliografía publicada, de los documentos producidos por Francisco Javier Meruéndano, los que son apoyados—como lo dice doña Mu-Kien Sang Ben, actual presidenta de la Academia Dominicana de la Historia—en los documentos del Archivo Nacional de Londres, en publicaciones periódicas y en “una enjundiosa bibliografía, que complementa el extenso y detallado trabajo descriptivo de la situación dominicana que hizo el representante español en Santo Domingo”.
Para conocer con objetividad las causas y los acontecimientos, además de la forma en que Rafael L. Trujillo impuso la terrible dictadura que se prolongó por más de treinta años, nada mejor que esta obra “La caída de Horacio Vásquez y la irrupción de Trujillo”.

Increible !! Nieto del dictador Pinochet dice que asesinato de Victor Jara fue pasional

PinochetUna de las más cruentas dictaduras fue la de Pinochet en Chile, quien cuenta entre sus asesinatos más viles el de Victor Jara, el que ahora su nieto, Augusto Pinochet Molina pretende tapar con la más burda excusa

El nieto del asesino y genocida dictador chileno, que exterminó toda una generación en Chile Augusto Pinochet dio unas declaraciones que dejó boquiabierto a más de uno, al aseverar en un programa de televisión chileno que la muerte de Jara no fue un asesinato político sino un crimen pasional, porque su abuelo no había ordenado matar al trovador chileno.
Por todos es sabido que en el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, encabezado por el general Augusto Pinochet contra el presidente Salvador Allende, Victor Jara fue detenido en la Universidad de Chile, junto a otros profesores y alumnos. Lo llevaron al Estadio Chile, el cual habían convertido en un centro de reclusión, interrogatorios y terribles torturas (actualmente estadio Víctor Jara, lugar en el que hay una placa en su honor con su último poema), donde el cantante permaneció detenido durante cuatro días. Lo torturaron durante horas le realizaron quemaduras con cigarrillo, le rompieron los dedos y lo sometieron a simulacros de fusilamiento, para  finalmente el 16 de septiembre acribillarlo junto al director de la Empresa de Ferrocarriles del Estado. El cuerpo de Jara fue encontrado el día 19 de Septiembre del 1973 con 44 impactos de bala.
Redacción Lechuguinos

