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PARAQUENOSEREPITALAHISTORIA .Para los interesados en el tema y los olvidadizos de sus hechos, aquí están para consultar múltiples artículos escritos por diversas personalidades internacionales y del país. El monopólico poder de este tirano con la supresión de las libertades fundamentales, su terrorismo de Estado basado en muertes ,desapariciones, torturas y la restricción del derecho a disentir de las personas , son razones suficientes y valederas PARA QUE NO SE REPITA SU HISTORIA . HISTORY CAN NOT BE REPEATED VERSION EN INGLES

domingo, 19 de noviembre de 2017

Mugabe, el tirano que quiso ser eterno

Mugabe, el tirano que quiso ser eterno

Robert Mugabe no se tomó a bien la pregunta. El año pasado, durante una entrevista en la televisión estatal, el presentador se salió del guión y le preguntó por su jubilación y sus posibles sucesores. El político nonagenario miró con frialdad al periodista y espetó: “¿Quieres que te derribe de un puñetazo para que puedas darte cuenta de que aún estoy aquí?”
En el 2008, justo después de perder la primera vuelta de las elecciones y ver peligrar su reinado, Mugabe soltó otra frase para la historia: “Sólo Dios podrá echarme”. Pocos días después desató una brutal violencia con decenas de asesinados, su rival se retiró y conservó el poder.
Ayer miles de personas se congregaron en la capital, Harare, y otras ciudades del país para pedir la renuncia de Mugabe, de 93 años. Los manifestantes, que llevaban carteles con mensajes impensables hace dos semanas como “Basta ya, Mugabe debe irse” o “Libertad para Zimbabue”, se congregaron en las calles y vitorearon a los militares, que el miércoles dieron un golpe para destituirlo y evitar así los intentos de su esposa Grace de sucederle. Aunque las negociaciones continuaban ayer para ver cómo y cuándo Mugabe cede el poder no será Dios quien le destituya: el veterano líder ha perdido el apoyo de sus compañeros de partido, de los militares y ahora también de las calles.
La era Mugabe toca a su fin
La era Mugabe toca a su fin. Hay dos palabras que repiten quienes han conocido al camarada Bob para definirle: testarudo e inteligente. Habría que añadir otra: racista, de blancos y negros. Nacido en 1924 en Kutama, en el norte de la entonces Rodesia del Sur, Mugabe vivió de cerca la injusticia blanca de los colonos británicos.
Hijo de un carpintero y una profesora, su carácter rebelde se moldeó cuando, de niño, vio como las leyes racistas oprimían a sus compatriotas negros y les limitaban el acceso a la justicia o la educación. Él tuvo más suerte. Católico devoto, recibió una buena educación en una misión jesuita y continuó su formación en la Universidad de Fort Hare, en Sudáfrica, donde también estudiaron Nelson Mandela y Desmond Tutu.
Robert Mugabe es un hombre culto. Durante su vida ha acumulado hasta 11 títulos universitarios, varios de ellos conseguidos durante la década que estuvo en prisión y ha dado prioridad a la educación. Zimbabue tiene uno de los mejores sistemas educativos del continente con un 90% de alfabetización.
También ha sido siempre un batallador. Con los aires de la independencia y la libertad recorriendo África, Mugabe se rebeló ante el yugo colonial en su país, donde en los años 60 se reprimía duramente las manifestaciones, fundó el partido político Zanu, cuyas siglas le acompañan hasta hoy, y luchó desde la clandestinidad en primera línea. En la trinchera, junto al camarada Bob, estaban sus hombres de confianza como el Cocodrilo, como llamaban a Emmerson Mnangagwa, quien fue su mano derecha y probablemente le sustituirá en el poder. La guerra acabó en independencia del Reino Unido, declarada en 1980 y el ascenso al poder de Mugabe. De aquellos tiempos emana su aura de héroe de la liberación y padre de la nación.
Años antes de la independencia, Mugabe concedió una entrevista a la BBC, donde expuso sus intenciones con un discurso impecable. “Me gustaría establecer una sociedad basada en los principios de igualdad de razas, no como en el actual sistema donde la tierra está repartida por cuestiones de raza, la economía está dividida según las razas y la sociedad está agrupada según su raza. Me gustaría ver todo eso desaparecer”. No cumplió para nada. Con el país recién nacido, Mugabe, de tribu shona, recurrió a la violencia de estado para consolidar su poder. Ante la disidencia en el sur, especialmente entre los ndebeles, mandó a soldados de Corea del Norte para hacer el trabajo
sucio. Entre 10.000 y 20.000 personas fueron asesinadas, la mayoría civiles, y el abuso y también la tortura se convirtieron en la norma durante años.
También se la hizo pagar a los blancos zimbabuenses. Ante la indiscutible injusticia de la distribución de tierras —los blancos representaban el 1% de la población y eran dueños del 70% de la tierra cultivable—, Mugabe inició un plan de nacionalización radical, que llevó al asesinato de una docena de granjeros blancos y la huida de cientos más.
Las tierras confiscadas fueron repartidas entre las élites, sin experiencia en el cultivo masivo, y la producción de alimentos se desplomó. Zimbabue pasó de ser el granero de África a tener que importar para comer.
Ante la corrupción, el hundimiento de la economía, el desempleo o la ausencia de libertades, el gobierno siempre ha sacado a pasear dos fantasmas: el capitalismo y el colonialismo, a quien Mugabe echaba la culpa de todo. En una ocasión, Desmond Tutu se refirió a él con una definición simple y ajustada: “Mugabe es una caricatura del dictador 

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