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PARAQUENOSEREPITALAHISTORIA .Para los interesados en el tema y los olvidadizos de sus hechos, aquí están para consultar múltiples artículos escritos por diversas personalidades internacionales y del país. El monopólico poder de este tirano con la supresión de las libertades fundamentales, su terrorismo de Estado basado en muertes ,desapariciones, torturas y la restricción del derecho a disentir de las personas , son razones suficientes y valederas PARA QUE NO SE REPITA SU HISTORIA . HISTORY CAN NOT BE REPEATED VERSION EN INGLES

jueves, 20 de noviembre de 2014

Las dictaduras y nosotros


Las dictaduras no son errores de la historia, sino la respuesta de una región insegura, en constante crisis y con excesiva confianza en los políticos: Son períodos esperando suceder

El libro (PanAm Post)
El dictador y yo, a mi forma de ver, la magnum opus de Carlos Samayoa Chinchilla. (PanAm Post)
EnglishCuando los integrantes de una sociedad analizan en retrospectiva a sus dictadores, tienden a caer en la idea de verlos como un error histórico, un bache en su continuidad democrática o un evento externo que se logró colar por medio de una serie de avances políticos y sociales.
Particularmente en América Latina, tendemos a sobrevalorar procesos de paz y de democratización que, si bien han demostrado progresos, siguen siendo jóvenes y distan mucho de estar consolidados. Por eso, al hablar de dictaduras, autoritarismos y represión, nos preguntamos qué nos pasó, como si lo sucedido fuera algo tan inexplicable.
El caudillismo en nuestra región se estudia desde una perspectiva mística —como se estudia a un fenómeno sobrenatural—, al postular detrás de cada caso de dictadura elaboradas explicaciones estructurales. Se nos olvida —generalmente— encontrar la cotidianidad en el autoritarismo, esos aspectos que nos vuelven propensos y abiertos a permitir concentraciones de poder, y nos llevan a ser excesivamente indulgentes con la retórica populista, sin importar desde el lado que se la analice.
Hace unos años, en una librería de la Ciudad de Guatemala, me crucé con un libro que cambió algunos de mis pensamientos sobre estos mal llamados errores de la historia. Escondido en un estante de literatura histórica se encontraba una colorida —quizá hasta de mal gusto— edición de la vivencial novela El Dictador y yo de Carlos Samayoa Chinchilla, renombrado escritor de Guatemala y secretario personal del dictador Jorge Ubico Castañeda, quien gobernó Guatemala con severidad entre 1931 y 1944.
La novela de Samayoa Chinchilla es distinta de todas las novelas de dictadores que dan vida al precioso movimiento de realismo mágico latinoamericano, donde se entrelazan momentos políticos con habilidades sobrenaturales de quienes han gobernado el continente. En El Dictador y yo hay un elemento del día a día del caudillo, que funciona como guía para entenderlo, pero también como un espejo. Una especie de introspección latinoamericana.
En este relato no se muestra el ejercicio del poder como un elemento pomposo y excéntrico, sino como la suma de temores e inseguridades de un hombre cotidiano a quien la vida lo transportó a la cima de la toma de decisiones, lugar al que llega coronado de megalomanía y paranoia.
De esta paranoia se reviste toda una sociedad en crisis, lo cual nos lleva a pensar que cualquiera pudo o podría ser un Ubico, un Afredo Stroessner o un más reciente Hugo Chávez, tan distintos y a la vez tan similares. Como dice tajantemente Samayoa Chinchilla, seres que gobiernan “con camisa de fuerza para toda aspiración que no fuera la suya”.
Quizá la lección más importante de esta maravillosa novela es que no hay batallas ganadas y seríamos ingenuos en dar por sentado un sistema de libertades donde reine la paz y la cooperación. Con las complicaciones diarias de un continente herido, y la necesidad de respuestas inmediatas, no debe sorprendernos que exista más confianza en personajes carismáticos y paternalistas que en un entramado de instituciones sin cara.
Sin una vigilancia constante, una prensa libre y un respeto sin excusas a los derechos individuales, cada país es, potencialmente, una dictadura esperando suceder.
En El Dictador y yo aprendemos a ver al autoritarismo como el resultado de los incentivos usuales del sector público, llevados al límite por la falta de vigilancia ciudadana: la repartición del pastel (económico y político) entre el círculo cercano al gobernante, el temor a la traición y la violencia para reprimir la disidencia.
Finalmente, es importante entender que los Ubico, los Stroessner y los Chávez no llegan por arte de magia, sino cuando se duerme el ciudadano y se activa ese chip de dictadura que, muy dentro de la piel, todos los latinoamericanos llevamos en nuestra lucha por la supervivencia.
Editado por Elisa Vásquez

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