Rafael Herrera, cancelado


A1
Por Chichi de Jesus. A principios de noviembre de 1961 el general Rafael L. Trujillo hijo, jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, lucia nervioso, taciturno, impenetrable. Dispuso rígidos controles a la entrada a su residencia veraniega de Andrés, Boca Chica, donde ahora está el Club Naútico de Santo Domingo. Estaba desesperado porque se levantaran las sanciones que la Organización de Estados Americanos (OEA) había impuesto al país, a raíz del atentado contra el presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt. Ese comportamiento se tornó más agresivo luego del discurso pronunciado por el presidente Joaquín Balaguer, en la asamblea de las Naciones Unidas, en Nueva York, donde lanzó fuertes criticas a las ejecutorias de gobierno del dictador Rafael L. Trujillo. Los coroneles Luis José León Estévez, su cuñado, y Gilberto Sánchez Rubirosa, eran los únicos colaboradores con acceso libre a las oficinas del alto jefe militar.
Para la ocasión Ramfis había concentrado su accionar en el asesinato de los participantes en el plan que eliminó a su padre. El general y sus cercanos colaboradores planificaban, diseñaban y discutían alternativas que permitiera el fusilamiento de los conjurados, “con la participación de la menor cantidad posible de personas”. La matanza se materializó en la tarde del 18 de noviembre y los Trujillo partieron el 19 siguiente.
(Ramfis Trujillo: “Quien no sirve para obedecer.. no sirve para mandar”).
Una mañana el general conjunto llamó a su despacho a su secretario, el taquígrafo César Saillant, y le recomendó preparar un aviso para el periódico El Caribe, donde se diga que “los implicados en el asesinato de papá serán llevados a partir del lunes de la próxima semana, al sitio del crimen, para completar unos datos que se están preparando para un folleto”. El texto no le gustó porque lo consideró muy largo. Saillant revela en sus memorias que preparó otro aviso que tampoco admitió el general y que un tercer texto redactado lo aceptó con la recomendación de que se eliminara la expresión “horrendo crimen”. La dirección del periódico estaba a cargo del periodista Rafael Herrera, que sustituyó a José Canó López, que a su vez había reemplazado al Dr. Germán Ornes.
Según Saillant, Ramfis mantuvo en su oficina el tercer aviso preparado al efecto, el cual devolvió una semana después, con la recomendación de “que lo publiquen mañana en El Caribe, en primera página, y que en la parte que dice que las personas implicadas en el asesinato del generalísimo serán trasladadas al sitio donde ocurrió el crimen, a partir del lunes de la próxima semana, un día no determinado, con el propósito de completar sobre el terreno algunos datos para un folleto que se está preparando sobre el crimen”.
Al día siguiente León Estévez llamó a Saillant y le advirtió que la “nota enviada por el general había sido modificada; llama al periódico y que asuman responsabilidad del caso”. El asistente de Ramfis rápidamente visitó la redacción del periódico, en la calle El Conde y conversó con el jefe de redacción, Jaime Lockward, para establecer la persona que había cambiado el texto original del aviso. Saillant fue recibido por el director Herrera, quien textualmente le expresó: “Dígale al general que en este caso no hay otro responsable que yo; recibí la nota y antes de darla a la publicación la rehice para darle un giro más periodístico, como es costumbre que se haga en estos casos. Hágale saber que tomaré las medidas correspondientes y que esto no volverá a ocurrir en el futuro”.
El texto original enviado por Ramfis decía: “LOS ACUSADOS SERÁN TRASLADADOS A PARTIR DEL LUNES DE LA PRÓXIMA SEMANA, y la corrección de Herrera eliminó la expresión “A partir”. León Estévez, según Saillant, estaba furioso y con evidentes signos de actuar contra el director del matutino. Horas después el alto jefe militar envió una nota al presidente Balaguer informándole que “he procedido a la sustitución de Herrera, como director de El Caribe, “por considerar que quien no sabe obedecer… no sabe mandar”.
Con don Rafael fuera del periódico el general dispuso que se publicara otra nota informando que el traslado de los acusados se había pospuesto, “sin indicar día”. Para la ocasión la suerte de los conjurados en la muerte de Trujillo estaba signada y se materializó en la tarde del 18 de noviembre de 1961, un día antes de la partida de Ramfis.
El periodista Herrera, luego del magnicidio del generalísimo, fijó residencia en San Juan, Puerto Rico, donde trabajó en el diario El Imparcial. Fue nombrado por Balaguer embajador ante las Naciones Unidas, donde estuvo acompañando al gobernante a fines de octubre de 1961, cuando pronunció el histórico discurso que cuestionó el mandato de 30 años del insigne Jefe.

Un catalán en la corte del dictador Trujillo

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Eduardo Jorge Prats.
Leyendo “Walter Benjamin: A Critical Life”, la monumental biografía del filósofo judío alemán escrita por Howard Eiland y Michael W. Jennings, me entero que Max Horkheimer había intentado en 1940 conseguir empleo y residencia en la República Dominicana para su amigo Benjamin.
Que Horkheimer no lograse conseguir que Benjamin se asentase en Santo Domingo me llamó la atención pues, como bien ha demostrado Bernardo Vega, mucho antes de la matanza de haitianos ordenada por Rafael Leónidas Trujillo en 1937, pero, con mucho mayor intensidad, cuando empeora la imagen internacional del régimen trujillista como consecuencia de dicha matanza y, simultáneamente, se produce un notable incremento de la persecución de los judíos en Europa, el mal llamado “Benefactor de la Patria” había mostrado pública y continuamente su interés de que el país acogiese al menos un millón de judíos europeos. La política de Trujillo contrastaba con la de gobiernos como el de Eduardo Santos en Colombia que, como bien revela Juan Camilo Restrepo (“¿Por qué Kelsen no vino a Colombia?”, 7 de julio de 2016, www.ambitojuridico.com), a pesar de que recibió a los refugiados de la Guerra Civil española, desde el año 1938 prohibió a los funcionarios consulares colombianos en el extranjero visar “pasaportes de individuos que hayan perdido su nacionalidad de origen o no la tengan”, lo que impidió al gran jurista Hans Kelsen obtener visa para impartir clases en la Universidad Nacional de Colombia y le obligó a radicarse finalmente en Estados Unidos, donde desarrollaría su segunda, última y fructífera etapa de su vida académica, aunque ello no impediría la enorme influencia que el austríaco, a partir de 1940, ejercería en la evolución de la Filosofía del Derecho en Colombia, en el sistema constitucional inaugurado en 1991 por el constituyente colombiano y en la teoría neoconstitucionalista que le sirve de sustento.
Casi tres meses después que Horkheimer comunicara a Benjamin su fracaso en el intento de residenciarlo en Santo Domingo, el 26 de septiembre de 1940, con un grupo de policías del régimen franquista en la puerta, tras serle negada también la posibilidad de cruzar España y viajar en barco de Lisboa a Estados Unidos, Benjamin muere solo en la habitación del hotel que le acogió en el pueblo catalán de Port Bou. Dejó una nota en la que decía que “en una situación sin salida no tengo más opción que ponerle fin”, lo que parecía ser indicio de un suicidio, logrado gracias a una sobredosis de morfina, lo que no se compadece, sin embargo, con la “hemorragia cerebral” certificada por el correspondiente médico legista como causa de su muerte, que lleva a algunos, como el escritor Stuart Jeffries, a sostener la hipótesis de que Benjamin fue asesinado por agentes de Stalin, en connivencia con los nazis en virtud del pacto de no agresión firmado entre la Unión Soviética y Alemania en 1939.
Como una de esas “coincidencias significativas” a las que se refería Carl Jung, en el mismo año de 1940 en que Benjamin no puede viajar a Santo Domingo ni Kelsen a Colombia, llega a la República Dominicana un intelectual español, catalán (como el pueblo donde murió Benjamin, otra coincidencia), desconocido en esa época –y todavía hoy- por la comunidad literaria iberoamericana. Su nombre es Baltasar Miró y viviría en el país hasta 1946, viajando después –¡oh, juguetona coincidencia!- a Colombia y, posteriormente, a Buenos Aires, donde se suicidaría –nueva coincidencia-, al igual que Stefan Zweig en Petrópolis (Brasil) y Benjamin en Port Bou. Me he topado con este personaje gracias a un magnífico artículo de Guilia Nazo (“El exilio de Baltasar Miró entre varias fronteras”). Miró llega a la República Dominicana, como refugiado republicano huyendo del Generalísimo Francisco Franco, autoproclamado “caudillo de España por la gracia de Dios”. Arriba a un país cuyo sistema político es la antítesis de la derrotada República española. Se trata de un régimen, en palabras de Allen Wells (“Un Sión Tropical: el general Trujillo, Franklin Roosevelt y los judíos de Sosúa”), “obsesionado con detener la ola de inmigrantes haitianos que cruzaban la frontera occidental de su país” pero que, en Sosúa, buscando “blanquear la raza”, recibiría “con los brazos abiertos a los refugiados judíos que huían del arianismo nazi: irónicamente esos mismos judíos eran objeto de desprecio y escarnio en Europa por sus características ‘raciales’”. Miró, según Nazo, se sumaría al dispositivo propagandístico de Trujillo, al “discurso de la repetición” (Diógenes Céspedes), la “jerga” (Andrés L. Mateo) de la “Patria nueva”, concreción pragmática del viejo sueño elitista del arielismo eterno de los intelectuales nacionalistas, “que encontraron en la dictadura de Trujillo la realización del Estado arielista” (Céspedes). Viaja a los alrededores de Elías Piña y ahí se inspira para escribir sus “Cartones de la frontera”, donde presenta la “dominicanización de la frontera” como “gesta de la hispanidad” y considera al negro dominicano como un elemento plenamente integrado “en lo español” y contrapuesto al primitivo, peligroso e insalvable “negro africano” de Haití. Tristísimo destino el de este catalán obligado, recurriendo a “una manida retórica hispanófila,” a “contrastar las tinieblas del mundo haitiano con la luz, carga de destellos castellanos, de la misión del tirano dominicano”, enalteciendo así a una España que el racismo nacionalista catalán –al igual que el vasco de Sabino Arana y el gallego de Castelao- siempre consideró “africana”, hogar de castellanos -solo comparables a “los zulúes y los antropófagos”, verdaderos “bereberes de la Península” ibérica, con “sangre árabe y africana” inoculada-, refugio del “judío peninsular” y madriguera del “anárquico andaluz”, este último “hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y vive en estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual.”

Gobernar creando miedo

Héctor Faúndez

Hector Faundez

¿Era necesario?

Cuando Nicolás Maquiavelo aconseja al Príncipe sobre cómo conservar el poder, afirma que es más seguro ser temido que amado. El pensador florentino no se planteó si era más importante ser sabio que ignorante, respetado que deleznable, prudente que inmaduro y estrafalario, o ser tenido como un severo guardián de los dineros públicos y no como un corrupto. Si no en un sentido ético, en un sentido práctico la historia le ha dado la razón; para que un tirano pueda conservar el poder, no sirve ser amado o respetado; lo que cuenta es ser temido. Así lo atestiguan Iván el Terrible, Luis XIV, José Stalin, Adolfo Hitler, Francisco Franco, Rafael Leonidas Trujillo, Alfredo Stroessner, Anastasio Somoza, Augusto Pinochet y, para no extendernos demasiado, Fidel Castro. Ya sean íconos de derecha o de izquierda, los tiranos conocen muy bien la importancia de ser temidos y, aunque nunca hayan leído a Maquiavelo, siempre se comportan de acuerdo con sus enseñanzas.
Intimidar, inspirar temor o amedrentar a la población es de la esencia de toda dictadura. A más de un sátrapa le gustaría sentirse querido y respetado; lo primero se puede disimular con unos aduladores pagados que, tan pronto ven satisfechas sus necesidades básicas, dejan saber todo el desprecio que sienten por su supuesto benefactor. En cuanto a sentirse respetado, eso es inalcanzable para un ignorante que llegó o que se mantiene en el poder solo gracias a la fuerza bruta, y cuyo lenguaje procaz y modales ordinarios hacen impensable que alguien le pueda respetar. Pero nunca un tirano ha renunciado al deseo de sentirse temido, o a los medios para lograrlo.
En la Venezuela de hoy, con un Poder Judicial enteramente sometido al régimen, ninguna persona sensata puede esperar que se haga justicia y que se ponga un límite al ejercicio del poder. Para atemorizar a la población, si las detenciones arbitrarias no fueran suficientes, no solo se han utilizado las leyes de vilipendio, que han disminuido a su mínima expresión la crítica política, que han silenciado el debate sobre asuntos de interés público, y que han llevado a la cárcel a muchos ciudadanos. Se ha impedido a sangre y fuego, incluso valiéndose de los colectivos armados, que los venezolanos puedan salir a protestar a las calles, y se ha encarcelado a dirigentes políticos de oposición. La gente tiene miedo de que, por pensar diferente y por formar parte de la lista Tascón u otra similar, la vayan a despedir de su empleo en la administración pública, o le vayan a negar una bolsa de comida para sus hijos.
Es en estas circunstancias que se ha aprobado la mal llamada Ley contra el odio, que es incompatible con los derechos y libertades consagrados en la Constitución, y que ha servido de pretexto para dar una bofetada más a la libertad de expresión y al pluralismo democrático. Pero no era necesario tanto cinismo. ¿Era preciso que, quienes han exacerbado el odio y la división en este país, aprobaran esa ley para perseguir incluso el pensamiento? ¿Era necesario aprobar una ley para hacer lo mismo que, en contra de la Constitución y sin ninguna base legal, se está haciendo desde hace años? ¿Hacía falta más control político que el que el régimen ya tiene sobre la población? ¿Era indispensable dejar al descubierto toda la incoherencia, la ignorancia y la pobreza mental de los redactores de esa ley?
En la historia moderna, este será uno de los regímenes que cuente con más recursos para ser temido por los ciudadanos. Pero, cuando se abusa tanto del poder es, probablemente, porque quienes lo detentan también comienzan a tener miedo de quienes están incluso en su entorno más cercano. Es el mismo miedo de Ceacescu, de Somoza, de Gadafi, de Noriega o de Saddam Hussein, al enfrentar la ira de quienes antes eran sus súbditos.  

EL MERENGUE Y TRUJILLO

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CUENTO SOBRE LA DICTADURA DE TRUJILLO

COMUNICACION Y PRENSA EN LA DICTADURA DE TRUJILLO

POESIA EN LA DICTADURA